4 de noviembre 2025 - 10:34hs

Barcelona atraviesa uno de los momentos más críticos de la última década en materia de exclusión residencial. Mientras las entidades sociales alertan de un aumento sin precedentes de personas que viven en la calle, la lista de espera para acceder a un piso de emergencia social alcanzó cifras récord y mantiene a cientos de familias atrapadas en un limbo administrativo.

En un contexto de crisis de vivienda, precios tensados y falta de políticas estructurales, el Ayuntamiento de de Barcelona reclama al Gobierno catalán una implicación mucho mayor ante lo que ya describe como una “emergencia humanitaria”, según describe el periódico La Vanguardia.

Un aumento récord de personas sin techo

En ese sentido, se detalló que los equipos de atención de Barcelona detectaron en septiembre a 1.583 personas durmiendo en la calle, un aumento del 23 % en un año, según los últimos recuentos municipales. Son cifras que Barcelona no registraba desde hace más de una década y que, según fuentes del área social, “muestran una crisis enquistada que ya no puede afrontarse solo con recursos asistenciales”.

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En total, el Ayuntamiento estima que casi 5.000 personas están en situación de sinhogarismo en la ciudad. La mayoría se refugia en recursos temporales, albergues o dispositivos de urgencia que llevan años funcionando al límite.

La presión también se siente entre las familias: el 45 % de las personas alojadas en recursos municipales son menores de edad, lo que evidencia el avance de un fenómeno que ya no afecta únicamente a perfiles cronificados, sino a hogares enteros expulsados del mercado de vivienda.

Más demanda que recursos: colapso en los pisos de emergencia

Mientras crece el número de personas sin techo, la Mesa de Emergencias Sociales —que gestiona los pisos para situaciones críticas— se encuentra totalmente desbordada.

A junio y julio de 2025, Barcelona acumuló 749 expedientes aprobados pendientes de adjudicación, la cifra más alta desde 2015. Son familias que han acreditado vulnerabilidad extrema —desahucios, violencia de género, pérdida abrupta de vivienda o riesgo social grave— pero que siguen sin una solución habitacional inmediata.

La lista no deja de crecer:

  • 680 personas en noviembre de 2024

  • 727 en abril de 2025

  • 747 en junio

  • 749 en julio

Esta situación, denuncian entidades vecinales, “prolonga el sufrimiento de familias enteras que ya han pasado por un proceso traumático” y las deja en recursos provisionales, pensiones o incluso en la calle.

51 millones para una emergencia que no se frena

Pese a haber destinado 51 millones de euros en 2025 —un 89 % más que hace diez años— para atender a las personas sin hogar, el Ayuntamiento admite que el esfuerzo municipal no basta. Solo en alojamiento temporal invierte 38 millones, dando respuesta a unas 3.000 personas al mes, pero sin capacidad para frenar el aumento de la demanda.

Desde el consistorio insisten en que el fenómeno del sinhogarismo se ha transformado: ya no se trata solo de personas cronificadas, sino de familias trabajadoras que no pueden acceder a un alquiler, víctimas de desahucios y personas con problemas de salud mental que no encuentran respuesta en el sistema.

“Barcelona no puede sola”, señalan fuentes municipales, que reclaman a la Generalitat liderar un plan integral que abarque vivienda, salud, educación, empleo y salud mental, con objetivos y financiación concretos.

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El Ayuntamiento reclama liderazgo de la Generalitat

El consistorio considera que la Generalitat no está asumiendo sus competencias en vivienda y atención a las personas sin hogar. Denuncia que la falta de un plan catalán de lucha contra el sin hogarismo deja a los municipios sin herramientas estructurales y obliga a Barcelona a responder de forma reactiva a una crisis que se agrava año tras año.

El llamamiento es claro:

  • Más vivienda asequible y pública.

  • Más profesionales para salud mental.

  • Coordinación real entre departamentos.

  • Refuerzo de los recursos para menores y familias.

  • Estrategias preventivas para evitar expulsiones residenciales.

Mientras tanto, las calles de la ciudad son hoy el último recurso para cientos de personas que no encuentran otra alternativa.

El drama de las personas sin techo se ha convertido en uno de los grandes retos de Barcelona. Las entidades sociales alertan de que la falta de vivienda digna empuja a vidas enteras a la precariedad extrema. Y el colapso de los pisos de emergencia social —último eslabón antes de la calle— revela un sistema tensionado hasta el límite.

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