Desde que el fútbol es fútbol la polémica está instaurada. Hay entrenadores que hablan de la vida previo a un partido, leen libros sobre estrategias de combate para motivar y se pasan horas diseñando tácticas. Ellos son tildados de ganadores. Hay otros para los cuales está prohibido relacionar el fútbol con la guerra y apuestan simplemente a jugar. Son tildados de perdedores. Sin embargo, este grupo de hombres, líricos para algunos, tienen una sola forma de sentir el juego: para adelante. Podrán perder, pero jamás traicionarán sus principios.
“Hay una confusión de los entrenadores denominados ‘trabajadores’. ¿Qué significa trabajar para un técnico? ¿Estar dos horas en la cancha con un silbato dirigiendo el entrenamiento? Pues no, para mí los jugadores trabajan mejor o peor, no más o menos. El exceso de repeticiones, como pasa en la música, hace que los futbolistas terminen por confundirse y no entender el entrenamiento. Me sorprenden esos técnicos que llenan cuadernos de notas durante los partidos. Pagaría millones por leerlos. ¿Qué anotarán? La hora del dentista de la hija, qué programa de televisión deben ver durante la semana.... No lo entiendo, la verdad”, dijo alguna vez el argentino César Luis Menotti.
Telé Santana cargó con una eterna cruz: haber perdido los mundiales de 1982 y 1986 por lírico. Brasil era espectacular en España 1982. Enfrentaba a Italia y con el empate le alcanzaba para pasar a semis, pero Telé ordenó seguir atacando. Y vino la catástrofe. En 1986 armó una máquina de jugar y golear. Pero lo eliminó Francia por penales. Ahí les nació la duda a muchos brasileños: ¿De qué sirve jugar bien?
El secreto de Barcelona está ligado con la ideología holandesa. ¿Qué se dice de Holanda en el mundo? Lo más suave es que juegan lindo pero no ganan. Sin embargo, Barcelona tomó su modelo. Y el camino lo inició Johann Cruyff. “Al fútbol siempre debe jugarse de manera atractiva, debes jugar de manera ofensiva, debe ser un espectáculo”. Y luego se dirigió a sus colegas: “Todos los entrenadores hablan sobre movimientos, sobre correr mucho. Yo digo que no es necesario correr tanto. El fútbol es un juego que se juega con el cerebro”
Otro cultor del buen juego es Marcelo Bielsa. “Tengo ideas que difícilmente abandono porque hacen a la forma en que cada entrenador interpreta el juego. Aspiro a que la cancha nos resulte suficiente para atacar”.
El sucesor de Bielsa en la roja: Claudio Borghi, piensa igual. “Nunca digo que los partidos son de vida o muerte ni que hay que ganar cueste lo que cueste. El jugador tiene que divertirse. Yo no hago como entrenador lo que no me gustaba que me hicieran como jugador: fastidiar, exigir algo que no sabe hacer”. Y agregó: “Mi mensaje es jugar bien. Yo no tengo jugadas de pelota parada, en contra ni a favor. Y no me da vergüenza decirlo. Mis equipos defienden con la pelota. Yo salgo a jugar. Si me atacan tengo que defender, pero no salgo a defender los noventa minutos”.
Otro “lírico” es Renato Gaúcho, aquel popular puntero. “Me gusta que mis equipos jueguen para adelante, fútbol ofensivo. No me gusta jugar para atrás. Pienso que la mejor defensa es jugar al ataque”.
En el fútbol uruguayo, en el que etiquetan fácilmente, también hay cultores del bueno juego. Está claro que Juan Ramón Carrasco es el más identificado porque generó una revolución al inicio de los años 2000. Para colmo no se guarda nada, entonces genera más polémica. “Yo vendo fútbol. Mi envase es el fútbol. ¿No están cansados de ver a una selección uruguaya colgada del travesaño y atacando una o dos veces por partido? Bueno, ahora le digo a los hinchas que conmigo van a ir a disfrutar al Estadio”. JR sin casette. La polémica por su incorporación como DT de la selección estaba instalada. La AUF no compró una marca, una etiqueta, un problema. Adquirió una forma de sentir el fútbol. Ni mejor ni peor: una forma. La tarea no es sencilla para estos DT. Es que se trata de convencer desde una idea que va más allá del común denominador del ambiente. Y las dudas están siempre a la vuelta de la esquina. Acaso una simple frase del conductor de Barcelona, Josep Guardiola, sea suficiente para definir a los técnicos que apuestan por otra forma de jugar: “No hay nada más peligroso que no arriesgarse”.