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¿Cuánto cuesta al Frente el apoyo general al chavismo?

La izquierda tiene dos posturas sobre Venezuela, pero prevalece la que apoya al socialismo chavista

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26 de enero de 2019 a las 05:01

Dos caras, opuestas y sin matices; los uruguayos vieron dos caras del sistema político y eso habla más del Uruguay que de Venezuela. La opinión pública decodifica mensajes y puede identificar matices, pero precisa que los matices sean visibles, o al menos insinuados con intención clara de que se vean.

Una cara del oficialismo y otra cara de la oposición.

En la consideración de la crisis venezolana, del origen y del desarrollo, el oficialismo también tiene “dos caras” pero fue solamente una la que se expresó, y aunque no todos respalden a Maduro y al chavismo, esa es la imagen que se transmite.

No es que debiera apoyar por apoyar a un legislador venezolano que es presentado como presidente, es que la crisis tiene un alcance mayor.

Una gran parte del Frente, mayoritaria, cree en el “socialismo del siglo XXI” construido por Hugo Chávez como modelo político-económico no para trasplantar tal cual, pero sí como una posible meta del camino a “superar” el capitalismo. Es genuino el apoyo, porque la “democracia” en la que creen es esa.

Otra parte de la coalición mira al chavismo como un mal ejemplo, como algo que hay que evitar.

Pero la crítica a Maduro cuesta, porque parece que se fuera funcional a “los otros”, a “la derecha”, al “imperialismo”.
Aunque no se trate de una disyuntiva “Maduro o Trump”, de alguna forma eso se siente así en la interna de la izquierda.
Esto no en tema menor y tendrá influencia decisiva en el proceso electoral, porque aparte del eje “izquierda-centro-derecha”, hay una medida de “democrático” y “no democrático”.

Para una franja de los uruguayos, es lógico que Venezuela se vea como una dictadura: alcanza recordar lo que pasó acá en 1973: el presidente elegido por el pueblo siguió en su cargo, pero la Asamblea General Legislativa fue disuelta. A eso llamamos Golpe de Estado y esa fecha es la que marca el inicio de la dictadura (1973-1985).

Pero para la otra ala del Frente, la mayoritaria, hay otro concepto de democracia, de gobierno popular, que no contempla la arquitectura clásica de una república.

Unos reivindican la “dictadura del proletariado”, otros sueñan con “democracia popular participativa” que comprende un concepto diferente a la democracia actual, y que incluye esos mecanismos que –con toque caribeño- han sido introducidos en el régimen bolivariano-chavista.
La acusación de que el MLN-T, el PCU y aliados defienden a Maduro por intereses económicos y por temor a que se descubran chanchullos binacionales, es una simplificación que desconoce la esencia del caso.

Claro que en la desprolijidad de la “ayuda” de Chávez podrán hallarse “valijas” con aportes, “cometas” en exportaciones o similares, pero creer que eso explica la postura política, es negar la realidad.

Primero: para los involucrados en esos casos, eso no es corrupción para enriquecerse, como no lo fue en el PT de Brasil, sino porque son “costos” para ayudar a proyectos compañeros, entre otros.

Segundo: se apoya al chavismo, porque cree –aunque haya alguna diferencia– en la médula de esa construcción política-económica. Los que ratificaron el MLN-T en su última convención, y el PCU en su último congreso, es el camino a un proceso con esa esencia.
Pero no todo el Frente cree en eso. Y esa otra franja ha sido decisiva para crecer desde 1971 y para ganar en 1989, 2004, 2009 y 2014, por sumar los “votos de centro”.

El caso implica un desafío político no menor para el Frente Amplio, porque el partido de gobierno debe preservar la unidad, pero también mantener la oferta variada para retener votantes de diferentes perfiles, y sobre todo y por encima de intereses electorales, para transmitir no solo matices, sino ideales distintos.

Unos, los de modelo socialista, cumplen bien su rol; pero otros, los astoristas y aliados, no reflejan eso con firmeza como para que el ciudadano entienda esa otra mirada.

En todo 2018 el MLN-Tupamaros emitió cuatro declaraciones políticas, y en lo que va de 2019, otras dos. Las seis fueron sobre Venezuela, lo que refleja la importancia que le asignan a ese foco de socialismo en la región. Veamos:

-26 feb. 2018: rechazo a medidas dela OEA que exigía postergar las elecciones en Venezuela (“un atropello a la soberanía”) y reconocimiento de que hay “tres poderes en Venezuela, Poder Electoral, Poder Ejecutivo y Asamblea Constituyente”;

-22 may. 2018: saludo “al compañero reelecto Presidente Nicolás Maduro por su indiscutible triunfo”, con el pedido a “los gobiernos que han trazado una estrategia de aislamiento para con Venezuela, que respeten (…) la voluntad soberana del Pueblo Venezolano”;

6 ago. 2018: “solidaridad con el Pueblo Venezolano, el PSUV y el Presidente Legítimo”, el “compañero Nicolas Maduro” por enfrentar “una embestida desestabilizadora” que busca “hacerse con los recursos estratégicos de Venezuela”;

16 set. 2018: rechazo a declaraciones de Almagro porque tiene una “actitud militarista alineada con los actores más rancios de la derecha continental”, y el “llamado a organizaciones sociales y políticas del continente, a coordinar esfuerzos y militancia activa”, para mantener la región “como zona de paz”;

10 ene. 2019: saludo al “nuevo y legítimo gobierno de República Bolivariana de Venezuela” y critica al Grupo de Lima, por ser “ilegal y violatorio de la soberanía de Venezuela” y “funcional a la estratega del Departamento de Estado” de EE.UU., y convocatoria  “a los pueblos de América Latina a expresar solidaridad con Venezuela”.

24 ene. 2019: “rechaza injerencia extranjera en el Estado Bolivariano” y recuerda lo dicho por el “Che” Guevara: “el capitalismo es el genocida más respetado del mundo”.

Además, el Partido Comunista emitió dos declaraciones, una el jueves 10 de saludo a Maduro y otra hace dos días en “repudio” del intento de golpe de Estado de la oposición venezolana.

El gobierno de Vázquez no queda en igual escalón que Bolivia que apoya a Maduro y quiere exponer una postura intermedia, pero a los ojos del mundo, y en la mirada local, queda como dando un salvavidas a Maduro y los chavistas, luego que su barco ya se dio contra el iceberg.
Si todo el Frente pensara eso, quiere decir que se achicó en espectro ideológico, que se alejó del centro, que perdió la chance de captar la mayoría de la ciudadanía.

Si no es así, que no es así, ¿por qué no se transmite con claridad? ¿Qué se prioriza?

El tema no es Venezuela, es Uruguay, y en el tratamiento del caso y la exposición pública de las posturas, está en juego no solamente la suerte electoral, sino qué tipo de Frente emergerá en 2020, sea cual sea el resultado de las urnas. 

 

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