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10 de octubre 2022 - 5:00hs

Nunca se había visto nada igual. Ya existían los programas que mostraban la realidad, ya había competencias donde los participantes eran mostrados coexistiendo y eso era tan importante como los juegos en los que competían. Pero Gran Hermano combinaba todos los ingredientes conocidos y agregaba una premisa más: la posibilidad de ver la convivencia de un grupo de personas en una casa de forma casi permanente. La vida misma, televisada.

El neerlandés John de Mol lo creó en 1999, y para el año siguiente ya se había convertido en un fenómeno mundial que atravesó fronteras todo lo rápido que lo permitía un mundo donde internet aún no era universal. Para hacerse una idea, la primera edición que se vio en Uruguay fue la primera versión española, emitida en su país de origen en el correr del 2000. Teledoce la emitió a principios de 2001. Hoy ese esquema es inviable.

Argentina fue el primer país de Latinoamérica en producir el formato, en 2001, y sus sucesivas entregas fueron desde entonces las más accesibles para el público uruguayo, que pudo verlo siempre a través de canal 4.

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Momentos como el de la frase “vas a tener que ser fuerte” de la conductora Soledad Silveyra a la participante que salió luego de los atentados del 11 de setiembre en Estados Unidos y sus “adelante, mis valientes”; el “no firmes nada con Telefé” a Cristian U, ganador de la edición 2011; la visita de Diego Maradona a la casa, en la que el futbolista, desencajado, le deja una bolsita blanca con cigarrillos a los participantes y convierte el gesto en un mito; los 15 kilos de lechuga comprados por Martín Pepa; todos esos momentos se convirtieron en hitos televisados de ambas márgenes del Río de la Plata.

Y ahora, Gran Hermano vuelve. En un mundo completamente distinto al que apareció por primera vez. En los últimos años, el formato ha tenido un resurgimiento a nivel internacional, que ahora buscará ser replicado en Argentina. Luego de un casting que generó momentos virales y muchas parodias, el programa estrenará su nueva edición este lunes 17 de octubre en el canal Telefe, con Santiago del Moro como conductor y la promesa de reunir en la casa a distintas generaciones.

Canal 10 adquirió los derechos de emisión de esta nueva entrega para Uruguay y será quien lo emita, aunque fuentes del canal dijeron a El Observador que aún no tienen claro el esquema de emisiones ni la fecha de estreno oficial. 

También es llamativo el resurgimiento del formato. Más allá de que los reality shows están tan de moda como a comienzos de los 2000, la noción de espiar la vida cotidiana a través de cámaras ya no es tan novedosa como en aquel momento. En un mundo de redes sociales y la posibilidad de emitirse y mostrarse todo el tiempo, queda planteada la pregunta de cómo resonará el nuevo Gran Hermano entre el público.

Foucault para todos

En el 2000, las puertas de internet todavía se estaban abriendo, pero ya permeaba la noción de que hasta el que no tenía voz pronto podría tenerla. De la exhibición constante, de que todo estaba a la mano. Para el guionista Alan Goldman, responsable por ejemplo de esa tarea en programas como MasterChef Uruguay, Gran Hermano “capturó el espíritu de la época”, algo que no es descabellado si se tiene en cuenta que en ese momento también se convertía en un fenómeno el videojuego Los Sims, que proponía una suerte de casa de muñecas virtual cuyos habitantes, que eran básicamente personas corrientes, eran monitoreados y manipulados todo el tiempo por el jugador.

“Hoy es normal que cualquiera tenga acceso a ciertos espacios, pero en ese momento el programa les abrió puertas a voces marginales, a minorías y a gente común —considera Goldman—. Y fue disruptivo en ese sentido. Figuras como Gastón Trezeguet, finalista del primer Gran Hermano argentino, no tenían presencia en los medios en ese momento; hoy eso no pasa. Y era disruptivo también porque rompió con lo pomposo y lo armado de la televisión de ese momento. Esto era gente común diciendo y haciendo cualquier cosa, sin filtro, aunque ya sabemos que eso no era tan así”.

