Las charlas se repiten con frecuencia: cómo salió el agua de la canilla, si hubo algún apagón masivo, qué refleja la tarifa de la UTE, cuánto demora el ómnibus. Son parte de la marcha cotidiana, pero pocas veces la percepción se mide con rigor científico.
Por eso la nueva encuesta de El Observador y académicos de la Udelar que podés responder aquí, busca conocer las opiniones sobre algunos servicios públicos y la imagen de algunas empresas del Estado que proveen parte de ellos.
Como en cada sondeo de esta asociación entre El Observador, la Unidad de Métodos y Acceso a Datos de la Udelar y el docente en Estadística Juan Pablo Ferreira, con tu participación anónima competís por pasajes a Buenos Aires.
¿En Uruguay pasa lo mismo que en otros donde quienes evalúan peor el transporte público colectivo son los que menos lo usan? ¿Ocurre que el oficialismo tiende a tener una imagen más positiva que la oposición —sin importar cuál sea el oficialismo— sobre aquellas empresas en que su directorio tiene la mayoría de cargos políticos del partido gobernante? ¿El precio de cada servicio es razonable con lo que brinda o con la capacidad de generación que tiene la zona?
Para tener buenas inferencias estadísticas, tu participación (y de todas las personas con las que quieras compartir el enlace) es clave. Aquí podés responder.
¿De qué va el proyecto de encuesta?
Hace dos años El Observador comenzó junto a algunos académicos de la Universidad de la República —incluyendo a Juan Pablo Ferreira del Instituto de Estadística— una búsqueda de complemento entre el periodismo y la academia para acercarse a datos con rigor científico. Informar con precisión.
Era una apuesta compleja que intentaba probar metodologías que se están debatiendo en el mundo como (posible) solución a los altos costos de las encuestas cara a cara, telefónicas y las bajas tasas de respuestas. Implica una labor de los técnicos que, como se explica cada vez que se publican los resultados, es más compleja de lo que se piensa. Puede leerlo usted en cualquiera de las notas ya publicadas aquí.
No es la panacea, tiene sus limitaciones, pero en las dos vueltas electorales de 2024 esos métodos chocaron contra la realidad de las urnas y fueron calificadas (por la academia) en el top de las encuestas que mejor “predijeron” los resultados. Y si bien hasta un reloj roto da la hora exacta dos veces al día, el trabajo serio y el cuidado riguroso del anonimato y datos personales permitió ir poco a poco validando cada vez más la herramienta (hasta se han basado documentos académicos validados por pares usando resultados).