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Waldemar Victorino: "Tenía una mascota en Nacional 1980 muy impaciente, era Luis Lacalle Pou"

Victorino habló sobre sus años en Nacional, contó cómo lo descubrió Óscar Míguez, cómo cargaba cajones en el Mercado Modelo, que abría los taxis en el estadio para ganarse unos pesos para entrar y que Lacalle Pou era su mascota

Waldemar Victorino en el presente, en su casa del Cerro

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06 de febrero de 2021 a las 05:02

Luego de haber trabajado en Nacional durante algunos años, ayudando a los delanteros a mejorar la definición, en 2019 trabajó en Racing en la misma función. Desde hace un año está sin trabajo, pero espera volver a la brevedad.

Waldemar Victorino le dio mucho al fútbol uruguayo. En solo seis meses, desde agosto de 1980 a febrero de 1981, fue el hombre de los goles decisivos. Con un cabezazo le dio la Libertadores de 1980 a Nacional; en enero de 1981, con otro golpe de cabeza, consiguió el título de la Copa de Oro para Uruguay ante Brasil; y el 11 de febrero de ese año –este jueves se cumplirán 40– fue su tanto ante Nottingham Forest le dio a los tricolores la primera Copa Intercontinental disputada en Japón, la segunda en el historial del club.

Todos sus amigos le dicen “Victorio” como apodo, aunque como se verá en la nota con Referí, hay uno solo que le dice “Goleador”, pero es alguien muy especial.

¿Qué le pareció el clásico?

Lo vi y no fue como los clásicos que jugábamos antes, ni se asemeja, para nada. Antes íbamos, veníamos, hacíamos un dribbling, una jopeada, un caño, y ahora eso no se ve. Dos, tres toques de punta para arriba y no se juega a nada. El fútbol uruguayo ha tenido un bajón tremendo.

¿Se juega muy diferente a su época?

Antes mandaba el técnico y decía todo lo que había que hacer, trabajabas un montón de cosas, se practicaba mucho más fútbol que ahora. Ahora no se juega. Ese es el agravante que tiene el fútbol uruguayo.

Victorino espera conseguir trabajo en el fútbol nuevamente

Bergessio lleva 11 partidos sin goles.

Bergessio es muy buen jugador, pero juega solo arriba y no está en una edad en la que se pueda mover. Debe tener dos punteros y algunos volantes que lleguen de atrás. No puede hacer todo solo. Los goleadores también tienen esas rachas: a veces hacen goles todos los partidos y otras no. No estoy en el plantel, pero me parece que los años le están pesando. Se cuida, no tiene problemas, pero juega muy solo arriba. Los sistemas tácticos han cambiado. Antes jugábamos con tres hombres arriba, luego pasaron a dos y hoy juegan con un delantero solo, y eso perjudica al equipo. Bergessio está tapando a Thiago Vecino. Venía de menos a más y de la noche a la mañana, lo quitaron y pasa desapercibido. Ese muchacho trabajó en definiciones conmigo y define muy bien. Está ahí y parece que nadie lo conoce. Es una cosa que no tiene ni pies ni cabeza.

Los clubes en su mayoría, no miran a las formativas que son las que van a sanear al club. Casi todos están en rojo a no ser Liverpool o Torque. Los dirigentes no miran las formativas, miran al primer equipo, pero las formativas son las que van a sanear al club porque los dirigentes no gastan casi nada y después los venden en millones de dólares. Traés a un jugador extranjero que te sale por mes miles de dólares y esa es plata que le sale cara al club (no lo digo expresamente por Bergessio). Si miraran más a formativas, los clubes estarían saneados.

¿Cómo fue su infancia?

Jugando en La Boyada en el Cerro. Fui a la Primaria, me mudé del Cerro, jugué en la Quinta de Cerro un año y dejé de jugar por el trabajo para ayudar a mis padres. Con los años, pude mudarme a Pocitos y Punta Carretas, pero volví al Cerro porque es el que considero mi barrio de toda la vida.

¿Qué otras cosas hacía de chico?

Fui monaguillo en la iglesia un corto tiempo. Soy católico 100%. Hay un ser supremo y es el que gobierna el mundo. Creo en los milagros porque muchas veces lo que le he pedido me lo ha cumplido.

Pero ya de mayor, adiestró a perros pastores alemanes. ¿Cómo se dio eso?

Estuve en el Ejército tres años, desde 1971 hasta 1974. Fui cabo de primera. Fui a Argentina y a Brasil a competir y ganamos varias copas. El jefe tenía una perra, y me dejaba salir a las competencias. En esa época estaba la dictadura, yo no participaba en nada, adiestraba a los perros. Me llevaba a la perra Bully a mi casa, la preparaba para las exposiciones, pero a veces salía de patrulla con un perro porque era la época de los Tupamaros y estaba muy difícil el país. Nunca pasé nada complicado. Si nos tocaba detener a alguien, los llevábamos al cuartel y los dejábamos ahí. Era nuestro trabajo.

