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Violeta Rivas, 1937-2018

Adiós a una pieza de la nostalgia rioplatense

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26 de junio de 2018 a las 04:45

El domingo El Observador informó con escueto titular: "Murió la cantante argentina Violeta Rivas". El contenido de la nota, proveniente de un cable noticioso, eran apenas 137 palabras. Antes eso era un telegrama, hoy se llama tuit.

En verdad, puesto que vivimos en tiempos en que el pasado importa cada vez menos (salvo en política nacional), quiero suponer que eran muy pocos los lectores de menos de 60 años que sabían quién era la persona fallecida. De ahí la brevedad. Un título corto y menos de 140 palabras (el máximo que ofrecían los mensajes de Twitter en sus comienzos) servía para dar vuelta la página de una vida que en otros tiempos fue luminaria, de esas que no aparecen todos los días.

Hacía años, décadas, que Rivas era una figura de la nostalgia, incluso menos, pues seguramente ninguna de sus canciones se oye en la noche del 24 de agosto. Era más bien una ultra nostalgia, una pieza de archivo, fetiche de una época que marcó un cambio en los gustos musicales de los habitantes del Río de la Plata, de ambas orillas. Coincidió su presencia con la llegada a esta parte del mundo de la música pop británica y estadounidense, a cuyo comando estaban los Beatles, aunque había una cantidad de otras estrellas, varias de ellas mujeres, las cuales fueron el referente de Rivas. Creo que su gran fuente de inspiración fue la estadounidense Leslie Gore, cantante del gran hit It's My Party.

Como integrante del archi famoso Club del Clan, integrado entre otros (cito de memoria) por Johnny Tedesco (el de los buzos coloridos), Nicky Jones, Lalo Fransen, Chico Novarro (antes de convertirse en gran compositor), la rubia Jolly Land, Raúl Lavie y Palito Ortega, estrella principal, Rivas se transformó de la noche a la mañana en fenómeno. Asocio a todos ellos con los primeros recuerdos de mi vida, aunque a decir verdad nunca le encontré la gracia a Violeta (la original, no la que vino después) y menos a su voz, demasiado gritona, como si solo intentara lucirse en agudos altos.

Tuvo en 1964 un gran hit, ¡Qué suerte!, ideal para escuchar en cumpleaños familiares. Cuando su estrella se apagó, devino mito, leyenda oral, personaje de Peter Capusotto: Violencia Rivas. Murió de Alzheimer, pero no será olvidada tan pronto.

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