10 de julio 2025 - 8:57hs

Durante más de tres décadas, el sector farmacéutico fue inmune a las tarifas por un acuerdo de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Hasta que llegó Donald Trump, claro.

El presidente de EE.UU. mantuvo por un tiempo a la industria al margen de su embestida arancelaria. Hasta que cambió de idea, por supuesto. Y amenazó con una tasa del 25%.

Trump inició una investigación del sector, antesala de su aplicación, pero no había bajado el pulgar todavía.

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El martes, sacudió a la industria farmacéutica al anunciar que finalmente sí deberá pagar aranceles aunque recién dentro de un año. El detalle: una tarifa descabellada del 200%.

En la lógica Trump, el grado de probabilidad de ocurrencia es insondable. Ya pasó otras veces que amenazó exactamente con tarifas del 200% -sin ir más lejos al vino español- y después se echó atrás como si nada hubiera pasado.

Lo que es evidente es que el resultado no puede estar más lejos de lo que se proponía la Unión Europea, más allá del logro -todavía frágil- de la tarifa universal del 10% -en reemplazo de la tarifa recíproca original del 20% y la que siguió del 50% en un rapto de enojo del presidente de EE.UU.

Europa vende casi el 40% a EE.UU.

  1. EE.UU. es el principal destino de las exportaciones extracomunitarias de productos farmacéuticos
  2. En 2024 concentró el 38,2% del total.
  3. Fueron casi 130.000 millones de euros.
  4. Le siguieron a bastante distancia Suiza (16,4%) y Reino Unido (5,8%).
  5. La UE importa de EE.UU. casi tanto como exporta (38,5% vs. 38,2%).

El objetivo de negociar un arancel por debajo del 10% para algunos sectores críticos, como el farmacéutico, que es el que más exporta a EE.UU. y representa el 10% del PBI del bloque, chocó de frente con la cara más agresiva y desfasada de Trump.

Lo que hizo, en realidad, fue optar por esta fórmula que por un lado, da tiempo a las empresas para relocalizarse en suelo estadounidense -su objetivo último de atraer inversión- para después castigar con brutalidad a las que no lo hacen.

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España exporta poco, pero las ventas superan al aceite de oliva y al vino

La decisión afecta inevitablemente a España. Pero no tanto por su nivel de exportaciones. EE.UU. supone algo más del 6% del total.

Los laboratorios españoles (Faes Farma, Reig Jofre, Almirall) venden fundamentalmente a Europa.

Sólo la catalana Grifols tiene una fuerte exposición al mercado estadounidense, que concentra casi el 60% de sus ventas. Pero cuenta con la ventaja de contar con fábricas en EE.UU., lo que la protege del golpe tarifario.

España posee una industria fuerte: cuarta en Europa y novena a nivel global. Facturó 37.000 millones de euros el año pasado (2% del PBI) y exporta en total 18.500 millones. España posee una industria fuerte: cuarta en Europa y novena a nivel global. Facturó 37.000 millones de euros el año pasado (2% del PBI) y exporta en total 18.500 millones.

Aún así, dentro de las exportaciones españolas a EE.UU., los productos farmacéuticos son una de las más relevantes, con 1.145 millones de euros en 2024. Incluso, de 2023 a 2024 duplicaron su valor sobre todo gracias al impacto de la innovación y el precio de ese tipo de medicamentos nuevos.

Para tener una medida de comparación, las ventas de aceite de oliva alcanzaron en 2024 1.000 millones de euros y las de vino, 390 millones.

Por otro lado, el intercambio es muy desbalanceado. Las importaciones de medicamentos desde EE.UU. superan en seis veces lo que se exporta (6.000 millones de euros anuales).

El hub español de ensayos clínicos ve amenazadas las inversiones

Una de las formas en que España puede sentir en realidad con más fuerza el golpe que arrasará a la industria europea es el crecimiento de su pujante hub farmacéutico, el mercado del sector de más rápida expansión en Europa.

