Pasada la primera noche de ocupación del liceo número 1 de Rincón de la Bolsa, los profesores, que reclaman una solución ante la sobrepoblación, la falta de personal y la inseguridad, esperan una visita de algún alto mando del Consejo de Educación Secundaria (CES).
De acuerdo con lo que dijo el profesor Diego Martínez a El Observador, hubo contactos del Consejo que en primera instancia invitó a que los profesores se trasladaran a su sede. Estos se negaron y establecieron que el CES debía ir a las instalaciones del liceo. Además, pidieron que quien vaya a negociar sea una autoridad “como Juan Pedro Tinetto o Ema Zaffaroni”.
Consultado sobre cómo diferenciarán estas promesas de las que dicen haber recibido anteriormente, el profesor Martínez dijo que esperan terminar la negociación con algo escrito. Agregando que algunos puntos pueden ser solucionados rápidamente, como la contratación de personal que brinda “horas de apoyo” y la inseguridad con el Ministerio del Interior brindando un 222 permanente.
La superpoblación del liceo tendría que solucionarse en un plazo más largo. O al menos parcialmente, según dijo Martínez, ya que en una asamblea que se realizó en la noche de ayer, “la mayoría de las voces no estaban de acuerdo con los contenedores”. Lo que llevaría a construir más salones.
Según dijo Martínez, las experiencias que se conocen con contenedores no fueron buenas, porque no son parte del edificio, no es un salón de clases, son muy livianos y esto trae peligros, la acústica no es la adecuada y en el caso del liceo de Rincón de la Bolsa, el predio no tiene un lugar adecuado para colocarlos.
Ayer, en conversación con El Observador, el profesor de Matemática Fabián Claro dijo que en el turno vespertino se dictan clases para 15 grupos y son nueve los salones disponibles. Los seis grupos restantes utilizan laboratorios, la biblioteca o el propio pasillo.
Esto, además del problema en sí mismo, trae perjuicios colaterales como dolores de espalda en los alumnos por las posturas que adoptan en los salones informales, la insuficiencia de baños y el continuo roce entre estudiantes todos juntos en un espacio reducido, dijo el profesor Claro. Y agregó: “Como dicen por ahí, está muy bien dar clase hasta debajo de un árbol, pero provisorio”.
“Se vive una situación permanente de tensión, hay muchos alumnos incómodos en un lugar de un nivel socioeconómico medio y bajo; en una localidad en donde no hay lugares de dispersión, el liceo pasa ser el club y hay hechos de violencia”, estableció.