Martín Cáceres fue uno de los protagonistas de la clasificación de Uruguay a semifinales. Primero, porque tuvo la responsabilidad de marcar a Lionel Messi durante el partido. Y segundo, porque fue el ejecutante del último penal que colocó a la selección entre los cuatro mejores del continente.
¿Qué sensaciones quedan luego de una victoria tan resonante?
Mucha felicidad. Por el grupo que se lo merece, por la gente que salió a la calle en Montevideo. Este era un partido clave y no fallamos. Se pudo aguantar con uno menos y la actitud del equipo fue lo principal. La expulsión de ellos después nos brindó un poco más de aire y pudimos forzar los penales.
¿Qué fue más complejo el último penal o marcar a Messi?
Un penal es más sencillo que marcar a Messi. No lo podés parar y volvió a demostrar que es el mejor del mundo.
Para colmo fue por su zona.
Claro, yo era el encargado de anularlo porque venía por mi zona y la idea era marcarlo en bloque para poder pararlo. A mí me condicionó un poco la amarilla, me hizo jugar sin meter mucho la pierna pero por suerte se pudo aguantar el partido con el hombre de menos.
De todos modos, Messi generó problemas cada vez que encaró.
Sabíamos que el tema pasaba por el medio donde los muchachos hicieron un gran trabajo. Ahí lo empezaron a desgastar y se lo paró en bloque a Lionel. Creo que se hizo de la mejor manera. Y el tema es que es muy difícil de marcar, había que arrimarle la pierna, había que hacerle sentir un poquito esa garra que tenemos los uruguayos.
¿Qué pensó cuando le tocó rematar el último penal?
Ya tenía decidido dónde patear hasta que agarré la pelota y dije lo pateo a la derecha. Si bien no pretendí tirarlo tan arriba por las dudas que se me fuera, pero bueno, vi que el golero se tiró a ese lugar y no llegó.
¿Qué se piensa en un momento como esos?
Uff... Era el último, toda la responsabilidad pesaba sobre mí. Pero fui caminando tranquilo. En el Mundial el último fue del Loco, ahora me tocó a mi.
¿Cómo se celebró la clasificación en el vestuario?
Los primeros cinco minutos fueron una locura, celebramos tirando el vestuario por la ventana hasta que llegó la voz comandante de la Tota Lugano y dijo, chiquilines, esto es un partido, esto sigue en tres días más. Y se nos acabó la fiesta.