Por Amandine Ambregni, AFP
Numerosos constructores japoneses, apodados "nuevos constructores nacionales" por ciertos comentaristas del sector, defienden su integración subrayando que producen y dan empleo en Estados Unidos.
Ante ellos, los fabricantes norteamericanos GM, Ford y Chrysler --esta último filial del grupo alemán DaimlerChrysler-- ostentan también su "made in America", difundiendo anuncios en los que recuerdan que forman parte de la historia del país.
Del lado estadounidense, la respuesta está lista. Confortada por haber conquistado los trofeos de "automóvil del año" y "camión del año" en Estados Unidos, GM presentó numerosos modelos con diseño renovado y puso el acento sobre un vehículo innovador.
Rebecca Lindland, de Global Insight, reconoce que el producto es "atrayente", pero afirma que la empresa no se propone producirlo en serie antes de entre tres y cinco años.
Ford presentó, en sociedad con Microsoft, un vehículo con reconocimiento de voz, pero también automóviles modificados en lo que se refiere a diseño y consumo, así como una gama híbrida (gasolina/electricidad).
En resumen, "los consumidores irán hacia los que les proporcione la mejor relación costo/beneficio, y los japoneses tienen mejor imagen", concluye Tom Libby, de JD Power.
A excepción de los vehículos de lujo, que desdeñan el ahorro de combustible, los fabricantes llevaron adelante su deseo de desarrollar las tecnologías de reducción de la contaminación.
La principal motivación no es exactamente el medio ambiente, insisten los analistas, sino puramente económica: reducir la factura de combustible de los estadounidenses para asegurarse la prosperidad del sector.