Con ese punto de partida, Claro Empresas organizó el evento “Pensar distinto” en el piso 22 del World Trade Center (WTC), con un panel integrado por Estanislao Bachrach, referente en inteligencia emocional, y Alan Descoins, experto en inteligencia artificial. La conversación, moderada por Alejandro Laborde, abordó la relación entre ambas disciplinas y su impacto en el nuevo mundo laboral.
“Yo hubiese puesto acá sentir distinto, más que pensar distinto”, señaló durante su intervención, al explicar que las personas suelen utilizar el pensamiento para justificar decisiones que, en buena medida, ya fueron orientadas por sus emociones.
En ese sentido, desarrollar la inteligencia emocional puede contribuir a que las personas se arrepientan menos de las decisiones que toman y experimenten un mayor bienestar en el ámbito laboral. Para el especialista, comprender las emociones implica reconocer no solo estados como la tristeza, la alegría o el enojo, sino también los factores que influyen en la conducta y en las elecciones cotidianas.
El experto también vinculó este aspecto con la incorporación de inteligencia artificial en las empresas. A su entender, la discusión no debería limitarse a decidir si una organización adopta o no estas herramientas, sino a considerar cómo prepara a sus equipos para utilizarlas.
“La estrategia de la compañía no es IA sí o IA no, IA sí, pero la estrategia de la gente y la cultura”, afirmó.
Desde esa perspectiva, Bachrach sostuvo que las áreas de recursos humanos tienen un papel relevante en este proceso. La automatización de tareas puede liberar tiempo que las empresas podrían destinar al desarrollo de sus colaboradores, la cultura organizacional y la mejora de la experiencia laboral.
El estrés, uno de los obstáculos para aprender
Otro de los puntos que destacó Bachrach fue el impacto del estrés en la capacidad de aprendizaje. Según explicó, cuando una persona se encuentra en un estado de alerta permanente, tiene mayores dificultades para mantener la atención, incorporar conocimientos y retener información.
“La dificultad número uno que yo observo en empresas es el estrés”, expresó. En ese contexto, consideró que las organizaciones deben prestar atención al bienestar de sus equipos si buscan que puedan adaptarse a nuevas herramientas y formas de trabajo.
El planteo adquiere especial relevancia ante la velocidad con la que evoluciona la inteligencia artificial. Para Bachrach, la formación tecnológica debería avanzar en paralelo con el desarrollo de las habilidades emocionales, de modo que los colaboradores estén en mejores condiciones de comprender los cambios y aprovechar las oportunidades que surjan.
También señaló que el aprendizaje está estrechamente relacionado con las emociones y las experiencias. Por eso, consideró que la incorporación de nuevas tecnologías no debería dejar de lado los vínculos humanos ni las condiciones en las que las personas aprenden.
En lugar de interpretar la automatización únicamente como una amenaza para el empleo, propuso pensarla como una oportunidad para dedicar más tiempo a tareas de mayor valor y al desarrollo personal dentro de las organizaciones.
De una tecnología especializada a una herramienta al alcance de todos
Por su parte, Descoins repasó cómo evolucionó la inteligencia artificial y mencionó que, aunque su popularización es relativamente reciente, la tecnología lleva años presente en herramientas de uso cotidiano.
Los algoritmos que recomiendan videos en redes sociales, ordenan resultados en buscadores o ajustan precios en plataformas de comercio electrónico son algunos ejemplos de aplicaciones que ya utilizaban inteligencia artificial antes de la llegada de herramientas generativas como ChatGPT.
La principal diferencia, indicó, es que durante años su implementación fue compleja y costosa. Los modelos estaban diseñados para resolver tareas específicas y requerían grandes cantidades de datos, conocimientos técnicos y equipos especializados.
Ese escenario comenzó a cambiar con el desarrollo de modelos más generalistas, capaces de realizar tareas diversas, desde generar textos e imágenes hasta ayudar a resolver problemas.
“Se masificó de una forma que todos pueden entender de alguna manera lo que es e interactuar con la tecnología para sacarle un beneficio propio, tanto a empresas como a personas”, sostuvo.
Descoins también explicó, a grandes rasgos, cómo se entrenan los modelos de lenguaje. Durante el preentrenamiento, estos sistemas procesan grandes volúmenes de información y aprenden patrones que les permiten predecir el siguiente elemento de una secuencia de texto. A partir de ese proceso, pueden desarrollar capacidades que van más allá de completar frases, como generar contenido y asistir en distintas tareas.
El especialista señaló que el avance de estas herramientas también sorprendió a quienes trabajan en el sector, especialmente por su capacidad para intervenir en ámbitos creativos y en la resolución de problemas.
Qué decisiones deberían quedar en manos humanas
Pese a las posibilidades de la inteligencia artificial, Descoins advirtió que su utilización requiere establecer límites y definir qué tareas conviene delegar. Como ejemplo, mencionó que un asistente puede ser útil para coordinar reuniones o automatizar intercambios administrativos que consumen tiempo, pero que delegar todas las decisiones en sistemas automatizados puede hacer que las personas pierdan el control sobre los procesos.
En ese sentido, destacó la importancia del uso responsable de la inteligencia artificial, especialmente cuando sus resultados pueden afectar la vida de otras personas.
“Si estoy tomando decisiones que afectan la vida de las personas, entonces tiene que haber una persona por atrás que esté decidiendo”, afirmó. Según explicó, aunque una herramienta pueda realizar buena parte del análisis, debe existir un responsable humano capaz de evaluar el resultado y hacerse cargo de la decisión final.
El referente también advirtió que los errores de la inteligencia artificial pueden ser diferentes de los que cometen las personas. Por eso, consideró necesario evaluar qué riesgos puede asumir una organización antes de delegar determinadas funciones.
La cuestión, planteó, no pasa por exigir que la tecnología sea infalible, sino por comprender sus limitaciones y determinar qué margen de error es aceptable en cada contexto.
Tecnología y personas, una transformación en paralelo
Las intervenciones de Bachrach y Descoins dejaron planteado un desafío común para las empresas que buscan adaptarse a la era digital. Mientras la inteligencia artificial ofrece herramientas para automatizar tareas, procesar información y agilizar procesos, su aprovechamiento depende también de la preparación de las personas y de los criterios con los que se incorpora.
En ese escenario, la inteligencia emocional, el aprendizaje continuo y la capacidad de evaluar decisiones adquieren relevancia junto con las competencias tecnológicas.
El encuentro “Pensar distinto”, organizado por Claro Empresas, puso el foco en esa relación entre innovación y factor humano. La discusión no se limitó a las capacidades de la inteligencia artificial, sino que también abordó cómo las organizaciones pueden preparar a sus equipos para trabajar con ella sin perder de vista el bienestar, el criterio y la responsabilidad de las personas.