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27 de octubre 2022 - 16:00hs

Elaine Moore

El ciclo de bombo y platillo de los coches sin conductor se encuentra en una nueva y deprimente fase de descenso. La semana pasada, el jefe de Tesla, Elon Musk, admitió que el software de autoconducción total aún no estaba listo para utilizarse sin que alguien se sentara al volante. Mobileye, la unidad de conducción autónoma de Intel, redujo sus expectativas de valoración de US$50 mil millones a US$16 mil millones. Numerosos medios de comunicación han publicado artículos en los que se burlan del sector por sus fracasos tras miles de millones de dólares de inversión.

Lo curioso es que todo esto está ocurriendo justo cuando los robotaxis están llegando a las calles de San Francisco. Por aproximadamente US$10, puedes viajar en un coche sin conductor desde las famosas Painted Ladies (casas históricas) en Alamo Square hasta los bares de Nob Hill, observando desde el asiento trasero cómo el volante gira sólo para maniobrar el coche entre el tráfico.

El proyecto piloto fue lanzado por Cruise, una empresa de vehículos autónomos que es propiedad mayoritaria de General Motors. Al igual que Uber, tiene una aplicación con la que puedes llamar a un coche hacia donde te encuentres. Los precios también son similares, aunque es de suponer que los viajes serán más baratos si el negocio tiene éxito.

Es desconcertante ver cómo un coche sin conductor se acerca a ti y escuchar a una voz robótica que te dice que te pongas el cinturón de seguridad y disfrutes del viaje. Pero todos los viajes que he hecho han sido perfectamente fluidos. Los coches conducen con mucha precaución cuando detectan obstáculos, lo que resulta muy tranquilizador para los pasajeros nerviosos. Esto también podría ser la razón por la que ha habido reportes de coches atascados en las calles y bloqueando el tráfico. Tras un accidente con un vehículo que circulaba a gran velocidad, Cruise retiró su robotaxis y actualizó el software. Ahora tiene previsto ampliar el programa a Austin y Phoenix.

Tomar un coche sin conductor para ir de una parte a otra de la ciudad es como vivir en el futuro. A veces puede parecer que todo el dinero de la tecnología se está invirtiendo en la publicidad digital, las criptomonedas y las aplicaciones para consumidores. Si vives en San Francisco el tiempo suficiente, tu teléfono se llenará de aplicaciones para cualquier comodidad imaginable. Pero los vehículos autónomos, un sector ambicioso, difícil y que puede cambiar la vida, ofrecen un ejemplo más tangible de progreso tecnológico.

Ha sido una iniciativa escandalosamente cara, por supuesto. McKinsey calcula que el total invertido es de más de US$100 mil millones desde 2010. Tan sólo el año pasado, la financiación de las compañías de vehículos autónomos superó los US$12 mil millones, según CB Insights.

El desarrollo también ha sido mucho más lento de lo esperado. El sueño de los coches sin conductor existe desde hace casi tanto tiempo como el propio automóvil. La era moderna se remonta al proyecto de autoconducción de Google, ahora llamado Waymo, que comenzó en 2009. Cuando llegué a San Francisco en 2018 parecía que los coches sin conductor andarían seguramente por todas las calles en cuestión de meses. Uber afirmó que pronto prescindiría de los conductores humanos, mientras que Waymo y Lyft lanzaban planes de robotaxi en Phoenix y Las Vegas. Todo el mundo, desde SoftBank hasta Apple, estaba invirtiendo en vehículos autónomos.

Sin embargo, desde entonces la suerte del sector ha decaído. Ese mismo año, un coche sin conductor de Uber mató a una mujer que cruzaba la calle en Arizona. Las pruebas se detuvieron y el optimismo se desvaneció. Dos años después, Uber le vendió su unidad de coches sin conductor a la empresa "startup" local Aurora.

El desafío sigue siendo considerable. Los coches sin conductor no sólo tienen que controlar la parte mecánica del vehículo, sino que tienen que entender el mundo que los rodea y tomar decisiones rápidas cuando las circunstancias cambian. Y todavía no hay consenso sobre cómo deberían funcionar. Cruise mapea las calles por las que circula mezclando los datos de las calles recogidos tanto por cámaras como por el LiDAR, un sistema de sensores basados en láser. Tesla ha calificado el LiDAR de "muleta".

Si fuera posible construir la infraestructura para los coches sin conductor desde cero, las cosas serían más sencillas. Las calles están abarrotadas y son caóticas. Están llenas de conductores y peatones diferentes que toman decisiones irracionales. Los coches no deben limitarse a ver el obstáculo que tienen delante, sino saber si está a punto de moverse y, si es así, en qué dirección.

La prueba del robotaxi de Cruise es bastante conservadora. Los coches sólo pueden circular entre las 10:00 p.m. y las 5:30 a.m. Si quiero mostrarles a los visitantes las maravillas de los vehículos autónomos, tengo que esperar a que sea de noche y asegurarme de que estoy en la parte correcta de la ciudad.

Aun así, el dinero sigue fluyendo. O bien los coches sin conductor son un ejemplo de la falacia del costo irrecuperable, o bien su lento comienzo no se considera un obstáculo para su eventual adopción. Uber ha firmado un acuerdo con Motional, la empresa "startup" que trabaja con Lyft para ofrecer viajes en vehículos autónomos en Las Vegas. La filial de software automotriz de Volkswagen, Cariad, está invirtiendo US$2 mil millones en una asociación con el fabricante de chips chino Horizon Robotics. Waymo tiene previsto ampliar su servicio de robotaxis a Los Ángeles y Cruise espera obtener la aprobación reglamentaria para los robotaxis sin pedales ni volante.

Ha sido un camino lento y caro. Todavía pueden pasar años antes de que los coches se generalicen. Pero para muchas de las mayores compañías del mundo, los vehículos sin conductor siguen siendo inevitables.

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