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Quieren ser madres biológicas de su hijo pero no las dejan: polémica interpretación del MSP complica a parejas de lesbianas

Las clínicas de reproducción asistida se enteraron hace menos de dos semanas la inhabilitación para realizar el método ROPA; una madre da los óvulos y la otra, su pareja, gesta al bebé
28 de enero 2024 - 5:02hs

Cuando el pequeño grita “¡Mami! ¡Mami!”, ambas se dan vuelta como si las estuviese llamando al unísono. Tiene los ojos achinados y la genética de una de ellas, la que aportó el óvulo. Pero la mirada cómplice y el apego a la otra, la que lo gestó y le da la teta. Laura y Noelia —como les diremos para preservar su identidad— son madres legales y biológicas a la vez. Ambas fueron parte activa en la creación de su hijo. Y ahora quieren repetir la experiencia, pero una “interpretación errónea” del Ministerio de Salud Pública (MSP) se los impide.

“Actualmente no existe sustento legal para la realización de esta práctica”, concluye el MSP en un comunicado que hace menos de dos semanas les fue distribuido a las clínicas de reproducción humana asistida del país. “Esta práctica” es el método ROPA (recepción de óvulos de la pareja), como los médicos nombran a la técnica en que se le extraen óvulos a una mujer y, mediante la fecundación in vitro con los espermatozoides de un donante anónimo, se crea un embrión que se transfiriere al útero de otra mujer (pareja de quien aportó los óvulos).

—Es un método que no tiene comparación con ningún otro, es la manera de sentir que ambas somos parte por igual, que el hijo no es más de una que de la otra, que una lo ve crecer dentro suyo y la otra sabe que es su genética…

Desde que Noelia —la “madre gestante” de 31 años— está en pareja y casada con otra mujer, no imagina otro método más igualitario que el ROPA para ser mamá. Mucho menos imagina la chance de ir a un juicio —recurso de amparo mediante— para que un juez vuelva a habilitar una práctica que en Uruguay trajo decenas de niños de parejas lesbianas y que, de pronto, el Ejecutivo bloqueó porque dos abogados entendieron que la técnica es como una “subrogación de vientre” por fuera del alcance de la norma, o una “donación de óvulos” sin el anonimato que exige la ley.

A Laura (33) le pasa lo mismo: “Cuando empecé a replantearme mi sexualidad, después de los 20 años, pensé que jamás sería madre hasta que en internet encontré esta posibilidad. Es la mejor manera de sentirme que soy parte del proceso de maternidad y de que el entorno social, la familia y amigos, entiendan que ambas somos las madres biológicas de nuestro hijo”.

Inés Guimaraens Una de ellas había empezado a preparar al útero cuando se enteró de la prohibición del MSP.

Por eso —dicen al unísono como cuando su hijo las llama “Mami”— la actual prohibición “significa retroceder demasiados casilleros” en los derechos adquiridos.
“Lo que me tiene más molesta de esta comunicación del Ministerio es el error conceptual y de interpretación en el que se sustenta la decisión: el ROPA no es donar gametos ni es una subrogación de útero, se trata de compartir de manera activa la maternidad como parte de una decisión responsable de una pareja estable. Nadie le ‘presta’ el útero a nadie, porque lo que está gestando es su propio hijo. Lamento que las autoridades no se hayan tomado el tiempo de leer qué pasa en otros países con leyes similares a la uruguaya y que no hayan convocado a los especialistas en reproducción humana”. La ginecóloga Dana Kimelman, especialista en medicina reproductiva, está enojada y no lo oculta. Ella, una de las impulsoras de la ley de preservación de la fertilidad en pacientes oncológicos que fue anunciada con bombos y platillos por el gobierno, no comprende cómo la interpretación de dos burócratas “que no se tomaron siquiera el tiempo de revisar literatura científica” terminaron coartando la posibilidad de que decenas de parejas sean madres.

El abogado Danubio Moreira, el primero de los burócratas de Salud Pública que había estudiado el caso, concluyó que el ROPA “no está permitido en nuestra legislación” porque la ley que regula la maternidad subrogada exige que la donante del óvulo padezca “una enfermedad que haya afectado su útero” y le impida gestar. Además, solo se admite que la gestante sea una pariente de primera línea sanguínea.