España llegó al tope del ranking europeo en ensayos clínicos gracias a políticas de incentivos impositivos y una mínima burocracia para agilizar el proceso de prueba de una droga.

El Gobierno ofreció deducciones impositivas de 33% a las grandes farmacéuticas que invirtieran en investigación y desarrollo (I&D), el doble que el promedio europeo.

También ayudó a los empleados que debían trasladarse a España con rebajas impositivas, incluyendo la llamada Ley Beckham, que permite a extranjeros pagar una menor tasa por sus ingresos por un cierto período.

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La industria lo compró. En los últimos años desde AstraZeneca hasta Novartis y Roche se instalaron en España.

El presidente Pedro Sánchez mantuvo a principios de año conversaciones con Johnson & Johnson, Daiichi Sankyo, Eli Lilly & Co y Sanofi en La Moncloa en un intento por atraer más gigantes del sector.

Pero la competencia es dura para atraer inversiones. Y las compañías están por entrar en una zona de transición en la que deberán rever todo su negocio y tomar decisiones difíciles, desde relocalizar su producción hasta definir cuánto absorberán de las nuevas tarifas su política de precios.

Las farmacéuticas advertían ya un éxodo de la industria

Claro que las farmacéuticas no fueron tomadas por sorpresa. Sabían que la tormenta perfecta se estaba gestando.

Ya en abril, días antes de que Trump advirtiera que pronto aplicaría una tarifa del 25% al sector, la industria entera se reunió con la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.

Fueron lapidarias. Le explicaron que ante el eventual escenario de tarifas en EE.UU., si el bloque no lograba hacer nada al respecto, enfrentaba un potencial éxodo.

En una palabra, estaban preparadas para llevar su negocio a un lugar donde no tuvieran que pagar aranceles. Algunas, como la suiza Roche, ya tienen operaciones en EE.UU. Después del encuentro, hubo un comunicado sencillamente devastador. El sector no se guardó nada y pintó una cruda decadencia competitiva en Europa.

“EE.UU. aventaja a Europa en cada métrica inversora desde la disponibilidad de capital, la propiedad intelectual, la velocidad de aprobación y la recompensa a la innovación. Ahora con la incorporación de las tarifas, hay muy poco incentivo para invertir en la Unión Europea y estímulos significativos para relocalizarse en EE.UU.”

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Era la Federación Europea de Industrias y Asociaciones Farmacéuticas (EFPIA) que en su momento había advertido que hasta 16.500 millones de euros en inversiones previstas en el sector podrían trasladarse a EE.UU. y que los costos de producción aumentarían en 30.000 millones.

Pero claro, el cálculo era con un arancel del 25%. Con 200% no vale la pena hacer números. Vender a EE.UU. desde Europa se vuelve inviable.

Big Pharma de EE.UU. en el paraíso irlandés

  • Entre los países de la UE más expuestos a los aranceles sobre los productos farmacéuticos se encuentra Irlanda.
  • Alrededor de 24 compañías de EE.UU. están instaladas en el país, como Pfizer, Johnson & Johnson o Merck.
  • Irlanda funciona como un paraíso fiscal de baja tributación para minimizar facturas impositivas.
  • La industria farmacéutica emplea en el país a unas 45.000 personas y exporta a EE.UU. 72.000 millones de euros.
  • Otras jugadoras clave son Dinamarca, Bélgica y Alemania.

Pero Trump también está poniendo mucho en juego. Nadie sabe cómo va a seguir la historia. En qué nivel terminarán los aranceles. Si habrá una negociación que logre una revisión de la medida.

En todo caso, la industria estadounidense, sobre todo el sector de biotecnología que impulsa la innovación en el desarrollo de nuevas drogas, también puede salir perjudicada.

Casi el 90% de las compañías farmacéuticas estadounidenses depende de insumos importados para fabricar medicamentos aprobados.

Arrinconar así a Big Pharma europea es una jugada temeraria.

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