Una narrativa más sucia y no tan planificada, el uso incipiente de internet como herramienta para votar, la existencia de un canal de cable que emitía lo que pasaba en la casa las 24 horas, un ida y vuelta con el público que intervenía en el juego con su voto. Elementos que quizá ya estaban en el entorno, pero que aquí empezaron a llamar la atención y a cautivar como novedades.

Para el magíster en Comunicación, docente de semiótica y profesor del Departamento de Humanidades y Comunicación de la Universidad Católica del Uruguay Richard Danta, Gran Hermano cumplía la fantasía voyeurista del espectador occidental. “Eso se asocia con la idea de Michel Foucault de panóptico. Esa organización estructural arquitectónica, propia por ejemplo de las cárceles, que permite no solo ver a los demás sin ser visto, sino porque los que están siendo observados saben, o asumen, que están siendo observados. Y eso ya es una relación disuasoria de observador a observador”, explicó.

“Esto se reproduce en esta relación de espectador que mira lo que pasa en la casa. Yo tenía la oportunidad, si tenía el tiempo y las ganas, de ejercer realmente esa mirada panóptica sobre un otro que no me podía observar a mí, y que además sabe que está siendo observado. Y ese concepto de panóptico en el Río de la Plata está acompañado de otro fenómeno, que es el del control social inmediato a nivel barrial, que se manifiesta en diferentes modalidades, como la vecina que está observando lo que hace el resto, ya sea desde atrás de la cortina o sentándose en el frente de la casa a tomar mate, hasta el rumor, el chisme”, agregó Danta.

Gran Hermano generó, entonces, una fantasía. No solo la del potencial morboso de ver a alguien hasta en el baño, sino también la de que estábamos viendo una realidad sin manipulaciones externas, algo que, por supuesto, es una mentira.

Goldman explica que si bien en este tipo de programas lo que hacen los participantes no se guiona (más allá de teorías conspirativas, que, considera, lo único que hacen es que crezca el interés por los programas), ya desde las biblias de los formatos se establecen mecanismos que generan condiciones para que sucedan situaciones atractivas para los espectadores. “Las biblias incluyen qué narrativas buscar, en qué tono contarlas, qué historias hay que buscar entre los participantes. Cuando comprás estos formatos buscás que te den también la experiencia, no solo la marca. Es como abrir un McDonald’s, vos querés replicar el éxito”, contó el guionista, que visitó en dos ocasiones la casa argentina. “Era como un zoológico. Pero también te dabas cuenta de que era una producción gigantesca que operaba todo el día para que eso funcionara”, recordó.

La manipulación de esa presunta realidad ya venía, entonces, desde el casting. Se elegía a personas que proporcionaran entretenimiento y que cuajarían en determinados estereotipos o roles. En ese sentido, Danta señala que Gran Hermano era pionero “en discurso, pero no en hecho”.

Para el académico, “te vendían que cualquiera podía estar en la tele, algo que hoy es real en las redes. ¿A quién le importa estar en la tele? Hace mucho que las cosas dejaron de pasar en la tele. Hoy pasan en TikTok, en Instagram, en Twitter. Ahí sí, la gente tiene la posibilidad de estar. Después tendrán mayor o menor éxito, pero eso ya es secundario. En Gran Hermano no había que tener talento, carisma o habilidades particulares. Pero la selección de los participantes no solo respondía a un diagrama de roles o estereotipos, sino también a la búsqueda del carisma. No en todos, porque alguien tiene que ganar y alguien tiene que perder. Había una actitud pionera, pero no se puede comparar con la actualidad, donde hoy no es un argumento promocional, sino una realidad”.

Esa búsqueda de carisma se fue enfatizando conforme pasaban las ediciones en Argentina y la novedad del formato perdía peso como argumento para captar espectadores. La gente ya sabía qué la esperaba adentro de la casa y cómo se jugaba. De hecho, mientras que en las primeras temporadas ganaban los buenos, inocentes y amigables, como el ganador inicial Marcelo Corazza, con el tiempo aparecieron los Cristian U. Los villanos.