Waldemar Victorino es una leyenda viva de Nacional; autor de los goles trascendentes que le dieron la Copa Libertadores 1980 y la Copa Intercontinental 1981

¿Qué otros trabajos hizo antes de jugar?

Fui limpiavidrios en los bancos y en otros negocios. Me marcaban la hora de entrada y salida y luego me sellaban la tarjeta. Después trabajé al mismo tiempo en el Mercado Modelo y en el Mercado Agrícola. Cargaba cajones para camiones toda la madrugada: bolsas de papas, boniatos, mandarinas, manzanas. Terminaba al otro día a las 2 de la tarde. Al Mercado Agrícola iba martes y jueves y al Modelo, lunes, miércoles y viernes. Ayudaba a mis viejos, pero con 14 años ya quería comprarme alguna camisita nueva, zapatitos…

En realidad debutó en Primera con Progreso, en la B.

Me vino a buscar un amigo para ir a jugar en Progreso. Yo no quería porque ya tenía 22 años. Estaba a prueba y jugaba como mediocampista. Me pusieron de “9” y le ganamos 2-0 a Basáñez con dos goles míos. Me pidieron que siguiera yendo, hablé con mi jefe y me dio autorización, pero tenía que ir todos los días a trabajar con el plantel de animales.

Lo convenció de entrada al técnico.

El entrenador era Julio Larrosa y esa tarde fuimos dos a probarnos a Progreso. Un muchacho que era muy alto y yo. En el amistoso estaba Óscar Omar Míguez, el campeón del Mundo en Maracaná en 1950 y le dijo a Larrosa que se quedara conmigo. Y así fue. Además, Míguez había jugado casi toda su carrera en ese puesto de centrodelantero. Fue una gran alegría.

De allí pasó a River Plate. ¿Luego rechazó jugar en Peñarol?

Sí, vino el presidente Castro Quintela y me dijo: “Preparate que te vas a Peñarol”. Yo le contesté: “Mire, no quiero faltarle el respeto, pero a Peñarol no voy, porque soy demasiado hincha de Nacional. No me siento tener que ponerme la camiseta, ir a Los Aromos o a Las Acacias. No”. Y a los 10 días vino y me preguntó: “¿A Nacional vas?”, y le respondí: “Sí, ¿a dónde hay que firmar?”.

El presente de Waldemar Victorino, hincha de Nacional desde siempre

En aquella época no tenía auto. ¿Iba a entrenar a la selección en el ómnibus?

Sí, era una época bárbara, muy linda. A la selección y a Nacional íbamos en el ómnibus con el Flaco Rodolfo (Rodríguez) desde el Cerro en la línea 185. La gente me reconocía y yo hablaba con ellos. Cuando entrenábamos con la selección, nos bajábamos en el Estadio Centenario, y cuando lo hacíamos en Nacional, en la parada del Liceo Dámaso Larrañaga y nos íbamos caminando hasta el Parque Central, porque muchas veces entrenábamos allí.

Así fue el gol de Victorino que le dio la Copa Libertadores 1980 al ganarle 1-0 a Internacional de Porto Alegre:

¿Cómo fue su pasaje a Nacional?

Nunca me había pasado jugar en un club así. Hice muchísimos méritos para llegar a ser lo que fui porque empecé a los 22 años y me privé de un montón de cosas. Antes me tomaba alguna copita de alcohol, fumaba algún cigarrito, y a partir de allí, dejé la bebida y el cigarrillo. Me empecé a preparar porque dije “si me preparo, llego” y hasta el día de hoy, salgo lunes, miércoles y viernes a hacer ejercicio.

Tras ser goleador del Uruguayo 1979, en pocos meses ganó la Copa Libertadores siendo goleador, y la Intercontinental con Nacional.

Trabajamos mucho. Un equipo con una mixtura justa de futbolistas. Los veteranos, que eran Espárrago, Blanco y Morales, después veníamos los de mediana edad, entre De la Peña y yo, y luego y los jóvenes como el Hugo (De León), Bica, Dardo Pérez. Por eso ganamos ese título y también fuimos campeones uruguayos, de América y del mundo.

Siendo hincha, cuando fui campeón del mundo le dije a mi señora “tarea cumplida”. Ser campeón del mundo no lo es cualquiera, ya logré todo lo que tenía que lograr con Nacional y me descansé, como quien dice, respiré.

