30 de noviembre de 2012 19:18 hs

Campo, proyecto encabezado por Juan Campodónico, tiene apenas un año. Pero la edad no condice con los logros: fue ganador de un Graffiti, nominado a los premios MTV Europa y también a los Latin Grammy. Además, el propio Campodónico obtuvo un Grammy por su labor como productor del disco Porfiado de El Cuarteto de Nos, ganador del Mejor disco pop/rock del año.

Fue un año muy movido, pero está lejos de terminar. El año que viene, Campo llegará al prestigioso festival estadounidense de música y tendencias SXSW. Además, Campodónico editará junto a Bajofondo su nuevo disco.

Pero estos son días de Campo. Precisamente, hoy volverá a sonar en el teatro El Galpón con formación completa: Martín Rivero, Pablo Bonilla y Verónica Loza. Estarán en la lista los temas del disco y además remixes y rarezas inéditas. Esta fue la excusa para volver a encontrarse con el ex Peyote Asesino para conversar y anticipar lo de esta noche.

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Las diferentes nominaciones fueron una gran sorpresa. ¿Cómo las vivieron?

Fue interesante, porque por más de que yo tenga una trayectoria, lo de Campo es una cosa muy reciente. Es un proyecto que, a diferencia de otras cosas que he hecho, es totalmente independiente. No tiene una compañía discográfica multinacional detrás. Más allá de que tocamos, mucha gente se enteró, llamó la atención y empezaron a aparecer ese tipo de cosas como las nominaciones.

¿Sienten las diferencias al hacer algo independiente?

Por la naturaleza del proyecto la vida independiente le hace bien. En lo personal está bueno. Porque al hacer muchas cosas distintas está bueno que se mantenga por otro carril. Es un lugar que en lo personal me sirve para experimentar cosas a otro nivel. La primera vez que canté en un grupo fue en Campo. Me dio el espacio para hacer eso y darme cuenta si me gustaba o no. Ahora, en el disco nuevo de Bajofondo que recién lo terminamos y sale el 5 de marzo, canto en un tema. Salir de una a cantar con Bajofondo y con una orquesta de 20 músicos hubiese sido una locura.

Campo se define como “el proyecto de Juan Campodónico” o en casos como tu proyecto solista, ¿cómo se conforma el grupo en sí?

Ahora se está consolidando una banda. A pesar de que en el origen sea una iniciativa mía, después vino gente que se quedó a vivir. Empecé a trabajar con Martín Rivero en algunas canciones. Al principio era una, después fueron cuatro. Igual que Pablo Bonilla y Verónica Loza, cuyos aportes también son cada vez más grandes. Esa es la lógica de Campo. Que se diga que es mi primer disco solista, me rechina un poco. Como solista me imagino a un tipo cantando solo con su guitarra. Y no es mi caso. A mí me gusta trabajar en equipo.

¿Fue la intención utilizar los géneros latinos para llegar a un público más mundial?

Lo concibo desde el punto de vista de la identidad. De quién es uno. Sos uruguayo, vivís en Montevideo, te subís al taxi y el tachero viene escuchando cumbia. Hay algo que te rodea y te sobrepasa, que es la cultura. El disco no es que haga hincapié en los temas latinos. No los evita. La idea inicial era hacer algo que tuviera todos esos ingredientes que te encontrás en el paisaje sonoro uruguayo, que en realidad también es parte del mundo. Suenan cosas británicas, al tener a Martín cantando con ese acento, y a la vez cosas de la cumbia, el tango y el candombe. Todas estas infuencias se ponen de una manera que para mí son bellas. ¿Qué hay de lindo en la cumbia villera? Me gusta el ritmo, los sintetizadores. ¿Lo feo? Las letras misóginas.

¿Se puede decir que se elige lo mejor de cada género?

No sé si lo mejor, pero lo que me gusta más y lo que me parece que puede enganchar. No me interesa hacer una fusión, lo que me interesa sí –y capaz que es medio pretencioso– es generar algo nuevo. El disco de Campo para mí tiene cierta inmediatez. Es algo distinto pero conecta con la realidad. No es algo nuevo que nadie entiende. Está conectado y acompaña una sensibilidad de una época. Tal vez el comentario de Campo es que la cumbia en Uruguay tiene cierta estigmatización. Bueno, no tiene por qué tenerla. Se trata de no ser tan prejuicioso musicalmente. En Uruguay fue recibido de buena manera, pero a otros les chocó pila. Por eso elegimos La marcha tropical como primer corte para ver qué decían.

¿Y cómo fue ese primer choque?

Yo tenía terror. Porque a mí me tienen de Bajofondo, de música refinada, del tango, de los instrumentos clásicos. Y La marcha tropical es preciosa, es súper refinada, pero es una cumbia. Y fue controvertido. Pero no hay nada más feo que ser estándar o complaciente. Prefiero hacer algo que no te guste o que demores en que te guste, o en entenderlo. Eso es mucho más interesante. La música que más me ha gustado en la vida es esa que primero te rechina. Me acuerdo que cuando escuché los Beastie Boys pensaba que estaba mal grabado, que tenía ruido. Y después con El Peyote Asesino poníamos ruido por gusto y la gente lo devolvía porque pensaba que estaba mal. Es lo que tiene lo nuevo, siempre te tiene que descolocar. Lo que me da satisfacción de Campo es eso, no perder ese filo.

Más allá de lo local, Campo tuvo mucha repercusión en la prensa extranjera, en Estados Unidos sobre todo. ¿Interesa más este tipo de proyectos que tienen el factor latino en ese mercado?

Estados Unidos es un país que esta mutando genéticamente. Y la manera en que entró el disco fue a través de los latinos. En un momento dudé y como tenemos canciones en inglés, pensé llevarlo directamente al mundo anglo, pero hicimos el camino natural y no salteamos pasos. Estoy contento porque están pasando cositas. Vamos al SXSW, estamos haciendo gestiones para ir a Coachella, que también es un festival interesante. Y obviamente estar nominado a los Latin Grammy estuvo bueno.

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