4 de noviembre 2025 - 12:25hs

Desde el 10 de abril y hasta el mes de octubre, los salones del Palacio albergarán una exposición que promete ser la muestra jamás soñada, totalmente dedicada al guardarropa de la monarca, fallecida en 2022, y cuyas entradas, con un precio de 22 libras comenzaron a venderse este martes.

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200 vestidos nunca vistos

Serán cerca de 200 piezas —muchos nunca vistos— que recorrerán siete décadas de reinado a través de tejidos, costuras y colores. “El guardarropa de Isabel II era una lección magistral de simbolismo, costura y artesanía británica”, “El guardarropa de Isabel II era una lección magistral de simbolismo, costura y artesanía británica”,

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explicó la comisaria Caroline de Guitaut. Y basta repasar el listado para entenderlo: vestidos de ceremonia, abrigos impecables, pañuelos que se volvieron iconografía pop, y por supuesto, los sombreros que definieron su silueta en el imaginario global.

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El estilo que narró un país

La exposición, titulada Queen Elizabeth II: Her Life in Style, no se limita a mostrar moda: aspira a contar una biografía a través de la ropa. Así lo resume el diseñador Christopher Kane, uno de los creadores convocados junto a Erdem Moralolu y Richard Quinn: “Las prendas de la difunta reina cuentan la historia de Reino Unido y de la identidad cambiante del país a través de la moda”.

Casi la mitad de las piezas se exhibirá por primera vez, según el Royal Collection Trust. Entre ellas aparecerán joyas históricas firmadas por Norman Hartnell, el modisto más asociado a la soberana:

El vestido de novia de la entonces princesa

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Con el auge de la alta costura británica en la década de 1940, la princesa Isabel comenzó a trabajar con Norman Hartnell, quien se convirtió en su diseñador más influyente durante las tres décadas siguientes. Su posición como el modisto más importante de Gran Bretaña quedó consolidada cuando fue elegido para diseñar su vestido de novia en 1947 y su vestido de coronación en 1953, ambos presentes en la exposición.

El atuendo de coronación de 1953, cuya estructura y bordados se estudiaron durante meses.

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El vestido azul que llevó en la boda de la princesa Margarita en 1960.

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Sombreros, colores vibrantes y la reina que nunca pasó inadvertida

La muestra también rescata piezas de su vida cotidiana, un terreno donde Isabel II cultivó un estilo propio que parecía sencillo pero estaba lleno de intenciones. Habrá atuendos de equitación, su refugio personal, y un impermeable transparente de Hardy Amies de los años sesenta, sorprendentemente moderno para su tiempo.

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La reina, que medía poco más de 1,60 metros, compensaba su estatura con una estrategia que hoy cualquier estilista celebraría: colores enérgicos, conjuntos monocromáticos y sombreros a juego que le permitían ser identificada incluso desde una multitud. Ese código visual —práctico y ceremonial— se convirtió en su firma.

Un retrato íntimo a través de la ropa

Quienes recorran la exhibición no sólo verán prendas, sino escenas: la joven princesa que se casa en un país que aún se reconstruía de la guerra; la soberana recién coronada en la austera posguerra; la figura diplomática que viaja a Washington; la mujer que monta caballos en los campos de Balmoral. Cada vestido, cada sombrero, cada pañuelo es una pieza del relato.

La exposición será, en definitiva, un homenaje al lenguaje silencioso que Isabel II dominó como pocas figuras públicas. Un lenguaje hecho de texidos, colores y presencia, capaz de narrar un reinado entero. Y, a partir de 2026, abierto por primera vez cuando la reina más popular de la historia cumpliría 100 años.

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