27 de junio de 2020 5:00 hs

La historia dirá que a sus 34 años llegó a la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF) para integrar su primer ejecutivo. Que a los 40, Ignacio Alonso asumió como presidente, en un cargo que históricamente estuvo reservado para quienes superaban la barrera de los 50 años. Que en su gestión de gobierno atravesó una de las crisis más importante en la historia del fútbol (la pandemia de coronavirus). Que en los 15 meses que lleva como presidente le torció el brazo a Nacional: lo hizo retroceder en sus medidas de fuerza, y ahora lo tiene sentado al lado nuevamente en el ejecutivo) y si el fútbol vuelve el 1° de agosto, también se lo habrá torcido al gobierno nacional.

En julio, con el regreso de los tricolores a la AUF, representados por Eduardo Ache, el presidente tendrá un nuevo desafío: gobernar con los vicios que tienen los grandes sentados en la misma mesa.

Históricamente el gobierno del fútbol uruguayo tuvo a representantes de Nacional y de Peñarol.  Sin ellos, repartiendo en partes iguales el poder, nada hubiera sido posible. También, los acontecimientos del siglo XXI cuentan que cuando uno estaba en buenos vínculos con el presidente de turno, el otro le retiraba la confianza.

Le pasó a Wilmar Valdez con Juan Pedro Damiani, quien le quitó el respaldo.

Le sucedió antes a Sebastián Bauzá, que sufrió las diferencias con Ache. En esas diferencias, que trascienden a Ache y Damiani, y que tuvo a otros actores a través del tiempo, se representa el desafío que le plantean a Alonso.

Se le plantea ahora porque aunque el presidente accedió al gobierno con el apoyo de los grandes, Nacional y Peñarol convivieron solamente medio año en el comité ejecutivo (mayo-noviembre 2020), hasta que Nacional hizo detonar todos los puentes. 

En noviembre José Decurnex cargó todas las culpas a los jueces porque su equipo dejaba puntos (si hubiese creído que las responsabilidades eran compartidas, habría tomado otras decisiones deportivas), le quitó la confianza a Alonso, retiró a Julián Moreno y a Aldo Gioia (mesa ejecutiva), y dejó renga a la AUF.

Durante los últimos siete meses, la Asociación funcionó sin uno de los grandes en la mesa. Finalmente, este mes Nacional decidió regresar con Ache al ejecutivo (sin que cambiara nada en la AUF de lo que el club exigió en noviembre), y vuelve a plantearse el mismo escenario que reinó en el fútbol uruguayo siempre. La lucha de intereses de los dos clubes por ser campeón, con la que tendrá que lidiar el joven presidente.

Alonso tendrá a favor la nueva conformación del ejecutivo, de siete miembros (hasta 2019 era de cinco), en el que el poder de los grandes se diluye. De la misma forma que los clubes profesionales pierden peso en el congreso. 

Antes del cambio de estatuto los clubes de Primera y Segunda tenían el 94% de los votos y hacían y deshacían a gusto en la AUF.

Actualmente el 60,5% (46 de 76 votos) los deja en desventaja, sin poder de decisión absoluto y obligados a negociar con un congreso que representa no solo al fútbol profesional, sino al amateur (con el Interior como abanderado) y a los grupos de interés (futbolistas, entrenadores y árbitros).

En esta historia, Alonso sabe muy bien lo que significan los grandes porque en marzo llegó al gobierno de la mano de Nacional y Peñarol, pero no lo hubiese conseguido si los futbolistas (ahora con Mathías Pérez en el ejecutivo) y el fútbol del interior (con Fernando Sosa) no hubieran volcado todo su peso, y así estos actores que estaban fuera del gobierno, se ganaron un espacio en las decisiones.

La nueva AUF, que exige grandes habilidades para gobernar a quien está al frente, brinda algunos hándicap: que la Asociación pueda funcionar durante siete meses sin Nacional, y que por más escándalo que Decurnex haya planteado, no cae el presidente.

En otras circunstancias, con la AUF que funcionó hasta marzo 2019, Alonso habría quedado en jaque y muy cerca de su salida. 

El nuevo estatuto, el reparto de poder y las habilidades naturales de Alonso (estilo conciliador, jamás va al choque, se llama a silencio y marca el rumbo y no se aparta) le dieron a su gestión y al gobierno otro respaldo.

Con la llegada de Ache, comienza una nueva etapa en la vida institucional de la AUF.

Por un lado, el expresidente de Nacional, un dirigente que marcó la vida de su club en los últimos 20 años y estuvo en las grandes decisiones de la AUF, será el caballito de batalla del ejecutivo en la negociación con Tenfield por los derechos de TV de las eliminatorias, que ya tenían a los futbolistas como un jugador fuerte. Y por otro, Alonso tendrá que mostrar su pulso con los grandes peleando por lo mismo: ganar el Campeonato Uruguayo.

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