En la época cuando todavía tenía vacaciones, en una playa de Canelones escuché el programa anual de CX 32 Radiomundo dedicado a las mejores canciones de 1979 conducido por Pablo Lecueder. No recuerdo cuál fue el criterio empleado para hacer la selección ni cuántos especialistas en música habían participado en la confección de la larga lista. Si no me equivoco, y creo que no, la canción elegida como la mejor del año fue Babe, del grupo Styx, la cual había llegado al primer lugar en ventas en Estados Unidos, además de haber tenido popularidad mundial. Y cuando digo mundial, incluyo a todos los continentes, pues también en Sudáfrica llegó al número uno. Fue una de las canciones más vendidas en Canadá y Filipinas ese año. Tiempos aquellos de la vida uruguaya en que la única forma de saber lo que pasaba en música pop y rock en otras partes era casi en exclusividad a través de la programación de Radio Independencia, Radiomundo y Radio Panamericana, las cuales estaban a la derecha del dial, por lo que uno podía pasar de una a otra en menos de lo que canta un gallo, esto es, en menos de lo que dura una corta canción pop. Babe es una de las mejores baladas melódicas de la década de 1970 y ayudó a posicionar al grupo de Chicago entre los de mayor popularidad en la primera mitad de la década siguiente, cuando podían llenar estadios. Babe nunca ha perdido vigencia, tal vez por aquello de que la música de las décadas de 1960, 1970 y 1980 fue creada no solo pensando en el éxito comercial, sino también en la posteridad.
Babe es una canción de amor, escrita por el entonces cantante de Styx, Dennis DeYoung, católico devoto, para su esposa, Suzanne Feusi. La música, cuando es buena, sirve para fines románticos y puede ser sumamente efectiva: la pareja lleva 48 años de casada y la mujer aún acompaña a su esposo, ahora cantante solista, a sus conciertos. En 1979 salieron a la venta canciones que siguen siendo clásicas. Por ejemplo: Heart of Glass, de Blondie, The Logical Song, de Supertramp, My Life, de Billy Joel, The Devil Went Down to Georgia, de The Charlie Daniels Band, We’ve Got Tonite, de Bob Seger, Another Brick in the Wall, de Pink Floyd, London Calling, de The Clash, Brass in Pocket, de Pretenders, I Was Made for Lovin’ You, de Kiss, Crazy Little Thing Called Love, de Queen, Don’t Bring Me Down, de Electric Light Orchestra, Off the Wall, de Michael Jackson, I Don’t Like Mondays, de The Boomtown Rats, One Step Beyond, de Madness, All My Love, de Led Zeppelin, Video Killed the Radio Star, de Buggles, y paro, pues la lista de destacadas podría ocupar el resto de la página. Entonces, ¿es Babe la mejor canción de 1979? Mmmm… A decir verdad, no sé si ejerciendo cierta cuota de rigor daría para incluirla siquiera entre las 10 mejores de 1979. Sin entrar en minucias, las antes mencionadas presentan más innovación y tuvieron mayor influencia en la música posterior.
Sin duda, Babe es una muy buena balada melódica, ideal para bailar en la Noche de la Nostalgia, creada por el propio Lecueder un año antes. Para mediados de la década de 1980 en Uruguay, Babe pasó de ser “la mejor canción de 1979”, a convertirse en tema insustituible del repertorio de la velada musical del 24 de agosto, encabezando casi siempre la sección de las llamadas “lentas”, denominación que siempre me ha parecido incomprensible, pues no hay una categoría antónima de canciones “rápidas”. De haberla, representaría un problema para los veteranos nostálgicos. Nadie que vaya a bailar en plan de recordar quiere que la música sea veloz. Precisamente, ahí radica parte de la popularidad que tienen las lentas, esto es, las baladas románticas: permiten –o esa percepción crean– que el tiempo se vaya menos veloz, tal cual se va en la vida real.
Ahora bien, con todos los antecedentes que lo convertían en algo así como el patriarca de las canciones lentas, Lecueder asume ahora el papel de renegado de la causa, tal como lo dio a entender en elobservador.com el pasado 24 de agosto. Ante la pregunta de la periodista, “¿Qué pasó con los lentos? ¿Ya no se bailan más?”, respondió: “Para mí el tema de la música lenta tenía que ver con cómo se salía, que era en pareja. El varón invitaba y el varón pagaba, era totalmente machista. Si vieras todas las cosas machistas que había en ese momento, a más de un boliche lo prenderían fuego hoy”. Ay, caray, recién ahora vengo a darme cuenta de que yo hacía las de machista cada vez que invitaba a bailar temas lentos a las chicas, las cuales casi siempre, con demoledora rapidez, respondían negativamente. De haberlo sabido, hubiera ido con mayor frecuencia a los bailes del Sudamérica, donde había más cumbias que lentas, ergo, menos machismo.
Los intentos por ejercer correctamente la corrección política suelen ser irrisorios
Convertido en una especie de embajador montevideano del movimiento #MeToo Movement, Lecueder ha de suponer que en nuestra agitada época proliferan los descendientes de Nerón, pues afirma que, por el simple hecho de tocar lentas, “a más de un boliche lo prenderían fuego hoy”. Las lentas, pues, son cómplices del machismo y propician la piromanía. Conviene al respecto traer a colación un par de cosas válidas a la hora de argumentar: 1) Las canciones lentas no pasaron de moda y, por el contrario, son unos cuantos los compositores que se han forrado escribiéndolas y cantándolas, entre otros dos de los artistas más exitosos de los tiempos actuales, Ed Sheeran y Jason Mraz, quienes serán populares en la Noche de la Nostalgia del año 2038, cuando los memoriosos dirán en la pista de baile bailando pegaditos (porque para entonces las baladas románticas se habrán puesto otra vez de moda en dicha noche): “¡Qué buenos tiempos eran aquellos cuando Trump era presidente! ¡Cómo se extrañan los tiempos cuando todavía había peces y mariscos en los océanos!”. 2) En Estados Unidos, país donde nació la música que cambió las formas de bailar en la época moderna, las discotecas en las que tocan canciones lentas siguen teniendo extraordinaria popularidad y ahí los hombres invitan a las mujeres a bailar música “country/western two-step”, la cual se baila con los cuerpos muy cerca uno del otro, como si los bailarines estuvieran en Uruguay en otros tiempos. Además, estoy seguro de que las damas estarían felices de que “el varón” las invitara con una copa, pues no solo de baile vive el hombre (y la mujer).
Los intentos por ejercer correctamente la corrección política suelen ser irrisorios. El citado comentario de Pablo Lecueder mezcla el agua con el aceite, y la combinación no sirve; ni para tomar, ni para freír un huevo frito. El machismo es un problema universal, no hay duda, pero no se va a resolver dejando de invitar a una mujer a tomar una copa y de bailar baladas melódicas, como la intemporal Babe. El colmo sería que también ahora el romanticismo fuera responsable de los males que aquejan al mundo.