27 de marzo de 2026 5:00 hs

Un informe del Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social (Ceres) advierte sobre el avance de la acidez en los suelos agrícolas y analiza cómo el uso de cal puede mejorar la productividad y generar un fuerte impacto en el PBI.

  • Un problema que avanza en silencio

La acidez del suelo se ha convertido en un problema creciente para la producción agrícola en Uruguay. Según el estudio “El potencial del encalado en la agricultura uruguaya”, presentado por Ceres en la Expoactiva Nacional 2026, alrededor de una de cada cuatro hectáreas agrícolas ya presenta niveles de pH que comprometen la productividad, mientras que otro porcentaje similar avanza hacia esa situación en el mediano plazo.

El pH es un indicador central de la salud del suelo, ya que regula la disponibilidad de nutrientes para las plantas. Cuando desciende por debajo de ciertos niveles, se generan condiciones adversas: aumentan elementos tóxicos como el aluminio, disminuye la actividad biológica y se reduce la capacidad de los cultivos para absorber nutrientes esenciales.

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Se trata de un proceso natural, pero que en las últimas décadas se aceleró por la intensificación productiva. La extracción continua de nutrientes y el uso de fertilizantes, sin una reposición suficiente de bases como calcio o magnesio, contribuyen a una degradación progresiva del suelo uruguayo.

  • El encalado como herramienta

Frente a este escenario, el encalado surge como una de las principales herramientas para corregir la acidez. La práctica consiste en aplicar materiales como carbonato de calcio o dolomita para elevar el pH del suelo y mejorar sus condiciones químicas.

Su efecto es directo: al reducir la acidez, mejora la disponibilidad de nutrientes, disminuye la toxicidad del aluminio y favorece el desarrollo de las raíces. Esto permite a las plantas crecer en un ambiente más favorable y aprovechar mejor los insumos aplicados. Más que generar un salto productivo por sí mismo, el encalado permite recuperar rendimiento que se pierde en suelos degradados; evita que la productividad siga cayendo.

Además, permite una mayor eficiencia en el uso de fertilizantes. Con mejores condiciones químicas, las plantas aprovechan mejor los nutrientes, lo que reduce la necesidad de aplicaciones. Según el informe, el uso de potasio puede bajar un 91% y el de fósforo un 20% en un ciclo de cuatro años, lo que representa un ahorro de unos US$ 75 por hectárea al año. Este ahorro es vital considerando que Uruguay posee recursos naturales propios y capacidad industrial instalada para abastecer esta demanda internamente, reduciendo la dependencia de insumos importados.

  • Qué muestran los datos en Uruguay

El análisis se basa en los resultados de la Fase I del Proyecto Encalado, un experimento realizado por la Asociación Agropecuaria de Dolores con el asesoramiento técnico de Unicampo Uruguay, donde se encaló en ocho sitios del litoral con distintas características productivas.

Los resultados muestran que en el 50% de las parcelas se registraron aumentos de rendimiento. En el caso de la soja, el incremento promedio fue de 24% y llegó hasta 30% en los suelos más ácidos. También se verificaron mejoras en la calidad del suelo: el pH aumentó, se redujo la presencia de aluminio tóxico y se incrementó la disponibilidad de nutrientes clave.

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  • Por qué no se usa más

A pesar de sus beneficios, el encalado tiene una adopción marginal en Uruguay. El principal obstáculo es económico. El costo inicial —que incluye la compra de cal, el transporte y la aplicación— es elevado (unos US$ 646 por hectárea). Según el informe, sin incentivos fiscales la inversión apenas se recupera en el mismo período en que dura su efecto (cuatro años), lo que la vuelve poco atractiva para el productor individual.

También inciden los costos logísticos, ya que el flete representa casi la mitad del costo total. En términos reales, de los US$ 646 que cuesta la hectárea encalada, el flete y su IVA representan US$ 278, lo que evidencia que la logística cuesta prácticamente lo mismo que el producto en sí. A esto se suma la alta proporción de tierras arrendadas, que desalienta inversiones de largo plazo en el suelo, y la situación de los productores que tributan Imeba, quienes hoy no cuentan con instrumentos para recuperar parte de esta inversión.

  • El impacto más allá del campo

El estudio de Ceres plantea que una expansión del encalado a unas 500.000 hectáreas tendría efectos relevantes en la economía nacional:

  • Un aumento del 0,5% del Producto Interno Bruto (PIB).
  • La generación de más de 1.000 empleos directos.
  • Unos US$ 20 millones adicionales de recaudación anual.

Este impacto sería el resultado de las inversiones para incrementar la oferta nacional de cal, el mayor dinamismo en el transporte de carga y el crecimiento de los servicios asociados.

  • Qué se necesita para avanzar

Para que el encalado se adopte a gran escala, Ceres propone volver rentable la inversión a nivel individual mediante medidas concretas:

  • Inclusión en Comap: Incluir el total de la inversión en encalado como elegible para beneficios fiscales, dándole un tratamiento similar al que recibe el riego.
  • Incentivos al arrendamiento: Descontar de 1 a 2 puntos del IRPF que paga el dueño del campo por arrendar, atado a contratos de largo plazo que aseguren la mejora del suelo.
  • Reglas estables: Generar condiciones para que la producción nacional de cal pueda invertir en extracción y logística para abastecer la nueva demanda.

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