7 de abril de 2026 9:23 hs

Mientras Donald Trump predica que la ira divina caerá sin piedad sobre Irán de la mano de EE.UU., la reapertura del estrecho de Ormuz, para ser estrictos, ya está en marcha.

Claro que no en los términos en que el presidente estadounidense tiene en mente.

En plena cuenta regresiva de su aplazado ultimátum para la normalización del comercio en ese crítico corredor marítimo, el régimen iraní viene avanzando en sus propios planes de “reapertura”.

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El tráfico a través del canal que conecta al Golfo Pérsico con el mundo alcanzó este fin de semana su nivel más intenso desde que Teherán paralizó por completo la navegación por donde circula el 20% del petróleo global.

Fueron 21 buques, un reflejo de cómo el régimen iraní está acelerando los acuerdos de paso seguro con distintos países para ir gestando un esquema de tránsito bajo su total vigilancia y usufructo.

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Está muy lejos de los 135 buques que pasaban cada día por el estrecho.

Pero es el primer paso para la ley que impulsa Teherán, con la que piensa formalizar y sistematizar lo que por ahora es una práctica más bien opaca.

Nadie sabe muy bien cómo se pactan las condiciones de paso seguro ni mucho menos cómo se definen los “peajes”, las tarifas que se negocian por permitir usar el canal y que llegan hasta u$s 2 millones.

La creciente desesperación por la falta de suministro y los precios de los combustibles disparados predispone a los países a ceder a las imposiciones iraníes.

Después de todo, como bien saben sus vecinos del Golfo, su pretensión de control sobre el estrecho supone un reclamo de soberanía sin ningún fundamento.

Una reapertura que pronto busca formalizar con una ley

Si bien los buques iraníes siguen dominando el tráfico, el domingo un buque cisterna que transportaba crudo iraquí atravesó el estrecho. Irán explicó que concedería una exención al "hermano Irak".

Aparte de un sistema de oleoductos que atraviesa Turquía, Irak depende básicamente del canal.

Las exportaciones de petróleo iraquíes se desplomaron aproximadamente un 97% en marzo, hasta un promedio diario de 99.000 barriles, en comparación con el mes anterior.

India es otro socio “amigo”, que negoció la salida de algunos buques e incluso recibió gas licuado de petróleo iraní por primera vez en años.

La semana pasada Irán ofreció a Pakistán 20 espacios para retirar buques del Golfo, más de los que actualmente tiene varados tras el Estrecho de Ormuz.

También han transitado por la zona buques vinculados a Japón, China, Turquía, Grecia y Tailandia.

Más interesante todavía, se registró incluso un portacontenedores de propiedad francesa en lo que parece ser el primer tránsito de un buque vinculado a Europa Occidental.

Y hubo hasta un pedido de Corea del Sur a Teherán para que desbloquee sus barcos que acusó la furia de Donald Trump. "¿Saben quién no nos ayudó? Corea del Sur no nos ayudó. Tenemos 45.000 soldados allí para protegerlos de Kim Jong Un...", explicó el presidente de EEUU con su particular y mordaz estilo.

También Corea del Sur busca volver a transitar por el estrecho de Ormuz, lo mismo que países insospechados de apoyar a Irán como Australia y Japón.

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Teherán habilita una nueva ruta que bordea la costa de Omán

Hasta ahora, las embarcaciones siempre se comprometían a seguir una ruta indicada meticulosamente por Teherán.

Debían mantenerse cerca de la costa de Irán. pasando entre las islas de Larak y Qeshm, lo que no sólo permitía un control de toda la travesía sino que aseguraba el cobro del peaje.

Pero el domingo anunció que había negociado flexibilizar ese único trayecto. El acuerdo fue con Omán, que comparte las aguas del estrecho.

Se habilitó así un recorrido a lo largo de la orilla opuesta, bordeando la costa del país.

La necesidad de esta nueva opción estaría relacionado con las limitaciones de la ruta iraní.

Su menor profundidad y sus curvas más cerradas podrían hacer imposible que circulen los petroleros más grandes.

Dos buques de Qatar con GNL intentan cruzar el estrecho

El mundo prestó mucha atención cuando se detectaron dos buques cisterna de gas natural licuado procedentes de Qatar.

Se encontraban en el Golfo Pérsico, en un intento por atravesar el estrecho. Pero luego cambiaron su destino a Pakistán tras, al parecer, descartar la idea.

Hasta el momento, ningún buque de GNL cargado transitó por el estrecho de Ormuz desde que EE.UU. e Israel iniciaron los ataques contra Irán a finales de febrero.

Esta reapertura arbitraria, de amigos, rentada, es un escenario desastroso.

Mejor que un cierre total, podría decirse. Pero más allá de su ilegalidad, está lejos de garantizar una regularización del suministro y un enfriamiento de los precios.

Por otro lado, las promesas de EE.UU. de devastación de la infraestructura, con las represalias que generaría en el resto del Golfo, y el tiempo que llevaría recuperar la capacidad de producción perdida, son un escenario catastrófico.

A Trump siempre hay que tomarlo con pinzas, es cierto. Pero la retórica escatológica no parece funcionar con los iraníes.

Simplemente dicen que van a liberar Ormuz una vez que hayan podido cubrir con los peajes los daños ocasionados por la guerra.

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