Por su parte, Claudia Damiano, la segunda burócrata en cuestión, compartió la visión de Moreira y agregó que “en esos casos la donación del óvulo no es anónima, cosa que también está prohibida por nuestra legislación”. La doctora, sin embargo, se excusó de hacer un “estudio en profundidad” del tema porque la Asesoría Letrada que integra está compuesta solo “por dos abogas”.

Tal vez por eso —o por otras razones que las clínicas de esterilidad no tienen claras— los abogados de Salud Pública no analizaron el caso argentino, donde el método está permitido habiendo una ley similar a la uruguaya, o España donde la ley exige como “único requisito” para aplicarse el método ROPA que las mujeres estén casadas (allí también existe el matrimonio igualitario).

—Esta vacilación nos da mucha ansiedad y nerviosismo —, cuenta Noelia que ya estaba tomando la medicación para preparar su útero para su segunda gestación que debía darse este verano.

Inés Guimaraens Su primer hijo tiene la genética de una, pero la amamanta la otra.

El pequeño con ojos achinados como su madre, le reclama teta a su otra madre. Es la hora del almuerzo. Su única preocupación en este momento es que les den su porción de alimento cuanto antes, y que le calme el dolor en el brazo de la vacuna de los 21 meses que le acaban de administrar. No sabe que sus madres estaban planificando un hermanito para él, un hermanito que compartiría los mismos genes (en el sentido de que el embrión que está congelado es el resultado del óvulo de su misma madre y el espermatozoide del mismo donante), y que, para mantener esa identidad, sus madres ni siquiera quisieron invertir los roles. Pero que ese hermanito tiene que esperar porque el Ministerio dio a entender que la práctica no tiene sustento legal.

¿Ilegal? “En derecho, lo que no está prohibido está permitido. La ley no prohíbe de manera expresa esta práctica”, insiste Fernando Rovira, especialista en derecho de la salud y asesor jurídico de la redacción de la ley uruguaya de reproducción humana y su posterior reglamentación. “La filosofía de la norma era (y es) aportar a los derechos reproductivos y no imponer restricciones. Se pensó que la vida en sociedad y el concepto de familia tienen una evolución, por lo cual la ley debe ser lo suficientemente abierta para habilitar aquello que no se prohíbe expresamente. Y como esto no es una subrogación de vientre ni una donación de óvulos, está y debería estar permitido. Ser madre es un derecho y el Estado no lo puede coartar”.

 
 
 

¿Madre hay una sola?

“Yo te agradezco / Porque aquí estoy / Vos sos mi única madre”, cantaba la Bersuit Vergarabat cuando criticaba los axiomas impuestos en la sociedad. La ginecóloga Rita Vernocchi confiesa que, como médica jubilada, fue educada en “aquel paradigma que decía que madre hay una sola”. Pero su experiencia en la asistencia a la reproducción humana le demostró que “puede haber una madre genética, una madre gestante, varias madres legales y muchas más sociales”.

Casualidad, o no, el pequeño de ojos achinados va a un jardín de infantes en que dos compañeritos también son hijos de lesbianas. “Ellos, los niños, lo toman con total naturalidad… los prejuicios están en nosotros, en los adultos”, repite una de sus mamás.

El amor entre Laura y Noelia nació hace una década cuando se fundió el equipo de futbol sala en el que jugaban. Aquello que empezó como una amistad profunda, devino en las ganas irresistibles de formar una pareja primero y familia después.

Noelia siempre había salidos con chicos y no tenía una atracción particular por las mujeres, hasta que con Laura la atravesó un flechazo. “Siempre digo que no me gustan las mujeres, me gusta Laura”, se ríe.

Laura, en cambio, es el clásico ejemplo de lesbiana que lleva un proceso hasta salir del closet. “A mí siempre me gustaron las mujeres, pero mi primera relación con una chica la tuve a los veinte y pico, cuando acepté lo que me gustaba”.

Y si bien la trayectoria sexual de ambas corrió por carriles separados, cada una tenía en su proceso un deseo claro: ser mamá.

Les fue (y es) un deseo caro. No solo por los prejuicios sociales y ahora la “prohibición” legal, sino porque el tratamiento al que se sometieron no está financiado por el Fondo Nacional de Recursos y cuesta unos 10.000 dólares la primera vez.