Héroes y villanos

Según Danta, la “ficcionalización” de Gran Hermano en Argentina era algo inevitable. “La primera edición era un bodrio. Tenía la novedad y la innovación. Pero cuando lo mirabas, no hacían nada, estaban ahí tirados, boludeando, conversando, se peleaban. Por eso algunas figuras, como la de Gastón Trezeguet, eran tan atractivas, porque eran entretenidas. Y lo eran porque sus actitudes y comportamientos eran muy parecidos a los de los personajes de las telenovelas”, consideró.

Y agregó: “Eso cada vez fue más evidente y un reclamo del público: la estrategia, el juego, la traición, la atracción, las alianzas. Todo eso es una narrativa propia de la telenovela y del melodrama. Y esto aplica a la telenovela mexicana o turca de turno, a House of the Dragon y a Game of Thrones. Tiene que ver con una estructura narrativa melodramática propia de la cultura occidental”. La necesidad de tener buenos y malos hizo que lo que al principio se vendía como un experimento social pasara a venderse como un juego despiadado, donde los personajes carismáticos fueron estimulados y alentados por el formato porque el público los aplaudía.

Danta pone como ejemplo el triunfo de Cristian U., quien fue expulsado de la casa por el público, y luego el programa lo volvió a meter en una movida inédita. “Al perder esta figura, se vació el programa. Porque era la figura que movilizaba todo. Hay investigaciones sobre las razones de la gente para echarlo. Y lo que plantean es que jugó tan bien su papel que la gente hizo lo que no puede hacer en una telenovela: eliminó al villano. Se metieron tanto en la ficción, en el juego, que como tenían poder de decisión, actuaron en virtud de ella. Claro, cuando salió, la gente se aburrió. Por eso cuando lo metieron de vuelta, casi nadie protestó, salvo sus compañeros. Porque a la gente se le fue la mano, necesitaban un villano, uno que además era complejo e interesante, porque era carismático, tenía las propiedades del villano, pero también algunas heroicas, era más bien un antihéroe”, concluyó.

Las dudas sobre cómo puede ser una versión de Gran Hermano en 2022 comenzarán a resolverse en la noche de este lunes. Tanto para Danta como para Goldman esos cuestionamientos son válidos.

El guionista considera que el público ahora es “menos inocente” con respecto al formato, y que el hecho de que “cualquiera puede agarrar una cámara y hacer su propio reality” lo hace menos convocante. De todas formas, cree que aunque ya no tenga el interés original, lo sigue manteniendo, y que la nueva versión tiene todo para volver a ser un éxito. “Creo que una forma de hacerlo más interesante sería que los participantes no fueran lo que podemos llamar ‘carne de casting’, sino que de verdad fueran gente común. Si fuera una muestra real de la sociedad, me parece que sería más interesante”.

Danta, por su parte, no lo ve tan claro. “Los realities siguen siendo bastante populares, pero estamos hablando de competencias. Ya sea de talentos (canto, cocina, lo que sea) u otros que no son de talento pero son competencia pura y dura, como Survivor y toda esa línea. No dudo que va a haber muchos nostálgicos que vivieron en su momento la experiencia de GH y conocen el formato, que capaz se motivan a verlo”. Una de las publicidades del programa reúne a exparticipantes, lo que parece confirmar esa teoría.

Pero Danta agrega: “Lo que te puede ofrecer el programa hoy no es lo que te podía ofrecer al comienzo, ni en las últimas ediciones. Porque si yo quiero ver lo que la gente hace en su vida cotidiana, me meto en TikTok, en Instagram, en YouTube. Tampoco es muy viable hoy pensar una transmisión de 24 horas de lo que pasa en la casa, porque la gente no tiene ese tipo de consumo, que duró muy poco tiempo porque era más una novedad que otra cosa. No creo que tenga el impacto que tuvo en su momento, ni el mismo éxito, porque no tiene nada nuevo para ofrecer hoy”.

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