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“El deseo de ser madre siempre estaba ahí, pero sí, llegué a pensar que no era para mí"

Cecilia Igorra era la “Susanita” en su grupo de amigas, pero la vida la llevó a perder varios embarazos y su deseo no se concretaba, hasta que a los 45 lo logró

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24 de julio de 2020 a las 05:03

Por Carolina Anastasiadis

Esta nota podría tener muchos focos y titulares, porque el camino hacia la maternidad recorrido por Cecilia Igorra pasó por varias etapas, sentimientos y cuestionamientos a lo largo de casi dos décadas de búsqueda. A los 45 años, estando sin pareja en ese momento, se embarcó en el proyecto más importante de su vida: el de la maternidad. El 15 de marzo de 2017 llegó Alfonso tras una cesárea programada, muchos intentos y años de emociones fuertes.

Sus días cambiaron desde entonces, por todo lo que implica la llegada de un hijo, pero siempre se sostuvo en la certeza de saber que elegir traerlo a este mundo fue su mejor decisión. Una esperanza que puede iluminar a muchas que estén por tomar alguna decisión importante respecto a su maternidad, a alguna que haya bajado los brazos, a parejas que estén en tratamiento o pensando en hacerlo, a quienes hayan perdido un hijo –o más–. También es una historia de inspiración para aquellas que, ya siendo madres, a veces se olvidan (¿nos olvidamos?) que ese niño que hace rezongar, en realidad es un gran milagro de amor.

¿Cuándo empezaste a buscar ser mamá?

Quedé embarazada espontáneamente hace 19 años de quien fuera mi novio y luego marido. A las semanas, me hicieron un estudio y vieron que no se había desarrollado el embrión. Tenía 26 años; me internaron, me hicieron legrado y todo eso. Nos casamos y decidimos esperar unos años. Poco después empezamos a buscar y no quedaba embarazada, y ahí comenzaron los análisis. Había algunas complicaciones de su lado, inicialmente. Eso fue en el año 2000. Me hice tres fertilizaciones in vitro, ninguna resultó.

¿Cómo viviste y vivieron esa primera instancia como pareja?

Todos esos tratamientos desgastan emocionalmente a la pareja, porque sentís que no vas a poder nunca concretar el proyecto. En aquella época mis amigas habían empezado a casarse y planificar sus familias. Cada embarazo de ellas, si bien era una alegría, no podía vivirlo completamente feliz. Tras hacerme varias in vitro sin buenos resultados, a los cinco años nos separamos y divorciamos. Obviamente no puedo decir que fue la única razón.

¿Cómo siguió tu camino hacia la maternidad?

No tuve pareja luego de eso y el proyecto y sueño de ser mamá no lo puse sobre la mesa hasta hace seis años con una nueva pareja. Tuve dos embarazos espontáneos pero los perdí. En ese momento, la causa aparente, además de mi edad, era que mi útero generaba miomas, una especie de tumores benignos, por decirlo de alguna manera. Pueden haber sido la razón, pero hoy estoy embarazada y tengo tres miomas, y no han jorobado para nada, por suerte.

¿Alguna vez te imaginaste una vida sin hijos?

Toda la vida fui la “Susanita” en el grupo de mis amigas. Me encantan los niños, estoy muy rodeada de sobrinos. Mi primera sobrina nació cuando yo tenía 20 años, pero además, tuve muchos primos chicos. A los 11 o 12 años cuidaba a mis vecinitos y primos, les cambiaba pañales. Nunca imaginé que en mi vida tendría un problema cuando quisiera embarazarme.

¿Cuál era tu problema?

Realmente nunca tuve un diagnóstico concreto. Era un mioma… era la coagulación…, es que era vieja. En marzo de 2016, el doctor Arturo Achard me operó de un mioma y un pólipo; antes me dijo: “La próxima, venís a parir”.

¿Llegaste a bajar los brazos en algún momento del periplo?

