Sus admiradores lo consideraban el desiderátum del periodista incisivo que no deja que sus entrevistados se vaya por las ramas y que pregunta lo que la gente quiere saber. Para sus detractores era “Mike Malicia”, apodo que se ganó entre aquellos que le cuestionaban sus “zancadillas”, su estilo confrontativo y la costumbre de lanzar una metralla de datos que, a veces, le valían juicios por difamación.
Vivió de preguntar
Mike Wallace era admirado pero también lo acusaron de difamaciones varias