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8 de abril de 2018 22:20 hs

Peñarol no tenía necesidad de terminar recorriendo el partido ante Rampla Juniors de la forma en que lo hizo. Había jugado buen parte del encuentro como para mirar con tranquilidad el reloj, pero un giro en el juego, por las circunstancias que se plantearon, lo llevaron a ello. Con un fútbol por las bandas que había perdido eficacia, con esa producción avasallante del comienzo que había dejado paso a otra muy diluida en el final, más un error del árbitro que sancionó un penal a favor de Rampla que no existió, la salida de Fabricio Formiliano con una contractura –que no saltó al campo para el segundo tiempo– y el descanso para Cebolla Rodríguez a partir de los 57', llevaron a ese cierre impensado.

Entonces, aquello que se debía presentar como una situación para resolver sin apremios, tomó otro color. Llenó de incertidumbre el cierre, porque un error, el mínimo que pudiera tener una defensa que no brindaba la seguridad de otros momentos, la exponía a sufrir ese gol que le restaba dos puntos y quedaba fuera del radio de posibilidades de alcanzar a Nacional en el liderazgo.

De las fortalezas...


Este Peñarol sabe que frente a determinado rivales existe una diferencia futbolística que ante el mínimo intento de apretar el acelerador en su juego, le lleva a distanciarse en el marcador y en la propuesta. A los 16', los aurinegros ganaban 2-0, y allí había quedado establecida esa ley que saben imponer los grandes.

Porque los dirigidos por Leonardo Ramos saben cómo hacerlo bien. Con Estoyanoff y Canobbio por las bandas, tiene un combo de velocidad y juego, que es difícil desarticular. Y cuando a eso le agrega la claridad de un Cebolla que profundiza y no perdona, el entrenador de los aurinegros es capaz de amasar un poder futbolístico que intimida. Ya le permitió ganar el último Uruguayo y lo tiene en carrera para el Apertura.

...a las debilidades


Así como de mitad de cancha para adelante vuela, Peñarol está con problemas por las bandas, mirando la cancha al revés. En ese juego en el que habían mostrado rendimientos superlativos Guillermo Varela y Lucas Hernández en el inicio de la temporada, ahora el DT descube irregulares producciones que lo debilitan.

A los 24', Varela repitió una acción similar que tres días después de volver de la gira por China con la selección. Un pase fallido, terminó en gol del rival en aquella ocasión. Esta vez solo terminó en una tarjeta amarilla porque tras entregar mal, corrió a su rival y lo derribó de atrás. Fue una señal.

También Peñarol está teniendo problemas porque su juego y su buen rendimiento está atado a las figuras. El equipo continúa extrañando a Walter Gargano, aquel que marcaba los tiempos del mediocampo y establecía la dinámica en el juego. Guzmán Pereira intenta, pero no consigue alcanzar el mismo rendimiento. También extrañó en el segundo tiempo ante Rampla a Fabricio Formiliano (no salió en el complemento) y Cristian Rodríguez (reemplazado a los 57'). Los dos, el zaguero y el volante, fueron insistutibles.

También le faltó esa cuota de suerte que debe acompañar siempre, porque el penal que le cobran por una infracción al borde del área, terminó torciendo el partido y llevó a que Peñarol terminara desagotando agua en esa embarcación que se había quedado sin el motor (Cebolla) y que veía cómo Rampla, con Diego Martiñones –que se las ingeniaba para dañar cerca del área–, lo llevaba al borde de la preocupación al hincha que no conseguía disfrutar una noche en que los tres puntos no debían estar en discusión.

El triunfo 2-1 ante Rampla, a cuatro partidos del final del Apertura, le dio a Peñarol la tranquilidad de que sigue en carrera. Que está a dos puntos de los tricolores, que tiene a la vista el clásico y que una victoria en ese partido le brindará el liderazgo en el torneo. Sabe que todo está en sus manos, lo que no es menor incluso cuando aparezca debilitado y no pueda disimular la ausencia de sus figuras.

Peñarol sigue en carrera, con su versión económica, pero no le pierde pisada a Nacional. Y en un torneo tan irregular, donde el resultado en definitiva es lo único importante, los aurinegros se mantienen encendidos en un mano a mano con su rival de siempre.

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