Sosa, por su parte, explicó que existen diferentes caminos para acceder a una consulta vinculada con la fertilidad. Algunas mujeres se acercan a su ginecólogo cuando comienzan a planificar la maternidad, mientras que otras llegan a un especialista en medicina reproductiva después de un período de búsqueda sin resultados.
El reloj biológico y la importancia de la información
La postergación de la maternidad por motivos personales, laborales o profesionales plantea nuevos desafíos para la medicina reproductiva. Aunque los proyectos familiares cambiaron, la edad continúa siendo un factor determinante en la fertilidad femenina.
“La edad óptima para la reproducción en la mujer sigue siendo entre los 20 y los 35 años”, explicó Sosa. Según señaló, la reserva ovárica disminuye con el paso del tiempo y tanto la cantidad como la calidad de los óvulos adquieren especial relevancia a partir de los 35 años.
La especialista advirtió que uno de los problemas es que muchas mujeres llegan a los 40 años sin haber recibido información suficiente sobre estos cambios. Por eso, destacó la importancia de incorporar el asesoramiento sobre fertilidad a las consultas ginecológicas, para que cada persona pueda tomar decisiones informadas sobre su proyecto de maternidad.
En ese sentido, también aclaró que una buena reserva ovárica no equivale necesariamente a una mayor fertilidad. Los estudios, como la medición de la hormona antimülleriana, aportan información sobre la reserva de óvulos, pero no constituyen por sí solos una prueba que permita determinar si una mujer puede lograr un embarazo.
La fertilidad depende de múltiples factores y debe evaluarse de manera integral, teniendo en cuenta la historia clínica y las circunstancias de cada paciente.
¿Cuándo conviene consultar por fertilidad?
El tiempo de búsqueda antes de solicitar una evaluación especializada también fue uno de los temas centrales del episodio.
Sosa explicó que, en parejas sanas menores de 35 años, se recomienda consultar después de un año de búsqueda de embarazo sin éxito. En cambio, cuando la mujer tiene más de 35 años, la recomendación es realizar una consulta después de seis meses.
Estos plazos pueden variar cuando existen antecedentes médicos que justifican una evaluación más temprana. La especialista mencionó, por ejemplo, las cirugías testiculares durante la infancia como una situación que puede requerir estudios previos en el varón.
La médica también señaló que la fertilidad no debe considerarse exclusivamente una cuestión femenina. En la consulta preconcepcional, la salud del hombre merece la misma atención, ya que las enfermedades crónicas, el consumo de tabaco, los hábitos cotidianos y otros factores pueden influir en la calidad del semen.
Además, explicó que la calidad seminal también puede disminuir con la edad, especialmente a partir de los 40 años, por lo que el acompañamiento médico debe contemplar a ambos integrantes de la pareja.
Preservar la fertilidad, una herramienta que no garantiza un embarazo
Para quienes desean postergar la maternidad, la preservación de la fertilidad mediante la congelación de óvulos es una alternativa que permite conservar ovocitos para utilizarlos en el futuro.
Sosa mencionó que el procedimiento consiste en estimular el desarrollo de varios folículos durante un ciclo, obtener los óvulos mediante una punción ovárica y conservarlos para un eventual tratamiento posterior. El proceso lleva aproximadamente 15 días.
La especialista indicó que la edad al momento de realizar el procedimiento es un aspecto fundamental. En particular, señaló que la preservación suele ser más favorable antes de los 35 años, cuando la calidad de los óvulos tiende a ser mejor.
Sin embargo, subrayó que se trata de una herramienta para ampliar las posibilidades reproductivas y no de una garantía de embarazo. El resultado dependerá de distintos factores, entre ellos la edad al momento de la congelación y las características de los óvulos preservados.
Sosa también advirtió que recurrir a la fertilización in vitro no asegura el éxito. Las probabilidades de embarazo varían según la edad de la mujer y las circunstancias de cada caso, por lo que consideró fundamental contar con información anticipada para evaluar las opciones disponibles.
Las pérdidas gestacionales y el acompañamiento emocional
El episodio también abordó una situación de la que, según Laujo, todavía se habla poco: la pérdida gestacional durante las primeras semanas del embarazo.
La ginecóloga señaló que estas pérdidas son frecuentes y que su incidencia se estima entre el 10% y el 25%, dependiendo de las series y las poblaciones estudiadas. Entre las causas más habituales de las pérdidas tempranas se encuentran las alteraciones cromosómicas del embrión.
Frente a estas situaciones, una de las preguntas que suelen aparecer es si la mujer hizo algo que provocó la pérdida. Laujo explicó que es importante brindar información médica para evitar que las pacientes se atribuyan responsabilidades que no les corresponden.
También destacó la necesidad de respetar el duelo, independientemente del tiempo de gestación. La reacción del entorno, que en ocasiones busca minimizar lo sucedido porque el embarazo era reciente, puede dificultar el proceso emocional.
“Hay que permitirse tener el duelo que corresponde frente a ese embarazo, a esa pérdida”, sostuvo la ginecóloga. En ese sentido, remarcó que el acompañamiento debe contemplar tanto la atención médica como el apoyo psicológico, teniendo en cuenta que la experiencia puede afectar de manera diferente a la mujer, su pareja y el resto de la familia.
Laujo también recordó que en Uruguay existe un marco normativo para la interrupción voluntaria del embarazo y para las situaciones en las que una interrupción responde a razones médicas. En esos casos, señaló, el sistema de salud cuenta con mecanismos de atención y acompañamiento para las pacientes.
Un abordaje integral de la salud reproductiva
Para las especialistas, la atención de la fertilidad requiere una mirada que vaya más allá de los estudios clínicos y los tratamientos. El acompañamiento psicológico, la nutrición, la endocrinología y el trabajo del equipo de embriología pueden formar parte del proceso, según las necesidades de cada paciente.
Sosa destacó especialmente el papel de la salud mental cuando una pareja lleva tiempo intentando concebir sin resultados. La incertidumbre y la duración de los tratamientos pueden repercutir en la relación y en la manera en que cada integrante atraviesa la búsqueda.
A su vez, ambas especialistas coincidieron en la importancia de que las consultas ginecológicas abran espacios para conversar sobre los proyectos reproductivos, sin dar por sentado que todas las mujeres desean ser madres ni que la fertilidad se mantendrá sin cambios a lo largo de la vida.
La información oportuna permite conocer las alternativas, evaluar los tiempos y tomar decisiones acordes con cada proyecto personal. Ese es uno de los ejes del primer episodio de Primeros Latidos, una propuesta de El Observador y Blue Cross & Blue Shield de Uruguay.