Imagine lector que viniera alguien y le propusiera tirarse al vacío. Como usted seguramente maneja parámetros de sensatez no lo hará, incluso si le dijeran que no iría solo hacia el precipicio, sino que lo acompañarían otros tantos. Bien, eso es lo que se dirime el próximo 24 de noviembre.
Es cierto que la conformación del Parlamento genera desafíos nuevos para el sistema uruguayo. Por eso por estas horas se ha hablado mucho del concepto de “gobernabilidad”, que no es otra cosa, al final del día, que la buena fe aplicada a la órbita política. De apoyar lo que se entiende positivo para los compatriotas. Si no se accionara por ese principio, si la alternativa que manejan algunos es el bloqueo, la “trancabilidad”, el oponerse por razones distintas al interés general, lo que se demostraría es un desprecio por los uruguayos.
Hecha esta primera digresión, pretendo fundamentar las razones por las que Álvaro Delgado y la Coalición Republicana son quienes tienen mejores oportunidades de despertar las mayorías de gobierno y por qué Yamandú Orsi y el Frente Amplio no pueden hacerlo.
Comienzo por esto último. El candidato de la oposición enfrenta tres problemas para generar mayorías.
Enfrenta primero un severo problema de forma: el diseño de la arquitectura para la toma de decisiones en el Frente Amplio conspira contra la eficiencia gubernativa. Es que Orsi no puede salir a buscar “afuera” sin antes pasar por los auténticos mandantes en la coalición de izquierda. Tiene que pactar con el PIT CNT, con el Secretariado, con el Plenario, con el Partido Comunista, con la cúpula de la secreta Dirección del MLN - Tupamaros y con la barra del MPP. Recién allí podrá accionar para procurar acuerdos. El liderazgo no estará en el Poder Ejecutivo sino en esos proxys.
El segundo problema es el “qué” propondría Orsi. Ese es el problema de sustancia política. Y vuelvo al principio: imagine que usted es un legislador y Orsi le propone algo que antes pactó con todos esos satélites. Orsi le viene a proponer un salto al vacío y le dirá que lo acompañarán los senadores del MPP, Andrade, Constanza Moreira y Civila. No hay manera que el “producto” que surja de la primera negociación a la interna del Frente no sea “radical”, extremista y polarizante, alejado de las sensibilidades de moderación; por tanto inllevable.
Y el tercer problema es el factor humano: Orsi no es el líder del Frente Amplio, no tiene la espalda para sofrenar los impulsos radicalizados, sino que tan solo podrá oficiar como un “radical amable”.
Esos tres problemas demuestran la imposibilidad de Orsi de lograr acuerdos, y menos aún, lograr acuerdos que vayan en un sentido deseable para el país. La conformación de la interna del Frente Amplio le impide acordar sin que los sectores radicales sientan que se desnaturalizan. Eso es lo que ya sucedió con el plebiscito de la Seguridad Social. Los sectores dominantes impidieron que el Frente adoptara la posición de sensatez para el país y tuviera que refugiarse en un “ni” que le permitía a los radicales llevarnos al borde del precipicio.
Por su parte, Delgado y la Coalición tienen el diseño necesario para esta nueva configuración. Los liderazgos coalicionistas han sido electos en las urnas y no hay intereses corporativos condicionantes.
A su vez, Delgado tiene necesarios y formidables atributos de negociación -ya lo ha hecho a lo largo de toda su trayectoria-. Y lo fundamental: la sustancia del proyecto. En el proyecto político de la Coalición, el “qué” que se propone transita por la avenida del medio de la sensibilidades del país, lo que le permite recoger apoyos escapando de los radicalismos.
No soy de los que rehúye de las etiquetas y considero que esta formación del Parlamento, con presencia tan marcada de grupos radicales, lejos de ser un problema es una oportunidad. Lo es porque hay margen para que el pensamiento y la sensibilidad socialdemócrata, liberal igualitaria permitan asociaciones virtuosas driblando a esos radicalismos. Solo se requerirá buena fe y valentía para exponer a quienes no la tienen. En la geometría política del país, la mayoría no está en los extremos, está en el centro, en el camino del medio. En Uruguay los sensatos son más que los radicales. Y obviamente, en mi parecer, ofrecen mejor destino al país.
Otra cuestión relevante es que el vigilante y garante del nuevo Poder Ejecutivo será la sociedad civil; esta exigirá que sea el interés general, el proyecto nacional, el que domine, y no las prebendas de la cúpula radical la que tranquen el país. Será el ciudadano el que vencerá al espíritu de “trancabilidad” que esbozan algunos.
Por estas cuestiones, la gobernabilidad -la buena gobernabilidad- es la que asegura el liderazgo de Álvaro Delgado y el proyecto de la Coalición Republicana.