El Poder Ejecutivo anunció este miércoles una suba en las tarifas de combustibles que estará vigente desde el jueves 1° de octubre en todas las estaciones de servicio del país. La corrección al alza llega luego de tres meses en que los precios se mantuvieron sin cambios, pese a que los valores internacionales registraron alzas importantes.
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La nafta Súper 95 —la más comercializada— sube $ 1,78 y pasa de $ 88,67 a $ 90,45 por litro.
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El gasoil 50S sube $4,11 y pasa de $ 58,68 a $ 62,79 por litro.
Los ajustes se ubican por debajo de lo que marcaban los Precios de Paridad de Importación (PPI) que publica la Ursea. Si se hubiera seguido esa regla para corregir totalmente la brecha con los precios locales, el ajuste en la nafta Súper 95 debería haber sido de $ 4,90 y en el gasoil de $ 21,86.
Las últimas semanas estuvieron marcadas por precios de refinados en EE.UU. superiores a los picos registrados al inicio de la guerra en Medio Oriente, tensiones en la oferta global de diésel y, fundamentalmente, un nuevo repunte del petróleo que se consolida por encima de los US$ 90 por barril.
En los hechos, el encarecimiento de la materia prima es la variable determinante que mueve el escenario: por más que el margen de refinación amortigüe la brecha con el producto procesado, un barril más caro aumenta directamente lo que a Ancap le cuesta comprar cada nuevo barco de petróleo.
En meses anteriores, el gobierno pudo evitar el traslado de las variaciones internacionales a los precios locales gracias al efecto amortiguador de la estatal. Como informó El Observador días atrás, la clave detrás de la contención inicial de las tarifas radicó en el comportamiento de estos márgenes, impulsados por una brecha atípica entre el costo del crudo y el valor de los productos procesados. Las tensiones geopolíticas y los ataques a instalaciones petroleras redujeron la oferta mundial de destilados, haciendo que el diésel terminado se encareciera en el exterior a un ritmo mucho mayor que el petróleo sin procesar.
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El oxígeno de la refinería y el límite del crudo caro
Dado que Ancap compra el crudo y lo refina en La Teja, fabricar el combustible en el país cuesta menos que la referencia teórica de importarlo ya procesado (PPI). Ese diferencial dio lugar a márgenes de refinación extraordinariamente altos —en niveles superiores incluso a los picos de 2022 y 2023—, generando un margen técnico a favor de la empresa estatal.
Ese "colchón" financiero permitió al Ejecutivo dilatar la suba sin que la empresa entrara de inmediato en pérdidas. Para sostener las tarifas congeladas, Ancap resignó capturar ese ingreso extraordinario, utilizándolo para amortiguar el surtidor y mantener la caja para cubrir sus costos operativos, sus compromisos financieros y la compra de insumos, según autoridades del ente.
Sin embargo, por más beneficiosa que resulte la producción local, ningún margen técnico alcanza para neutralizar de forma indefinida el impacto de un barril en ascenso. Depender de ganancias extraordinarias para contener las tarifas frente a una materia prima cara tenía, tarde o temprano, fecha de vencimiento.