El Museo de Arte Contemporáneo Atchugarry (MACA): el sueño de madera que transformó el paisaje de Punta del Este
En esta entrega de Punta del Este iconic, la historia de un "hacedor de sueños" y su equipo, quienes en plena pandemia lograron erigir en las cercanías de Punta del Este un museo que rompe la estacionalidad y reivindica el arte como un derecho libre
Los días previos a la inauguración del Museo de Arte Contemporáneo Atchugarry (MACA), Gastón Atchugarry, director de Atchugarry Arquitectura y sobrino del artista uruguayo Pablo Atchugarry, tenía un pensamiento que lo estresaba y otro que lo tranquilizaba.
El día de la inauguración, el 8 de enero de 2022, el MACA seguía construyéndose. Pero Gastón Atchugarry se repetía eso, que no importa, que no hay que tener todo terminado para inaugurar. Y, de hecho, al día de hoy no importa porque si “vas al predio de la Fundación Atchugarry donde está el MACA, siempre vas a ver algo en obra. Nunca está igual. De hecho, este verano se inauguró el teatro, un teatro enorme de madera”, le dice al diario El Observador.
Actualmente ubicado en el kilómetro 4,5 de la Ruta 104, en Manantiales, la historia del MACA es el sueño de un artista uruguayo vuelto realidad. ¿Qué sueño? El de hacer dialogar el arte uruguayo con el arte internacional, el de dar a conocer el talento local, el de potenciar no solamente el arte plástico, sino que también todas las artes.
“El MACA tiene eso: dialogan los artistas uruguayos con figuras internacionales. A mi entender, es lo lindo que tiene, eso de valorar el arte uruguayo y juntarlo con lo que está pasando en el mundo. No siempre nosotros allá, sino que también vengan acá”, agrega Gastón.
Por eso, el MACA no es necesariamente un museo de artes plásticas. Desde su inauguración, al día de hoy, se ha convertido más bien en un centro cultural. Entonces, ese paisaje sobre la Ruta 104 que solía estar dominado por chacras marítimas y el silencio del campo uruguayo, también se ha transformado en un paseo con un jardín inmenso, que incorpora una estructura orgánica de madera, una biblioteca, un café, una pequeña capilla, esculturas, exposiciones, conciertos, obras de teatro y de danza, un festival de literatura, otro de cine. Y tanto más.
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El retorno del hacedor de sueños
La historia del MACA es inseparable de la trayectoria de Pablo Atchugarry. Pablo partió hacia Europa siendo muy joven, impulsado por una vocación que sus padres, Pedro y María Cristina, supieron detectar y estimular desde su infancia. Esa vocación era (y es) la del arte plástico.
En Italia, específicamente en Lecco y cerca de las canteras de mármol de Carrara, Atchugarry alcanzó un prestigio internacional poco común para un artista uruguayo de su época. Logró conquistar el sueño del arte con sacrificio, pero, una vez en la cima, sintió la necesidad de volver a Uruguay para sembrar lo que había cosechado fuera de fronteras.
En 2007, ese deseo de retorno se tradujo en la creación de la Fundación Pablo Atchugarry. Gastón recuerda que al principio la idea parecía "un poco loca", porque implicaba invertir los frutos de años de éxito en una pequeña chacra que en aquel entonces no tenía nada alrededor.
La misión era clara: que ese espacio oficiara de trampolín para los artistas uruguayos, permitiéndoles adelantar casilleros en el difícil camino del reconocimiento internacional. “Pablo es así, es como una aplanadora que todo lo que se le mete en la cabeza lo hace. Lo sueña, primero, y después lo ejecuta. Creo que su gran virtud es esa, es un hacedor de sueños. Es imparable y siempre está buscando, nunca está quieto”, comenta Gastón.