El deseo de ser madre siempre estaba ahí, pero sí, llegué a pensar que no era para mí, hasta que acepté y comencé a vivir distinto los embarazos de las personas que me rodeaban. Entendí que había muchas formas de ser mamá, que podía ser un poco madre de los hijos de mis amigas, de mis sobris. En algún momento tuve presente el tema de la adopción aunque nunca fui a la acción concreta. A través de los años y del proceso que hice, en un momento me sentí liberada al comprender que podía pensar sola el tema, más allá de tener o no pareja. Porque un tema no menor es que el tiempo biológico corría.

¿Cómo llegaste a considerar la opción de ser madre sola a través de un método artificial?

Hace dos años lo decidí. Tuve pila de miedos, me sentía egoísta de no darle un papá a mi hijo. Pasás por pila de cuestionamientos y barreras. De hecho, estaba empezando una relación cuando lo decidí, pero mi reloj biológico pasaba y, claramente, no podía plantearlo a nivel pareja como proyecto común. Él me apoyó para que siguiera avanzando en mi decisión, a pesar de que no estaba en sus planes en ese momento ser padre. Recién nos conocíamos. Decidí ser madre y hacerme el tratamiento con un donante argentino en una clínica de Buenos Aires.

¿Qué cosas te motivaron?

Hubo muchas. Ver a mi sobrina siendo mamá de tres niños con una pareja que es extranjera y viaja mucho. Ver a una gran amiga que se acababa de someter a tratamiento a pesar de ser “añosa” como yo. Finalmente tuve que ir a hacerme un Papanicolau y la doctora que me atendió, mientras me lo hacía, me dijo: “Ah, la última vez que viniste estabas embarazada”. Uno de esos comentarios que se hacen con la mejor intención… a lo que le respondí que no había funcionado y que ya había tirado la toalla. Ahí me dijo: “¿Cómo que tiraste la toalla?”. En esa clínica trabajaba Virginia Chaquiriand –especialista en reproducción–, me recomendó hablar con ella. Me reuní con ella, me mandó análisis varios, y me reuní con dos psicólogas, porque uno de los grandes temas de la reproducción con donante, sin padre, es que las mujeres quieran buscar a través del embarazo una compañía. Pero en mi caso, las psicólogas me dijeron que me veían absolutamente segura de lo que quería, de mi deseo de ser madre.

Decidiste ir a Buenos Aires por el donante. ¿Qué dijo tu familia?

Mis padres, ni el más mínimo cuestionamiento, encantados y felices por mí, por tomar la decisión y por tener otro nieto. Tengo tres hermanos varones y cuando les mandé un chat contándoles de mi decisión, y que quería que ellos fueran parte, no hubo más que palabras de apoyo. Estaban fascinados.

¿Cuáles fueron los mayores interrogantes respecto a tu decisión?

Mi edad. Me cuestionaba cuánto tiempo lo podría acompañar en esta vida. Una cosa es ser mamá a los 25 y otra a los 45. A mi sobrina le hice prometerme que el día que yo no estuviera, ella se haría cargo. Tuve conversaciones muy emotivas e importantes en este tiempo. También me cuestiono si podré sola, pero me rodean millones de amigos y familia. Me considero una persona con tanta energía y vitalidad que creo que voy a poder. Pero, sobre todo, esto es producto de un amor inmenso, y siento que será un niño muy rodeado de amor y de tíos de corazón.

¿Qué le dirías a otras madres con dificultades para la concepción o ya con un reloj biológico avanzado y sin pareja?

Yo me imaginaba a mi familia Ingalls, pero no pude y no me arrepiento de lo que hice; creo que de no haberlo hecho me hubiera arrepentido en unos años. Agradezco a Dios este embarazo divino. Mi decisión nunca fue impulsiva, me llevó años tomarla y por eso creo que cada mujer tiene su proceso. Lo mío no es valentía, como me dijeron muchos. Creo que una mujer que desea la maternidad con tanto amor y tantas ganas, puede.

¿Qué le dirías al donante si lo conocieras?

Gracias.

*Cecilia Igorra es gerenta de RRHH y Coach. A lo largo de estos años ha acompañado a varias mujeres de distintos países que, tras conocer su historia, se acercaron para informarse, tomar coraje y embarcarse en el mismo viaje.

Podés leer más sobre estos temas en el blog Mamás Reales o seguirlos en su cuenta de Instagram.

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