Waldemar Victorino en el festejo de su gol para Nacional ante Nottingham Forest en Tokio en febrero de 1981

¿Tuvo algún ídolo en Nacional?

Artime era mi ídolo. Iba a verlo al estadio. Era un fenómeno. El Nacional del 71 iba a verlo también. ¡Qué equipo! Yo me las rebuscaba para poder entrar al estadio. Iba con antelación y era uno de los chicos en la Olímpica que cuando paraban los taxis, ayudaba a la gente a bajar. Me daban plata y después de pagarme con ese dinero un chorizo y una Coca Cola, me sobraba para sacar la entrada de menor para la Olímpica. Ahí vi a ese Nacional y a muchos otros.

¿Algún otro jugador que le haya gustado?

Célio Taveira, Cascarilla Morales –quien le pegaba de derecha e izquierda de aire–, la potencia con la que le pegaba Mugica, Ildo Maneiro y la técnica que tenía, y antes, lo que se lucía Manicera en la zaga, un jugadorazo.

Así fue el gol de Victorino que le dio la Copa Intercontinental 1981 al ganarle 1-0 a Nottingham Forest.

Usted jugaba en la época en la que empezaron a entrar muchas mascotas con el equipo.

Sí, es verdad. Pero yo tenía una mascota mía. Era muy impaciente y estábamos en el túnel. Le daba jalones, porque quería entrar primero a la cancha. Era el actual presidente de la República, Luis Lacalle Pou. Somos amigos hasta el día de hoy. Gran bolso y ahora ha demostrado o está demostrando que es un gran presidente. Él es el único que no me dice “Victorio”, ni Waldemar, sino que me llama “Goleador”.

¿Habló con él últimamente?

Siempre nos hablábamos por teléfono, ahora es un poco más complicado por el puesto que ostenta.

¿Cómo era Juan Mugica como entrenador?

Una muy buena persona, muy buen compañero como técnico y fue el que llevó a ganar a Nacional todo lo que ganó en 1980 y en febrero de 1981 con la Intercontinental.

El Toyota Célica que ganó en Tokio como mejor jugador de la final de la Copa Interancontinental; andaba en ómnibus y en poco tiempo pasó a tener tres autos: la Brasilia que le consiguió Iocco, el Passat que ganó con la selección en la Copa de Oro y este Toyota que cuando se lo dieron en Montevideo, era rojo, a pedido suyo

¿Fue importante en su carrera?

Muy importante. Vivía en el Cerro muy cerca de mi casa y como futbolista había estado en Europa, en la selección, campeón de América y del mundo con Nacional. Si algún jugador andaba mal, se le apersonaba y salía a caminar con él, y este le contaba qué le pasaba y Juan Martín le daba un consejo, lo que para él tendría que hacer dicho jugador. En ese Nacional de 1980 éramos una familia . Gesto era extraordinario como preparador físico. La amalgama perfecta.

¿Y Dante Iocco como presidente?

Yo venía haciendo goles y jugando muy bien. Le dije a don Dante: “Todo el mundo me conoce y me está yendo bien. ¿No podrá hacer un esfuercito y sacar un autito para mí?”. Pasaron 15 días y me dijo: “Victorio, andá a Binaguy que tienen algo para vos”, me dieron una Brasilia, y ahí la saqué. “Pero te lo voy a descontar del sueldo”, me explicó después. Pasaron dos o tres meses y me descontaron esas primeras cuotas. Pero luego, me llamó y me habló: “Mirá, como venís haciendo goles, quédate con ella nomás y no te descontaremos más cuotas”.

Fue uno de los últimos presidentes que tuvo el fútbol uruguayo, porque ahora ha cambiado tanto que las directivas lo han hecho cambiar. Los dirigentes han cambiado. Antes estaban los Cataldi, Iocco, (Héctor) Del Campo, Castro Quintela…

¿Cómo ve al fútbol uruguayo?

Muy bajo. La prueba está que Nacional venía jugando muy bien la Copa hasta que enfrentó a River que le hizo seis goles y esa es la verdad de dónde estamos parados.

El equipo de Nacional que jugó la final de Tokio 1981 ante Nottingham Forest

¿Cómo lo adjetivaría?

Es doloroso, porque cuando tenés la ilusión de que vas a ir a ganar un partido y viene un sablazo así, se siente. Eso te hace bajar los brazos y arrancás de nuevo al año siguiente y otra vez te pegan. Por algo no se gana nada en lo internacional desde la Recopa que ganó Nacional en 1989.

¿Qué opina de Tabárez?

