23 de octubre de 2026 5:00 hs

El Instituto Cuesta Duarte del PIT-CNT presentó el jueves un informe sobre la distribución funcional del ingreso en Uruguay. El estudio concluye que, pese a alcanzarse un registro de 1,25 millones de asalariados en 2025 y una recuperación del salario real del 32% respecto a 1998, la participación de la masa salarial —la suma total de las remuneraciones que reciben los trabajadores asalariados de la economía— se ubica en un 40,7% del Producto Interno Bruto (PIB).

Este valor resulta idéntico al registrado en 2019 y se ubica un 12% por debajo del nivel de 1998, lejos del máximo registrado en 2001, cuando la masa salarial alcanzó el 47,4% de la economía.

Por otra parte, el informe también constata que el promedio de horas semanales trabajadas descendió de 42 a cerca de 38 horas en el mismo período, lo que implica una reducción en la intensidad horaria individual a lo largo de la serie histórica.

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Más allá de los datos técnicos, la presentación planteó pistas sobre la posición del PIT-CNT de cara a la ronda de negociación colectiva fijada para mediados de 2027, donde convergerán prácticamente la totalidad del sector privado y el sector público.

Durante la exposición, el director del Cuesta Duarte, Milton Castellano, explicó que el objetivo central del trabajo es modificar los insumos con los que las filiales sindicales estructuran sus plataformas reivindicativas.

Castellano señaló que Uruguay fue un país inflacionario durante varias décadas y que la costumbre de los sindicatos era medir el logro salarial únicamente en comparación con la evolución de los precios, bajo la histórica premisa de lograr aumentos equivalentes al "IPC más dos".

El dirigente sostuvo que, en el contexto actual de menor inflación, el movimiento sindical busca centrar su mirada en el concepto más amplio de la desigualdad. Sumar esta dimensión implica un cambio metodológico en las negociaciones: ya no se busca evaluar el salario solo en función del poder adquisitivo o la inflación, sino en comparación con el crecimiento general de la economía.

Castellano cuestionó la postura tradicional del sector empresarial de que primero es necesario "agrandar la torta para luego repartirla". Al respecto, el dirigente fue contundente: "La torta creció, pero lo que perdió el salario en las crisis no te lo devuelve nadie", argumentando que los números demuestran que la economía en su conjunto creció a un ritmo mayor que la masa salarial.

En el mismo sentido, los economistas del instituto señalaron que durante las crisis se generan caídas en la participación de los asalariados que terminan traduciéndose en una transferencia irrecuperable de ingresos hacia el excedente de explotación y las rentas del capital.

Asimismo, Castellano indicó que incorporar la distribución del ingreso en la negociación colectiva obliga a discutir temas de fondo que van más allá del sueldo, como la productividad, el impacto de la tecnología en el empleo y la revisión de las calificaciones laborales.

Como antecedente, destacó la creación de un observatorio de productividad en el convenio del sector de la construcción y los espacios de diálogo abiertos con el comercio y la industria. Respecto a la tendencia a firmar convenios colectivos a más largo plazo, como los acuerdos a cinco años en la construcción o el sector portuario, Castellano consideró que la factibilidad de estos plazos depende de la estabilidad macroeconómica y de los contenidos pactados en cada negociación.

Frente al escenario macroeconómico actual, la economista del instituto Alejandra Pico valoró el alineamiento de la inflación con las metas del Banco Central y la mayor credibilidad en la política monetaria. Pico indicó que la estabilidad inflacionaria beneficia a los trabajadores al otorgar previsibilidad, pero enfatizó que la inclusión de correctivos por IPC en los convenios sigue siendo una condición necesaria. Según explicó, este mecanismo funciona como un seguro para garantizar el mantenimiento del poder de compra, sobre el cual se deben acordar los incrementos reales al momento de negociar las pautas de cada convenio colectivo.

En el tramo final del intercambio con la prensa, los técnicos del Cuesta Duarte indicaron que el análisis sobre el PIB se complementa directamente con las investigaciones sobre salarios sumergidos. Señalaron que la desigualdad no solo se verifica entre el capital y el trabajo, sino también en el reparto interno de la masa salarial.

En ese sentido, explicaron que el impulso sindical en rondas anteriores para establecer pautas diferenciales en los ingresos más bajos —especialmente en la franja cercana a los 25.000 pesos— buscó atender de forma prioritaria la situación de los hogares de menores recursos y funcionó como una de las herramientas más determinantes para reducir los niveles de pobreza.

Para el año 2026, las estimaciones del instituto proyectan un leve incremento en la participación salarial dentro del PIB. No obstante, los economistas aclararon que este movimiento no responderá a un dinamismo de los ingresos o del empleo, sino a un ritmo de crecimiento más modesto de la economía en general.

Con este diagnóstico sobre la mesa, el PIT-CNT prevé distribuir el documento a todos sus sindicatos para promover un debate interno que contemple la brecha distributiva en las futuras plataformas.

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