12 de diciembre 2025 - 10:37hs

Cuando Salvador nació, pesaba apenas 850 gramos. Para María Noel Riccetto, su madre, la maternidad llegó antes de tiempo y de una forma abrupta, inesperada, tan delicada como ese cuerpo mínimo conectado a cables en el CTI neonatal. Entre la fe, la incertidumbre y el instinto más primario, comenzó un recorrido que cambiaría para siempre su forma de mirar la fragilidad —y la fuerza— de la vida.

El Observador presenta el vigésimo episodio de su ciclo audiovisual junto a Medicina Personalizada (MP), esta vez dedicado a los bebés prematuros, una temática que atraviesa no solo a las familias, sino también a los equipos que los acompañan desde la prevención, el nacimiento y los largos días en cuidados intensivos.

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María Noel recuerda que nunca quiso leer mucho sobre el embarazo. “Creo que inconscientemente elegí vivir esa etapa con mucha ignorancia, como un mecanismo de supervivencia”, dice. Cada control era una mezcla entre sorpresa y alivio. “El médico celebraba cada gramo que subía. Cuando me dijeron 600 gramos pensé en una botellita de agua”, agrega. Y cuando llegó el momento de volver a casa tras recibir el alta, pero sin su bebé, confiesa que fue “el peor sentimiento”.

La importancia de prevenir y acompañar

Para la Dra. Ana Bianchi, Médica Ecografista de MP, la clave está siempre en la prevención y en el acompañamiento continuo, incluso cuando el embarazo transcurre sin alertas. “Hay casos que no se pueden prever: se rompen membranas sin infección, aparece un hematoma, o simplemente el parto se desencadena antes. Por eso es tan importante seguir a las familias durante todo el proceso, estimular, transmitir confianza y apoyarse en la tecnología que hoy realmente ayuda muchísimo”, explica.

El rol de instituciones como la Fundación Álvarez Caldeiro Barcia también resulta fundamental. Bianchi detalla que su trabajo incluye sostener a los bebés prematuros del Hospital Pérez Scremini, mejorar equipamiento, fortalecer el CTI materno y sostener el Banco de Leche Humana, que abastece a todos los prematuros del país que lo necesiten.

El vínculo que también salva

Del otro lado de la incubadora, el neonatólogo Jorge Speyer recuerda una verdad simple: por más cables, sensores y respiradores, el contacto humano sigue siendo tan vital como la tecnología. “El niño responde al estímulo. Si lo hablás, si le agarrás la manito, si lo tocás con cuidado, eso cambia todo”, menciona. Además, cuenta que en Pérez Scremini incluso hay voluntarios que de noche hacen de “madres canguro” para brindar apego a los bebés que lo necesitan.

Speyer insiste en que el alta no es un salto al vacío, sino un proceso. “La madre reingresa con el bebé los últimos días para aprender a manejarlo. Es difícil, sí, pero pueden. Las madres pueden todo”. Lo dice después de décadas viendo a mujeres enfrentar miedos, sostener rutinas agotadoras y aprender a leer el lenguaje silencioso de un hijo diminuto, pero profundamente fuerte.

Entre testimonios y experiencias, este episodio expone un universo tan sensible como esperanzador: el de quienes llegan al mundo antes de tiempo y el de quienes los reciben para ayudar a que, pese a todo, puedan empezar a crecer.

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