Opinión > EDITORIAL

No ser Acapulco

Un nuevo episodio de violencia narco en Maldonado debe ser tomado muy en serio

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05 de octubre de 2019 a las 05:04

En la madrugada del jueves en la esquina de la calle Salt Lake casi Roosevelt, ocupantes de dos vehículos y una moto cruzaron unos cuarenta disparos entre sí. El hecho se registró prácticamente en la puerta de la Torre Antares, donde residiría, en forma transitoria, un narcotraficante conocido como Tommy. Se investiga si un joven de 17 años, que llegó herido de bala al Hospital de Maldonado poco después, intervino en este tiroteo.

La policía maneja que se trató de una emboscada contra Tommy por parte de una banda narco adversaria. En el lugar se encontraron varias vainas de 9mm y por la calle paralela a la avenida dos cargadores para 9mm. Varias incrustaciones de ráfagas de bala quedaron a la vista en los autos estacionados. Un vehículo robado en Montevideo apareció incendiado a las pocas cuadras del lugar donde ocurrió el tiroteo que por milagro no mató a nadie que se sepa.

Los vecinos de Maldonado y de San Carlos vienen denunciando el miedo que sienten ante la escalada de violencia narco en el departamento. Al principio fue en los barrios bajos, ahora en cualquier lado. En voz baja se habla de presencia de colombianos y brasileños operando sobre el territorio asociándose con pequeñas bandas locales.

Son demasiadas alarmas sonando al mismo tiempo como para no actuar.

Acapulco es un balneario costero en el estado de Guerrero en México que antaño fue conocido por su activa oferta turística y cultural: Elvis Presley, The Beatles, Marilyn Monroe, Julio Iglesias y otros artistas de renombre mundial conocieron sus playas y disfrutaron de su hospitalidad y belleza.

Hoy es una ciudad copada por el crimen organizado. Bandas de narcotraficantes se disputan el territorio, la policía está desbordada y muchas veces es cómplice de las violentas bandas ilegales que asolan la ciudad a fuerza extorsiones, balas, secuestros y asesinatos.

Hace mucho tiempo que Acapulco dejó de ser un polo de atracción turística mundial. Es una de las ciudades más violentas de un violento México. En 2018 la ciudad registraba un promedio de dos asesinatos por día y en las noches existen zonas de virtual toque de queda ante la peligrosidad de quedar en el medio de una balacera.

El narcotráfico solo trae destrucción. Es un cáncer virulento que se come a las instituciones, corrompe todo a su paso y pulveriza la convivencia social. Acapulco –que hasta canción tiene– es la demostración de que todo se puede ir de cauce y que una vez que se desbordó la violencia, la marcha atrás es casi imposible.

Demora demasiado tiempo construir una marca tan potente como Punta del Este como para que la violencia ligada al narco destruya todo ante la inacción de las autoridades competentes. Nuestro principal balneario y la costa hasta José Ignacio es un tesoro que los uruguayos no siempre valoramos como sí lo hacen los extranjeros. La seguridad que buscan los turistas es casi tan importante como las playas y el mar atlántico. Un bien preciado que nos diferencia en una América Latina cada vez más insegura y violenta.

Atacar con todos los frentes la violencia narco y la inseguridad consecuente debería ser prioridad del gobierno nacional. Es un problema grave y urgente que debería estar en el tope de la agenda política. En enfrentarlo y erradicarlo le va la vida a Punta del Este.

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