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Álvaro Ramos fue ministro de Ganadería entre 1990 y 1993

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Primera misión como corresponsal en Brasil: perseguir al ministro Ramos

#ElObservador30años Primera misión como corresponsal  en Brasil: perseguir al ministro Ramos. Escrito por Jorge Mederos, excorresponsal de El Observador en Brasilia

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24 de octubre de 2021 a las 05:00

Por Jorge Mederos

Treinta años atrás, mi carrera de corresponsal extranjero me había llevado a Brasil, procedente de Nueva York. Primero fui reportero en la ciudad de Río de Janeiro durante 18 meses y luego el jefe de la corresponsalía de la agencia estadounidense The Associated Press en Brasilia, en momentos de gran convulsión noticiosa en Brasil y, por ende, de mucho interés en el mundo por todo lo que sucedía allí.

Ya tenía experiencia en los temas brasileños cuando recibí la llamada en 1991 del “Negro” Félix Carreras, director periodístico y redactor responsable de una nueva publicación uruguaya, El Observador Económico, que estaba comenzando y necesitaba un corresponsal. Habíamos trabajado juntos años atrás, cuando fui corresponsal en Nueva York de publicaciones argentinas que él dirigía, interesadas en el seguimiento de la negociación de la deuda externa. Además, el asesor periodístico de la dirección era Eduardo Navia, quien fuera mi maestro y mentor en el informativo Telemundo de canal 12.

Acepté sin dudarlo y uno de los primeros temas que me asignaron fue cubrir la visita a Brasilia del entonces ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca, Álvaro Ramos, y sus entrevistas con las autoridades del gobierno para tratar de vender el superávit de la cosecha de trigo uruguayo. Para nuestro país era una misión muy importante, sin importar que el monto a colocar equivalía apenas al consumo de harina durante una semana de un barrio de San Pablo. Nos jugábamos la vida en esta operación, y El Observador Económico estuvo presente, siguiendo paso a paso las negociaciones.

Como corresponsal radial, mi trabajo era muy conocido en esos momentos gracias a los boletines diarios que hacía para Neber Araújo en el programa En vivo y en directo, de radio Sarandí, pero la contribución con El Observador le agregó una cuota de prestigio innegable, por su contenido y por la excelencia de los colegas que componían la redacción.

El presidente brasileño de la época era Fernando Collor de Mello, el mandatario más joven del país con 41 años y el primero en ser elegido directamente desde 1960. Sin embargo, Collor de Mello renunció a su mandato al ser sometido a juicio político por corrupción y se convirtió en una noticia de interés mundial, junto con el suicidio sospechoso de Paulo César Farías, su tesorero de campaña y la persona que se habría encargado de manejar el dinero de la extorsión a empresarios.

Además, vivíamos noticiosamente los comienzos del Mercosur y Brasil sufría los avatares de una economía en escombros, con una deuda externa descontrolada, hiperinflación y una reserva de mercado que prohibía la importación de 1.500 productos, desde automóviles a computadoras personales. “Brasil es el país del futuro, la sexta economía del mundo”, decían las revistas especializadas del momento. Nada de eso se concretó entonces y tampoco en los últimos 30 años; todo lo contrario.

Collor de Mello fue protagonista de otros hechos que merecieron destaque informativo mundial, como el fin de la producción de plutonio en una planta de San Pablo, para servir de combustible en un futuro submarino nuclear brasileño. Extraoficialmente se sabía, sin embargo, que lo que quería y buscaba Brasil desde sus años de gobierno militar era lograr una bomba nuclear en secreto. Estados Unidos recelaba estos planes y se los tomaba en serio, y por esa razón impedía ciertas transferencias tecnológicas al país, para evitar la eficacia de los aviones de combate y cohetes producidos por la industria aeronáutica brasileña, que podían caer en las manos de Irán, entre otros clientes.

Para terminar con las especulaciones sobre la bomba, Collor de Mello clausuró en 1990 un sitio secreto ubicado en una base de la fuerza aérea de acceso restringido en la sierra de Cachimbo, estado de Pará, donde irían a realizarse las explosiones nucleares subterráneas de prueba. El pozo de 320 metros de profundidad fue sellado simbólicamente por el presidente. Estuve presente en ese acto, y esa fue una de mis grandes coberturas.

Casi a diario la redacción de Montevideo me asignaba temas, o aceptaba mis propuestas. En esos tiempos no había muchas formas de ver en línea lo que se publicaba de mis despachos, se trabajaba un poco a ciegas, pero creo que en general pude cumplir con las expectativas de mis jefes y colegas de las diferentes secciones del diario.

La contribución no duró más de tres años, porque en 1994 fui tentado por radio Sarandí para regresar a Montevideo después de 12 años de trabajar en Estados Unidos y Brasil, y hacerme cargo de la coconducción de En vivo y en directo. Además, apenas llegado me ofrecieron producir y conducir el informativo Telenoche segunda edición, en canal 4, a lo que se sucedió la creación y dirección del informativo Buen día Uruguay (luego Telebuendía) en las mañanas, lo que me alejó durante varios años de la prensa escrita.

En 2001, sin embargo, nuestras sendas volvieron a cruzarse y fui contratado por El Observador para trabajar durante un año en La gran enciclopedia del Uruguay, junto a colegas entrañables, como Miguel Arregui y Lincoln Maiztegui. Esta experiencia increíble me permitió agregar el honroso título de “enciclopedista” al de periodista y corresponsal extranjero. 

Luego estuve en la dirección del informativo de TVEO (canal 5), un tremendo esfuerzo que fue reconocido y premiado, pero que se agotó por falta de recursos, y desde fines del 2002 he vuelto al trabajo de corresponsal extranjero en Chicago y Miami, Estados Unidos.

*Este artículo forma parte de la edición especial 30 años de El Observador.

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