Peñarol no tenía necesidad de terminar recorriendo el partido ante Rampla Juniors de la forma en que lo hizo. Había jugado buen parte del encuentro como para mirar con tranquilidad el reloj, pero un giro en el juego, por las circunstancias que se plantearon, lo llevaron a ello. Con un fútbol por las bandas que había perdido eficacia, con esa producción avasallante del comienzo que había dejado paso a otra muy diluida en el final, más un error del árbitro que sancionó un penal a favor de Rampla que no existió, la salida de Fabricio Formiliano con una contractura –que no saltó al campo para el segundo tiempo– y el descanso para Cebolla Rodríguez a partir de los 57', llevaron a ese cierre impensado.
Peñarol no tenía necesidad de terminar mirando el reloj
El aurinegro hizo difícil un partido fácil: sin Cebolla ni Formiliano se diluyó el juego y sufrió hasta el final