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Pablo Atchugarry, escultor y fundador del museo MACA
Camilo dos Santos
La Fundación Atchugarry comenzó con un taller y una sala de exposiciones que, año a año, fue creciendo al ritmo de su voluntad imparable. Lo que empezó como un refugio personal para trabajar en Uruguay terminó convirtiéndose en el epicentro de un fenómeno cultural sin precedentes en Maldonado.
Desde sus inicios, el lugar buscó descentralizar la cultura de Montevideo, aprovechando la tracción internacional de Punta del Este pero manteniendo una conexión con la naturaleza, un elemento que Pablo considera fundamental para que el ser humano se reencuentre consigo mismo tras el alejamiento provocado por las grandes ciudades.
“Tenía que ser Punta del Este por lo internacional de Punta del Este. Pablo siempre lo soñó como un lugar grande, natural, donde pudiese hacer un parque de esculturas en la naturaleza y, por eso, Montevideo ya quedaba descartado”, agrega.
La palabra empeñada y el café de París
“La fundación empieza a crecer y a crecer. Todos los veranos venía más gente, se hacían más exposiciones, y Pablo vio la necesidad de hacer algo más”, según Gastón Atchugarry.
El salto definitivo de una fundación a un museo de escala internacional nació de una conversación entre Pablo Atchugarry y el artista Wilfredo Díaz Valdez. Díaz Valdez no tenía descendencia y le manifestó a Pablo su preocupación por el destino que correría su obra tras su fallecimiento. La respuesta de Atchugarry fue inmediata y definitiva: "Yo voy a construir un museo para que quede tu obra ahí".
Esa promesa, realizada en la intimidad de la amistad, fue uno de los motores que puso en marcha la creación del MACA. Hoy, una gran escultura de Díaz Valdez descansa bajo la sala de exposiciones principal, cumpliendo aquel compromiso de palabra.
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El Museo de Arte Contemporáneo Atchugarry recibirá a 25 productores
Camilo dos Santos
La gestación formal del edificio, según contó Pablo Atchugarry a Forbes, tuvo otro hito en un café de París durante el año 2018. Allí, entre ostras y proyectos, Pablo conversó con su amigo, el arquitecto Carlos Ott. Atchugarry le planteó el desafío de diseñar un museo que fuera la "herencia cultural" que dejaría para el Uruguay. A partir de ese momento, comenzó un proceso donde Ott realizó infinidad de dibujos y bocetos, estudiando cada detalle de los espacios para albergar no solo la obra de Atchugarry, sino la de tantos artistas plásticos uruguayos.
El proyecto presentaba un desafío para Ott y para Atchugarry: cómo equilibrar su arquitectura con la exhibición de arte. Atchugarry decidió que en el edificio más volumétrico, donde la arquitectura de Ott es monumental, se realizarían actividades como conciertos, cine o conferencias, dejando las salas más "neutras" para la contemplación de las obras. En un gesto de hospitalidad, Pablo también determinó que su propia obra no ocuparía los espacios principales, cediendo el protagonismo a los "huéspedes" del museo.
El desafío de la madera y la geometría de Ott
“Un día me llama Pablo y me dice que quería hacer un museo. Que fuéramos yo y mi primo, Federico Atchugarry, que es ingeniero civil, a verlo a Carlos Ott a su estudio. Yo fui con la idea de hacer algo modesto, hasta Zonamérica, donde Carlos tenía su oficina. Él todavía no había llegado y nos pasan a una sala de reuniones donde había unos planos y con Federico comentamos que seguramente fueran para un aeropuerto”, narra Gastón.
Pero cuando llegó Ott a la oficina, les mostró esos planos y les preguntó qué les parecía. Porque esos eran los planos para el museo de la Fundación Atchugarry, lo que luego se convertiría en el MACA. “Tenía y tiene la geometría del MACA, que es bastante llamativa y difícil de construir, también”, agrega.
Los planos presentaban una estructura de doble curvatura que obligaba a que cada pieza fuera distinta a la anterior. No lo esperaban, pero terminó impulsándolos a investigar nuevas formas de construcción, encontrando en la madera al aliado principal para materializar el diseño de Ott.
