29 de abril de 2026 5:00 hs

El histórico bar El Hacha, ubicado en la esquina de Maciel y Buenos Aires de la Ciudad Vieja, tiene una nueva vida. Una más en su larga historia que transcurre a través de cuatro siglos.

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Desde el 2 de febrero funciona allí el primer “comedor comunitario”, en términos del Ministerio de Desarrollo Social (Mides). La propuesta es diferente a la del resto de los comedores, donde los usuarios llegan por cientos, varían cada día y no tienen más asistencia que el plato de comida.

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En El Hacha, que mantuvo su nombre y su infraestructura, se atiende a 80 personas “seleccionadas” para darles el almuerzo y ofrecerles talleres sociolaborales y educativos.

“La ventaja es que conocemos a la población, no rota todo el tiempo como en otros espacios, donde además es difícil generar un vínculo por la cantidad de gente. Tampoco se da el ambiente complejo” que se da en otros comedores, explicó a El Observador Sofia Barses, coordinadora y referente educativa del comedor.

Y hay un ingrediente más en este comedor. Quienes cocinan las viandas que cada día se entregan en el almuerzo son personas que estuvieron en situación de calle. Los cuatro cocineros son parte de Gastrovida, un proyecto de la cooperativa Cpued que trabaja en convenio con el Mides.

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Leonardo, por ejemplo, vivió en la calle cuando los padres lo echaron de su casa. Estuvo en refugios nocturnos, en centros 24 horas y hoy está en una casa asistida del Mides. Estudió cocina y ahora es parte del equipo que elabora 80 viandas diarias. Este lunes cocinaron pastel de papa con ensalada de lentejas y puré mixto.

Gabriela tiene 40 años y es adicta en recuperación. Durante 18 años consumió drogas y alcohol, que la llevaron a “perder todo y terminar viviendo en la calle”. Trabajaba desde antes en gastronomía, pero la adicción “bloqueó su ser”. Hace dos años está limpia y en Gastrovida volvió a acercarse a la cocina.

“Vamos a hacer esta experiencia, vamos a ver como funciona y tenemos la intención que esto se pueda replicar en otros lugares”, dijo el ministro Gonzalo Civila en rueda de prensa este lunes durante la inauguración simbólica del espacio, que ya funciona hace casi tres meses.

El histórico bar del Guruyú

Si bien está dentro de la Ciudad Vieja, ese punto de la capital que incluye el Hotel Nacional, el Club Neptuno, la escollera Sarandí y otros lugares históricos, es conocido como el barrio Guruyú.

No está clara la fecha de construcción de El Hacha, aunque la Intendencia de Montevideo lo reconoce como el bar más antiguo de la ciudad.

Sí se sabe que obtuvo su tradicional nombre por un crimen ocurrido el 15 de abril de 1794. Ese día, dentro del local, el empleado Bernardo Paniagua fue asesinado de un hachazo por Domingo Gambini en un intento de robo.

No está claro cómo se llamaba antes, pero se asocia el nombre a su entonces propietario, un hombre de apellido Vázquez.

"La leyenda es de 1794, así que hablamos de la época colonial. En El Hacha funcionaba una pulpería, un comercio donde se compraban alimentos, un almacen pequeño en el que también había bebidas espirituosas, como aguardiente, y también se apuraba un juego de cartas. Una pulpería era un centro social”, explicó a El Observador el historiador Alejandro Giménez Rodríguez.

Así lo canta Roberto Darvin en su Milongón del Guruyú: "Allá por el bar El Hacha/ el as de copas quiere brindar/ la penúltima y nos vamos/ porque mañana hay que laburar".

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Luego dejó de ser una pulpería, un término más asociado a la zona rural, para convertirse en un “almacén de ramos generales”, contó el historiador.

Sobre finales del siglo XIX y comienzos del XX, con la construcción del puerto actual, "El Hacha tuvo un papel muy importante de recalada de marineros extranjeros". En esa época, también fue testigo y centro de reunión para varios clubes deportivos que se fundaron en la zona, como el extinto River Plate (fútbol), Unión Atlética y Olimpia (basquet).

Con el paso de los años se consagró como un epicentro de la "vieja bohemia" montevideana, con personajes del tango, el candombe, el fútbol y el carnaval.

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“Por ejemplo, un ilustre visitante era el golero campeón del mundo en el Maracaná, Roque Gastón Máspoli, fue habitué de ahí, también el Canario Luna. También estaba vinculado el candombe, era un lugar identitario", contó el historiador.

Tuvo distintos administradores, "con iniciativas que fueron naufragando con las distintas decadencias en las que fue cayendo la Ciudad Vieja". "En el siglo XX, tuvo más de un dueño gallego, que eran los más vinculados a la actividad de los bares", explicó Giménez Rodríguez.

Comenzó el siglo XXI cerrado. Algunos emprendedores intentaron reflotarlo en más de una ocasión, pero las propuestas no se mantuvieron en el tiempo.

Meses atrás, el Mides se contactó con los actuales propietarios para alquilarlo mientras el comedor 7 que está en la zona se refaccionaba. Una vez que terminaron las obras allí, decidieron prolongar el contrato en El Hacha para instalar el comedor comunitario.

El edificio tiene el 3º grado de protección patrimonial, (el máximo es 4), lo que establece una "Protección estructural" del edificio.

Dentro del actual comedor no hay ninguna referencia al histórico lugar que ocupa. Eso sí, la fachada se mantiene con los tradicionales colores y la frase de presentación: "Almacén del Hacha".

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