26 de marzo 2026 - 10:10hs

En un nuevo episodio de “Revolución Plateada”, el ciclo de El Observador junto a Alcance Servicio de Compañía, el filósofo Facundo Ponce de León reflexiona sobre longevidad, aprendizaje continuo y el rol clave de la tecnología en una etapa de la vida cada vez más extensa.

El envejecimiento poblacional ya no es una proyección lejana, sino una realidad que está transformando la forma en que vivimos, trabajamos y nos vinculamos. En ese contexto, el cuarto episodio de Revolución Plateada pone el foco en una pregunta central: ¿cómo se resignifica la vida después de los 60 en una sociedad donde la longevidad crece y las reglas cambian?

Embed - Más conectados que nunca: la tecnología como compañero después de los 60

De la “tercera edad” a una nueva etapa vital

“Hoy hablamos de personas mayores a partir de los 60, aunque ese límite se corre constantemente”, explica Ponce de León. Incluso, señala que ya se habla de una “cuarta edad”, lo que evidencia que las categorías tradicionales resultan insuficientes para describir una realidad más compleja.

El cambio es profundo. Antes, llegar a edades avanzadas era excepcional; hoy es cada vez más común vivir varias décadas después de la jubilación. Eso redefine el sentido de esa etapa. “Antes se trataba de transmitir lo aprendido; ahora se trata de seguir aprendiendo”, resume.

Aprender como motor de sentido

Uno de los ejes centrales de la conversación es el aprendizaje continuo. Lejos de ser una actividad exclusiva de la juventud o vinculada únicamente al trabajo, aprender aparece como una herramienta clave para sostener el sentido de la vida.

“Somos la única especie que no viene con un guión fijo”, plantea el filósofo. En ese marco, aprender no solo permite adquirir habilidades, sino también construir identidad, adaptarse y seguir proyectándose.

Además, los avances científicos respaldan esta idea: la plasticidad neuronal —la capacidad del cerebro para aprender— se mantiene a lo largo de toda la vida. Esto derriba uno de los mitos más extendidos sobre el envejecimiento.

Tecnología: de barrera a aliada

La relación de las personas mayores con la tecnología suele presentarse como un obstáculo. Sin embargo, Ponce de León propone un cambio de mirada y plantea entenderla como una aliada.

“La tecnología no es solo el smartphone. Es el vaso, la mesa, el tenedor. Siempre convivimos con tecnología”, afirma. Desde esta perspectiva, el desafío no es rechazarla, sino incorporarla progresivamente.

El miedo, reconoce, existe. Pero se supera con pequeños pasos: sentarse frente a una computadora, hacer un clic, animarse a explorar. “La gente vence los miedos cuando los enfrenta”, sostiene.

A su vez, destaca el enorme potencial de la tecnología para generar bienestar y conexión. Desde acceder a contenidos hasta reencontrarse con recuerdos o territorios lejanos, las herramientas digitales pueden convertirse en un puente con el mundo.

Soledad, vínculo y comunidad

Más allá del aprendizaje, la iniciativa también responde a otro gran desafío de la longevidad, que es la soledad no deseada.

En muchos casos, quienes se acercan lo hacen impulsados por familiares que buscan reactivar su vida social. Pero también hay un interés genuino de las propias personas mayores por mantenerse activas y conectadas.

“Hay de todo: personas muy curiosas y otras más retraídas. No existe una única forma de envejecer”, señala Ponce de León, subrayando la diversidad dentro de este grupo etario.

Anticiparse al futuro

De cara a una sociedad donde las personas mayores serán cada vez más numerosas, el filósofo plantea la importancia de anticiparse. Empezar a pensar estos temas antes de llegar a esa etapa puede facilitar la adaptación.

“Hay cosas que no dependen de nosotros, pero sí cómo nos preparamos para ellas”, reflexiona, retomando ideas de la filosofía clásica.

Aceptar los cambios del cuerpo, adaptarse a nuevas condiciones y encontrar nuevos propósitos forman parte de ese proceso. En ese camino, el aprendizaje y la tecnología aparecen como herramientas fundamentales.

Una oportunidad, no un cierre

Lejos de una mirada nostálgica o pesimista, Ponce de León propone entender la longevidad como una oportunidad.

“La nueva longevidad es una nueva humanidad”, cita, en referencia a los cambios estructurales que implica este fenómeno.

La clave, concluye, está en mantener una actitud abierta: “Nunca es tarde. Siempre hay una ventana de tiempo para hacer cosas significativas”.

En una etapa de la vida que se expande, aprender, vincularse y adaptarse no solo es posible, sino también esencial para seguir siendo protagonista.

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