22 de junio de 2014 20:14 hs

Formarse de cara a la bandera. Mirar a su alrededor y ver al compañero emocionado. Observar la forma en que los hinchas se predisponen a cantar. Recuerdos, historias, la familia, los amigos, la esquina del barrio. El himno en el mundial. Un momento único y sin comparación a nada que viven los jugadores previo a comenzar la batalla futbolera.

Al margen de que esto es fútbol y no patria, muchas son las formas de sentirlo, de vivirlo, de cantarlo. Cómo no recordar a Diego Forlán tocándole la cabeza al Palito Pereira, en la semifinal de la Copa América de 2011, cuando se le caían las lágrimas de los ojos luego de cantar el himno. Fue un momento sublime.

O cuando el Zurdo Bessio lo cantó a capella en Santa Fe contra Argentina en cuartos de ese torneo.


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No hay momento más tocante para un futbolista de Uruguay que cantar el himno de la patria en un gran evento. Empujados por la gente. Pensando en todo lo que tuvieron que vivir para llegar a estar parados en el teatro de los sueños que es un mundial.

Por eso el himno es una forma de descargar tensiones y motivarse. Hay jugadores que no lo cantan, lo gritan.

Ese momento inmortal donde los uruguayos se preparan para gritar y repetir bien fuerte el “sabremos cumplir”, lleva a cada jugador a vivirlo a su manera.

En el debut ante Costa Rica el Mota Gargano cerró los ojos, Arévalo Ríos miró con gesto recio, Cáceres cantó, Lugano infló el pecho y dejó deslizar una breve sonrisa como diciendo acá estamos, Forlán miró y cantó con cara seria, Maxi Pereira tenía el rostro enojado mientras el Cebolla traslucía la picardía de siempre.

No caben dudas de que las estrofas finales llegan a lo más profundo del alma de los jugadores que enseguida rompen filas y se arengan entre ellos mientras la gente explota en las tribunas.

Cambio de cultura
De un tiempo a esta parte han cambiado las costumbres del pueblo futbolero uruguayo.

Este grupo seleccionado tuvo mucho que ver con ello. Marcaron el camino cantando el himno con respeto. Y para un oriental no hay nada más que lo llene de orgullo que los jugadores pongan en énfasis a la hora de cantar. Antes la mayor parte de las tribunas permanecían en silencio, hoy se toma poco menos que como una obligación cantarlo.

El inicio del himno uruguayo es motivador: “Orientales la patria o la tumba, libertad o con gloria morir”. Pero su final es una entonación que levanta a los jugadores.

Así como el Palito Pereira se llegó a emocionar, José María Giménez contó a El Observador el sentimiento que le provocó: “Con la selección mayor me pasó de vivirlo distinto que cuando jugué en las selecciones juveniles. Me llegué a emocionar mucho y hay fotos donde salí con un par de lágrimas en los ojos. Es difícil explicar con palabras lo que uno siente, pero se te pasan un montón de cosas por la cabeza en ese momento”.

Los himnos más motivadores
Desde que comenzó el mundial se entonan previo a todos los partidos los himnos. Estadios completos corean y cantan a pleno pulmón. Es un elemento que recarga de energía a los protagonistas para defender a la blusa de su país.

Los argentinos trasladan su pasión tribunera cuando arranca la canción de su patria con un coro futbolero increíble. El cierre de su himno carga de vitalidad a sus jugadores: “¡Oh juremos con gloria morir!”. Hasta lo utilizan en las propagandas que se pueden ver en el cable.

La Marsellesa de Francia es conocida como el himno de los himnos. Tiene un tono guerrero: “¡A las armas ciudadanos! Formad vuestros batallones. Marchemos, que una sangre impura empape nuestros surcos!”.

En Francia hubo polémicas en torno al tema sagrado. Karim Benzema, de origen argelino, fue duramente cuestionado una vez por no cantar La Marsellesa. Lo mismo ocurrió con Frank Ribery.

Del mundial de 2010 quedó aquella imagen del jugador norcoreano Jong Tae-Se que lloraba a lágrima limpia mientras se entonaba su himno.

El God save the Queen de Inglaterra es imponente cuando lo cantan desde las tribunas. En la Eurocopa de 1996 en Wembley la imagen televisiva captó el momento en que Alan Shearer terminó a alarido limpio para luego hacerle la reverencia a la reina.

El conmovedor himno tano
Otro himno que llega y que remueve el corazón de los jugadores es el italiano, el próximo rival de Uruguay en el Mundial. La canción nacional de Italia se inicia diciendo: “Hermanos de Italia, Italia despierta... ¿Dónde está la victoria? Ofrezca la cabellera”.

Y el final es para salir a comerse la cancha: “Reunámonos en las legiones. Estamos dispuestos a morir. ¡Italia llamó!”.

La nueva onda
La nueva modalidad que se está implementando en el mundo del fútbol es cantar el himno a capella. Ya se entonó en plena Copa América en Argentina por parte del Zurdo Bessio.

El mismo cantante había regalado antes (repechaje de 2010 ante Costa Rica) una versión murguera en el Centenario que fue castigada por algunos y vista con buenos ojos por otra parte de los orientales.

Pero el tema fue cuando los brasileños encontrar la forma de motivar a sus jugadores para derribar viejos mitos en la semifinal de la Copa Confederaciones contra Uruguay.

En pleno himno la banda dejó de tocar y todo el estadio siguió el ritmo mientras los jugadores poco menos que pegaban alaridos. Lo mismo realizaron en la final contra España y dicen que fue un factor fundamental para ganar el juego.

El himno. Ese instante sublime. Un momento único e irrepetible. Un instante para motivarse por última vez evocando la patria: “¡Sabremos cumplir!, ¡Sabremos cumplir!”.

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