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Artista Pablo Atchugarry
Camilo dos Santos
“Federico tiene una maestría en usos de madera. Entonces, además de que él podía hacerlo, la madera era ideal para el MACA porque lo integra a ese ambiente natural donde está. Hay lagos, bosques, parque, tenés de todo. La madera era la opción más lógica”, recuerda Gastón.
La elección de la madera estructural marcó un hito en la industria de la construcción en Uruguay. Aunque en el país existían casas de madera, se hacían "a ojo" y no bajo un estándar industrial certificado. En el mundo ya se realizaban estructuras complejas con este material, pero el MACA se convirtió en el primer edificio del país en utilizar madera de forma estructural, donde las vigas soportan efectivamente el peso del techo.
El material elegido fue el Eucalyptus grandis nacional, producido por la firma Urufor. Esta madera protagonizó lo que Pablo llamó la "parábola de los uruguayos": nació en Uruguay, viajó a los Alpes franceses para ser procesada— y volvió al país para erigirse en museo.
La construcción no estuvo exenta de dificultades. El inicio de la obra coincidió con la pandemia del covid-19 en 2020, lo que cerró fronteras y complicó el traslado de técnicos desde Francia. Sin embargo, Pablo y Carlos Ott, que suelen viajar constantemente por el mundo, quedaron "atrapados" en Uruguay.
Eso derivó en que, en sus juntadas semanales para comer milanesas, el proyecto siguiera mutando mientras se construía. Lo que originalmente iban a ser 3.000 metros cuadrados terminaron siendo 5.000, agregando bibliotecas, cafeterías y depósitos de obra. Para los constructores fue un dolor de cabeza, llegando incluso a tener que mover columnas estructurales en plena ejecución, pero el resultado fue un proyecto mucho más ambicioso. A pesar de los cambios, la fecha de inauguración del 8 de enero se mantuvo inamovible por orden de Pablo.
“Fue genial todo el proceso porque en Uruguay generalmente los museos no están pensados como museos. Son adaptaciones de casas de época, o de otro tipo de edificaciones. El MACA se pensó de cero como un museo”, dice Gastón.
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El MACA fue incluido entre los mejores museos nuevos del mundo
Museo de Arte Contemporáneo Atchugarry
Un espacio libre para la comunidad
El 8 de enero de 2022, el MACA abrió finalmente sus puertas en una ceremonia masiva que congregó a miles de personas, logrando reunir al entonces presidente Luis Lacalle Pou y a los expresidentes Julio María Sanguinetti y José Mujica.
El MACA nació como un espacio libre, donde no se cobra entrada porque Pablo sostiene que el costo, por mínimo que sea, constituye una barrera para el acceso al arte. "No es gratis, es libre", enfatiza Gastón, explicando que el visitante debe sentir que entra a su propia casa.
Actualmente, el museo alberga en su colección permanente obras de maestros como Gonzalo Fonseca, Julio Le Parc, Carlos Cruz-Diez y Frank Stella, entre otros. Además, el parque de esculturas de 40 hectáreas cuenta con más de 75 obras de autores como Bruno Munari, Gyula Kosice y el propio Pablo Atchugarry, incluyendo su monumental "Pietà". Este diálogo entre figuras internacionales y artistas locales es el corazón del MACA, buscando valorar el arte uruguayo poniéndolo a conversar con lo que sucede en el mundo.
El MACA ha ayudado a transformar el ecosistema de Punta del Este, convirtiéndose en un destino cultural para los 365 días del año. Gastón observa que, mientras antes la actividad cesaba después de enero, ahora hay un flujo constante de visitantes que confían en la programación del museo. Se realizan festivales de cine (ARCA), festivales de teatro, clases de ballet con figuras del SODRE y festivales de literatura que buscan reivindicar el libro como instrumento democrático.