—Nosotras nos sacamos la lotería porque todo funcionó de primera. Lo que más nos demoró fue esperar el donante de esperma (casi un semestre), pero luego fue cuestión de un mes hasta quedar embarazada (contando la estimulación ovular, la extracción, la fecundación in vitro, la introducción del embrión y que el feto empiece a desarrollarse sin problemas). —, cuenta Noelia, quien explica que para su segundo hijo “el costo debería ser casi la quinta parte” porque les quedaron congelados otros dos embriones en buen estado.

Inés Guimaraens En España se exige el matrimonio para esta práctica.

Solo existe un registro en que la Justicia le ordenó al Ejecutivo que financie un método ROPA: una mujer y su pareja varón trans (su sexo al nacer era de mujer), con el auspicio del Consultorio Jurídico de la Universidad de la República, habían demandado en 2022 al MSP y el FNR y el juez les dio la razón.

Motiva este amparo “la búsqueda de un hijo biológico de ambos, ya que tienen un profundo deseo de formar una familia y concebir una hija o hijo que tenga vínculo biológico con ambos integrantes de la pareja (…) las personas trans no deben renunciar a una maternidad o paternidad biológica, por lo que los comparecientes deben recibir toda la protección necesaria para que puedan ejercer sus derechos a vivir una paternidad y maternidad compartida desde el momento de la concepción y poder estar ambos vinculados biológicamente a sus hijos”, rezaba la sentencia que publicó La Diaria.

La médica Vernocchi insistió en que “desde el punto de vista médico y de la ética médica este tratamiento se puede hacer y no reviste demasiados reparos”.

Por eso las clínicas le pedirán al Sociedad de Reproducción Humana Asistida que eleve una queja al MSP, al tiempo que ya le hicieron llegar a la cátedra de Medicina Legal una consulta a efectos de que el asunto quede aclarado.

“Nosotras no sabíamos nada. Estaba empezando a preparar el útero en diciembre y justo me enfermé, la clásica gripe por estrés del fin del año laboral. Ahora en enero, cuando quisimos con mi esposa retomar el tratamiento, nos enteramos del comunicado de Salud Pública que nos impide volver a ser mamás”. Noelia soñaba con una familia de más de un hijo, mucho más tras “la lotería” que se había ganado con el embarazo “sano, rápido y maravilloso” de su primera vez. Pero…

Toda la discusión empezó en silencio, por lo bajo, hace seis años. A raíz de una duda en el Centro de Esterilidad de Montevideo (una de las clínicas que hacía la técnica), la sociedad científica le consultó al MSP cómo proceder ante estos casos. La inquietud tenía que ver con si se debía exigir el matrimonio o no, temas de financiamiento, reglamentación.

La consulta divagó por despachos y asesorías ministeriales, sin una respuesta contundente. Y como aquello que no está prohibido, está permitido, las autoridades del momento optaron por “dejar hacer, dejar pasar”.

Luego vino la pandemia, las demoras burocráticas y, sobre fin de año, se decidió comunicarles a las clínicas sobre la falta de sustancia legal que interpretaban los abogados del MSP. No hubo discusión entre especialistas ni académicos. Así consta en el documento de 39 páginas al que tuvo acceso El Observador.

La “apresurada” decisión, teniendo en cuenta que el expediente “durmió” seis años y en algunas semanas terminó resolviéndose, tomó por sorpresa a los médicos, a las clínicas y a la Sociedad de Reproducción Humana Asistida cuya presidenta dice aún no conocer el texto (pese a que integra la comisión asesora).

Se da en un momento en que la cartera comandada por Cabildo Abierto tuvo algunos giros, como la apuesta al programa de Familias Fuertes, cuya cabeza era una de las que respaldaban la llamada agenda de derechos y ahora se pronuncia contra la “ideología de género”, contra el aborto, reivindica los roles tradicionales de “maternidad y paternidad”, y creó una fracción cristiana dentro de los cabildantes.

¿Influyó la ideología en la decisión del MSP? Las fuentes consultadas no pudieron confirmarlo. Tampoco negarlo.

Laura tampoco sabe el motivo de fondo. Hasta le parece “absurdo” que se discuta algo así cuando existe “tanta queja” por la falta de niños en el país y “hay madres dispuestas a darle todo el amor del mundo a un hijo”. Cuando, “si fuese menos caro, sería el método elegido por casi toda pareja de mujeres que quieren ser parte activa de la gestación de su hijo”.

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