12 de mayo 2019 - 5:00hs

No es novedad para nadie que la economía uruguaya está estancada desde hace aproximadamente un año o tiene un crecimiento mínimo,  que equivale a estancamiento. Que tiene un déficit fiscal alto (4,5% del PIB) y con tendencia creciente, que ha superado con creces todas las estimaciones realizadas anualmente por el gobierno. Tanto que le ha pasado a la próxima administración el pesado fardo de llegar a un déficit del 2,5%. No olvidemos: 2,5% era la meta de este gobierno para el año 2019. Esta es la cifra que lo torna sustentable con el crecimiento de la deuda. Hoy estamos en trayectoria no sustentable y el próximo gobierno, sea del partido que sea, tendrá que tomar medidas en el asunto. Y ya pueden empezar a buscar sinónimos en el diccionario de “ajuste fiscal” porque eso es lo que habrá que hacer por propia voluntad o por la fuerza de los hechos. 

También sistemáticamente durante los últimos años la inflación ha estado fuera del rango meta que se fija el gobierno 
–entre 4% y 6%– pero a nadie se le mueve un pelo mientras no nos acerquemos a los dos dígitos. Pero la inflación actual, que ha oscilado en torno al eje del 8% en los últimos años, es demasiado alta. Solo Venezuela, Nicaragua y Argentina tienen inflación más alta que nosotros en América Latina. 

En los últimos años, el mercado de trabajo se ha deteriorado. Subió el desempleo del 6,6% en 2014 a 8,4% en febrero de 2019 y se perdieron aproximadamente unos 50.000 puestos de trabajo netos. Y ello con la economía en crecimiento. ¿Alguien puede explicar cómo crece la economía y cae el empleo? ¿Estamos en una “jobless growth economy” o hay una reticencia empresarial a invertir en capital humano por las consecuencias que ello puede traer en caso de necesidades de reducir la plantilla? 

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¿Alguien de un gobierno que gobernó tres periodos con mayorías parlamentarias y en la mayor bonanza internacional de los últimos 50 años puede explicar el estancamiento, el déficit fiscal, el desempleo, la inflación?
Es verdad que el riesgo país está en niveles bajos y que Uruguay mantiene grado inversor. Pero esos elementos son sumamente volátiles ante fenómenos externos (un tuit de Trump amenazando a China, una suba del dólar en Argentina) o internos.

Lo cierto es que si bien uno puede sacar pecho si se compara con Argentina o con Brasil, no se puede menos que bajar la cabeza cuando nos comparamos con Chile, Paraguay, Perú y Colombia. ¿Por qué estos países, también desacopladas de Argentina y Brasil, crecen a tasas del 4%? ¿Por qué tienen inflación menor del 4%? ¿Por qué tienen déficit fiscal de 1,2 como Paraguay o 1,1 como Chile?

¿Qué hicieron ellos que no hicimos nosotros para encarar estos años pos bonanza con cifras de crecimiento potables? Por lo pronto fueron prudentes fiscalmente, y ello les permite ahora tener políticas contra cíclicas. También hubo prudencia en el manejo monetario. Se abrieron al exterior. Flexibilizaron mercados laborales. Tienen un buen clima para las inversiones y no necesitan que venga una gran empresa del exterior a pedir, no ya las típicas exenciones fiscales, sino cambios en legislación laboral y mejoras en la infraestructura logística. Y si bien siguen teniendo problemas en la educación pública y en la seguridad, no están en situación tan delicada como nosotros en estos dos campos. O, dando vuelta la pregunta, ¿qué tienen las economías de estos países cercanos y similares en sus matrices productivas que no podamos tener nosotros?

Claramente Uruguay podría estar hoy creciendo como ellos, con baja inflación, con bajo déficit fiscal y bajo desempleo, en lugar del pantano en el que nos encontramos chapoteando. Y no tenemos justificación para estar aquí. No podemos conformarnos mirando al espejo de Argentina y Brasil que siempre nos devuelve una sonrisa. No tenemos derecho a estar como estamos. Hay que reformar la educación a fondo, mucho más a fondo de lo que promueven los precandidatos de izquierda porque hay que ir a las raíces de la deserción en Primaria y Secundaria. Hay que atacar la inseguridad, cuyo crecimiento es innegable según cifras oficiales. Pero hay que cambiar el manejo de la economía pasando a una actitud proactiva en lugar de que el río lleve a canoa, ora más rápido, ora más lento. Ello fue más fácil hacerlo con mayorías parlamentarias y con precios de materias primas excepcionales. El próximo gobierno seguramente tendrá que hacerlo sin mayorías y con mucha capacidad de negociación. Porque se hace difícil seguir aguantado esta mediocridad y esta falta de dinamismo. 

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