Un estudio reciente ha puesto de manifiesto la creciente agresividad y polarización en las respuestas a las publicaciones del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en X (anteriormente conocida como Twitter).
El análisis, liderado por la investigadora María Luisa Carrió-Pastor, de la Universitat Politècnica de València (UPV), se centró en las respuestas a los tuits de Sánchez durante una semana específica en mayo de 2022, ha revelado que aproximadamente una de cada cuatro respuestas (el 23,6%) contiene lenguaje o imágenes agresivas.
El poder del anonimato y la inmediatez
Según Carrió-Pastor, la combinación de anonimato y rapidez de la red social favorece una mayor expresión de emociones negativas y una reducción de la cortesía comunicativa. En lugar de promover un diálogo constructivo o un intercambio de argumentos, muchas respuestas tienden a atacar al presidente de forma personal. Este fenómeno se incrementa cuando los usuarios, al no ser identificables, se sienten más libres para expresarse sin consecuencias, lo que contribuye a una escalada de la agresividad.
El estudio señala que las interacciones en X no son meros intercambios de opiniones, sino que a menudo se centran en la deslegitimación del adversario político, con insultos directos, descalificaciones y expresiones de desprecio. En este contexto, los mensajes tienden a ser más agresivos y menos propensos a fomentar el debate político genuino.
La agresividad visual: imágenes y memes como detonantes
Uno de los aspectos más reveladores del estudio es el uso de imágenes, memes y gifs, que han emergido como herramientas clave para fomentar la agresividad en las respuestas. De hecho, el análisis mostró que un tercio de las imágenes que acompañaban las respuestas a Pedro Sánchez estaban relacionadas con mensajes agresivos. Carrió-Pastor destaca que estos componentes visuales no solo amplifican el impacto emocional del mensaje, sino que permiten que los ataques sean más ambiguos y difíciles de moderar o censurar. Además, las imágenes tienen el potencial de viralizarse rápidamente, lo que contribuye a una diseminación más amplia de los mensajes agresivos.
El estudio identificó patrones recurrentes de caricaturas ofensivas, montajes despectivos y símbolos asociados a la descalificación, que se utilizan frecuentemente para atacar al presidente. Este uso de imágenes no solo potencia la agresividad digital, sino que también genera un fuerte impacto emocional que contribuye a la polarización de la conversación pública.
El contexto de la adquisición de X por Elon Musk
El estudio también ofrece una reflexión sobre el contexto en el que se produce esta agresividad. Tras la adquisición de X por Elon Musk, muchos pensaron que la plataforma podría suavizar su tono o perder relevancia. Sin embargo, Carrió-Pastor sostiene que la agresividad no ha disminuido, sino que sigue siendo un rasgo distintivo de X. Según la investigadora, la plataforma sigue siendo el espacio por excelencia para expresar opiniones políticas de forma directa, a diferencia de otras redes sociales como Instagram o TikTok, que priorizan los contenidos visuales.
Un reflejo de la evolución lingüística y social
Desde un punto de vista lingüístico, el estudio de Carrió-Pastor también ofrece una mirada sobre cómo las redes sociales están cambiando el lenguaje. El comportamiento de los usuarios en X refleja la manera en que el ser humano se adapta a los restricciones de comunicación, como el límite de caracteres en un tuit, para expresar de manera directa y a veces agresiva sus puntos de vista.
El estudio señala que el fenómeno de la agresividad no solo afecta la interacción política en España, sino que es una tendencia global, donde las redes sociales han transformado la manera en que las personas se comunican, tanto en el ámbito político como en otros.
Más polarización
El análisis de Carrió-Pastor subraya un fenómeno inquietante en la interacción digital contemporánea: la creciente agresividad en las interacciones políticas y el uso de las redes sociales para atacar al adversario en lugar de fomentar un debate civilizado. Esto no solo tiene implicaciones para la calidad del discurso público, sino también para la polarización de la sociedad, que se ve amplificada por las características propias de las plataformas digitales.
En este contexto, es urgente reflexionar sobre el papel de las redes sociales en la formación de la opinión pública y cómo las plataformas pueden ser reguladas para promover una comunicación más respetuosa y constructiva, sin que ello implique limitar la libertad de expresión.
Este estudio pone sobre la mesa una realidad que no puede ser ignorada: las redes sociales están jugando un papel central en la dinámica política actual, y su influencia no puede ser subestimada en un momento de creciente polarización social.