¿El año de la reducción de la jornada laboral?: lo que piensa el gobierno, los empresarios y el PIT-CNT
La actual administración quiere que la modificación quede plasmada en una ley; empresas y sindicatos también tienen sus propuestas
1 de abril de 2026 5:00 hs
Reducción de la jornada laboral
Un convenio de la Organización Internacional del Trabajo (OIT)de 1935, no ratificado por Uruguay, ya mencionaba la reducción de la jornada laboral. Varios países tienen ejemplos, a favor y contra, sobre ese cambio en el mundo del empleo. Todos estos aspectos se analizan a nivel local entre el gobierno, los empresarios y la central sindical, en un año donde parece que la iniciativa avanza.
Días atrás, las tres partes involucradas coincidieron en un ciclo sobre el mercado de trabajo.
El primero en abrir el juego fue el subsecretario de Trabajo, Hugo Barreto, quien recordó que dentro de la hoja de ruta del Frente Amplio para este período estaba incluida la reducción de la jornada laboral. “Hay un rezago (en Uruguay) y la idea es acercarnos a la reducción del tiempo de trabajo que es una tendencia más generalizada desde hace muchos años”, dijo durante su presentación del evento organizado por la Sociedad Uruguaya de Gestión de Personas.
El jerarca mencionó la existencia del convenio 47 de la OIT de 1935 que plantea la disminución a 40 horas semanales. A nivel global hay varios países que adoptaron lo planteado por el texto del organismo internacional y otros buscan implementarlo. Incluso, Barreto recordó que ya hay sectores puntuales del sector privado uruguayo donde se aplica una reducción de la carga horaria semanal sin pérdida salarial.
La intención oficial es que el cambio quede plasmado en una ley, aunque no de manera inmediata. El primer paso es que se comience a buscar consensos en el Consejo Superior Tripartito del sector privado, el ámbito de gobernanza de la negociación colectiva. Allí se debería acordar un marco general para luego ser trasladado a las negociaciones de las distintas ramas de actividad.
_CDS3998.webp
Camilo dos Santos
La primera oposición fue planteada por el asesor jurídico Pablo Durán, representante empresarial en el Consejo Superior Tripartito. En este caso tomó como ejemplo a Chile y a un informe elaborado por el Banco Central de ese país. Según expuso, ese documento ratifica el impacto negativo de la medida en el empleo. “Las empresas no pueden soportar los costos de la reducción de la jornada de trabajo y terminan sustituyendo mano de obra por tecnología”, advirtió.
A nivel local marcó que se asiste a un escenario de empresas con falta de competitividad y altos costos laborales. Desde su visión se requieren cambios en el mundo del trabajo, pero no como lo plantea el gobierno. “Debe haber flexibilización; adaptar el contrato laboral a las vicisitudes del mercado o del trabajador. Una redistribución que concentre mayores horarios en determinados días de trabajo para tener más días de asueto”, expuso.
“Sabemos que es un tema que está en agenda, pero creemos que es un golpe letal a la estabilidad de las empresas que se va a traducir en pérdida de empleos y en la precarización de las condiciones de trabajo”, concluyó.
Reducción de la jornada laboral: el ejemplo de Islandia
La defensa sindical a la propuesta estuvo a cargo del presidente del PIT-CNT, Marcelo Abdala. El primer ejemplo elegido en su caso fue Islandia. La experiencia en el país nórdico se desarrolló entre 2015 y 2019 con la participación de 2.500 compañías que aplicaron la reducción de la jornada laboral sin pérdida de salario. Abdala comentó el resultado: la productividad se mantuvo o creció, el bienestar de los trabajadores mejoró drásticamente y la tasa de desempleo fue baja.
20250425 Entrevista a Marcelo Abdala.
Foto: Inés Guimaraens
Otro país mencionado fue Reino Unido con un plan piloto que incluyó a 61 empresas. El dirigente sindical contó que se verificó una caída del 57% en la cantidad de empleados que abandonan el trabajo. Un tercer ejemplo fue Portugal con una propuesta que involucró a 40 empresas y tuvo una valoración positiva del 95%.
Desde su visión la modificación puede aplicarse sin afectar una mejora de la productividad. Además, el tiempo libre podría utilizarse para que los trabajadores obtengan una mejor capacitación o amplíen sus estudios, añadió.
“Estoy convencido que se pueden generar convergencias para apuntar a un gran acuerdo nacional”, sostuvo el presidente de la central sindical, con la aspiración de que la medida se transforme en ley. Por último manejó que mientras tanto se podría recorrer el camino europeo con la puesta en práctica a través de planes piloto.
El cuarto exponente fue el asesor jurídico de la Cámara de Comercio, Diego Yarza. En primera instancia contrastó con el ejemplo islandés de Abdala y expresó que en enero de este año la tasa de desocupación había crecido a 103%. “Eso debe tener alguna causa”, deslizó.
Afirmó que concretar una reducción de la jornada laboral sin pérdida salarial constituye un aumento de sueldo encubierto. “Si disminuyen las horas y el salario se mantiene lo que aumenta es el costo por hora. Eso se traduce en dos variables: afectación del empleo o de los precios”, dijo.
En el caso de traslado a precios también hay dos perdedores: el consumidor que pagará más por el producto y la propia empresa que perderá competitividad contra rivales. “Termina siendo un círculo vicioso”, concluyó el asesor empresarial.