28 de junio 2020 - 5:00hs

Esta semana comenzó con un golpe, con el despertar del sueño “caso cero: fin de la emergencia”. El rebrote de Treinta y Tres nos bajó a tierra. Nada dramático pero un alerta: no podemos relajarnos. El barbijo (mejor palabra que “tapabocas”) llegó para quedarse por lo menos en los inviernos, como dijo el ministro Daniel Salinas, y el distanciamiento físico, que no es social, también será necesario por un cierto tiempo. Las cosas van bien pero no hay que confiarse. Hay que testear, hay que poner protocolos de regreso a la actividad y cumplirlos. Hay que modificar costumbres como la de compartir un mate. Hay que saludarse con distancia, con el codo o con el puño.

El escenario mundial es cambiante: hoy Europa parece haber aprendido mejor la lección que los Estados Unidos, donde hay estados que abren y otros que cierran, transmitiendo señales confusas sobre la marcha futura de la economía. América Latina no parece haber aprendido la lección y nuestros vecinos cometen errores no forzados y de signo opuestos. Argentina va hacia la cuarentena más larga del mundo, sin lograr aplanar la curva: solo está montando una olla a presión que no conviene mirar cuando salte la tapa. Brasil juega a la negación y tampoco aplana la curva. Ya hay más de 50.000 muertos, aunque en números relativos al total de la población no está en el pelotón principal. Asia está en otra fase de reapertura, propia también de sus características culturales y políticas. Pero ni Nueva Zelanda, ejemplo mundial, puede decir que derrotó al virus.

Así el mundo, al Uruguay le va muy bien y ello no ha pasado inadvertido en los principales medios de comunicación de todo el mundo. Sea por ello o sea por la buena trayectoria de cumplimiento de las obligaciones con gobiernos de distinto signo, o seguramente por una mezcla de ambas razones, Uruguay logró realizar el miércoles una exitosa colocación por el equivalente de US$ 1.500 millones, US$ 1.100 de ellos en unidades indexadas. Despeja el horizonte y vuelve a demostrar la confiabilidad de Uruguay en el extranjero para colocar deuda.

Sería ideal no tener que colocar deuda y, como dicen algunos, no hay nada que festejar en las colocaciones de deuda salvo que fueran para inversiones en temas propios del Estado. Pero con un déficit heredado del 5% del PIB, no queda mucho más remedio.

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Lo que sí tiene que hacer el gobierno es un poco más de “luc”. No hablo de otra ley de urgente consideración, sino del fomento de condiciones para atraer, no ya deuda, sino inversiones extranjeras o nacionales. Potenciar la marca Uruguay en un continente que no está en sus mejores momentos. Y cuando digo “luc” hago referencia a la falsa consigna del gremio de profesores. Los docentes quisieron usar en clase unos polémicos tapabocas en los que estamparon la consigna “#EducarNoLUCrar”. Aseguran que un pequeño cambio de la ley de urgencia en camino de aprobarse modifica la prohibición de lucrar con la enseñanza. El cambio no es tal. La ley vigente decía que se prohibía hacer acuerdos internacionales que “directa o indirectamente signifiquen considerar a la educación como un servicio lucrativo o alentar su mercantilizacion”. El artículo que se modifica dirá que no se firmarán acuerdos “que reduzcan la educación a la condición de servicio lucrativo”.

Nadie explica cómo ingresa el lucro a la enseñanza con esa modificación y, si lo hiciera, por qué es malo. Salvo que el lucro sea malo en toda las actividades y lo que estén proponiendo sea eliminarlo por completo, asumiendo el Estado la propiedad de todos los medios de producción.

Porque en ámbitos como la educación de calidad y de medicina especializada (otro lugar donde es mala palabra el lucro) es donde Uruguay se puede convertir en un lugar de atracción para inversiones importantes. Y que vengan por afán de lucro no tiene nada de malo en tanto y en cuanto cumplan las normas vigentes.

Uruguay debe mirar la región y el mundo. En cualquier momento vendrá un buen contingente de argentinos, hartos de los desastres generados por los caprichos de la dinastía K. Tiene que apostar a duplicar su producción agropecuaria, cosa muy factible por la continuidad de buenas políticas de largo plazo implementadas desde hace más de dos décadas. Pero también adentrarse en temas vinculados a la sociedad del conocimiento que están teniendo un gran desarrollo y lo van a tener más después de esta pandemia.

Ello también exige un buen desarrollo de infraestructura, un funcionamiento institucional sólido –que lo tenemos pero que hay que mejorarlo–, seguridad ciudadana y, sobre todo, recomponer el tejido social, fragmentado como nunca en los últimos años a pesar de la espectacular bonanza que tuvimos. Tejido social que se recompone con mejor educación, único camino de salida hacia una vida digna.

Por eso necesitamos más “luc”, más “lucro” en el buen sentido de la palabra. Necesitamos desatar el espíritu de emprender, de trabajar, de soñar cosas grandes desde un país chico que ahora aprendió a conectarse globalmente por Zoom y pronto ello será vía presencial. 

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