Es un excelente técnico, muy buena persona y lo más importante es que nos llevó a todos los Mundiales. La tiene clara. Marcó la ruta. La selección sabe a lo que juega. Sin embargo, ¿cuánto hace que la selección no gana nada a nivel mundial? Desde el Mundialito, cuando vinieron Maradona, Rummenigge, Sócrates, Antognoni y todos los mejores del mundo en ese momento. Y la copa la ganamos nosotros. Felicito la Copa América que se ganó en 2011, pero a nivel mundial, Uruguay no gana nada desde 1981. No es porque no haya buenos jugadores. De acá siempre van a salir buenos jugadores. Ahora se corre mucho y se juega poco, antes se jugaba mucho y se corría poco, por eso fuimos campeones a nivel internacional la selección, Nacional y Peñarol de las Copas Libertadores e Intercontinental.

Hace un mes se cumplieron 40 años de haber ganado la Copa de Oro. ¿Cómo lo vivió?

A la Copa de Oro no se le dio el valor que tiene. Fuimos campeones de campeones mundiales con don Roque (Máspoli) que era un fenómeno. Uruguay es el único país que tiene ese título, ser campeón de campeones mundiales, es el trofeo más caro que tiene la AUF hoy y está en un banco. Eran épocas de los militares, la gente no podía salir, ahí se desahogó un poco, cantaba el himno con todas las fuerzas, salieron a festejar por 18 y era impresionante.

Un gol histórico: el segundo a Brasil que le dio la Copa de Oro a Uruguay en enero de 1981

¿Cuál es el plus que tiene el jugador uruguayo?

Que no da una pelota por perdida, te tranca con la cabeza igual. Los jugadores de otros países, cuando tienen que morderte el tobillo, no lo hacen, pero el uruguayo te muerde el tobillo y la pelota no la pierde. Ese es el plus que tiene el jugador uruguayo contra todos los futbolistas de otros países.

Así fue el gol de Victorino que le dio la Copa de Oro en el Mundialito 1980-81 a Uruguay ante Brasil.

¿Tiene amigos? Existen los amigos del campeón?

Roberto Carlos tiene un millón de amigos y yo tengo más. Me comunico con ellos en distintas partes del mundo. Salgo en mi barrio y mi señora me dice que vaya a hacer un mandado y demoro dos horas porque me quedo hablando con todo el mundo. Los amigos del campeón también existen, es como todo.

¿Cuál fue su peor error?

Cometí un montón de errores. En Brasil, con la selección, una vez me escapé y llegué a las dos horas y me estaban esperando. No trascendió, pero me dijeron “no te vamos a pagar el premio”. Fue en Fortaleza pocos días después de que ganáramos la Libertadores con Nacional. Me lo hicieron entender Roque (Máspoli) y el profe Trigo. Después, con Nacional viví un episodio lamentable en México. Yo no tuve nada que ver y hasta el día de hoy estoy callado porque sé quién fue, un amigo y compañero. Yo pagué las consecuencias pero el que cometió el robo de una cadenita de oro fue un compañero y yo la agarré para protegerlo. Yo ni había ido a la tienda. Nunca lo nombré ni lo voy a hacer, pero me separaron del plantel y me tuve que ir de Nacional.

Waldemar Victorino nació en el Cerro y luego de vivir en Pocitos y Punta Carretas cuando jugaba en Nacional, decidió volver a su barrio de siempre al que ama

Los Nostálgicos del Fútbol ayudan a muchos exjugadores que no la pasan bien y usted ayuda al presidente Nelson Marcenaro.

Se ayuda a mucho exjugador de fútbol que ganaba muy poco en aquellas épocas, muy distinto a hoy. Ayudamos con las canastas y me saco el sombrero y tengo que hablar de Paco Casal, es el colaborador número 1. Su socio, el Tano Gutiérrez también. Son los que más colaboran a quienes lo necesitan y lo hacen desde muchísimos años. Con Marcenaro nos llevamos bárbaro, aunque me mató a patadas en los clásicos (se ríe).

¿Recuerda alguna anécdota con Nacional?

Cuando nos fuimos a jugar la final de Japón por la Copa Intercontinental. Walter Jaime era el utilero, pero yo siempre me llevaba mis zapatos. Salimos hacia Los Ángeles en donde hacíamos la primera escala grande y me di cuenta de que me había llevado dos zapatos izquierdos. Hay que tener en cuenta que era otra época. Los zapatos los traíamos de Argentina. Comprarlos acá era muy difícil porque eran muy caros y no había de esa calidad. En Los Ángeles, un amigo mío del Cerro al que le decíamos “Mala racha”, me consiguió un zapato derecho; yo calzaba 39. Y no sé por dónde fue, pero me consiguió uno. Era uno de una marca y otro de otra, con tapones intercambiables que recién salían. Jugué con uno que me apretaba más que el otro, y tuve la suerte de hacer el gol que nos dio la copa.

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