El costado izquierdo, último disco de la banda argentina Estelares, hace directa referencia al corazón. Y es allí donde su líder, Manuel Moretti, encuentra las raíces para la creación de la canción.
Estelares, que alcanzó el éxito masivo con su cuarto disco, Sistema nervioso central (2006), con temas como Un día perfecto y Ella dijo, estarán presentando este nuevo trabajo el 11 de agosto en La Trastienda. Sus entradas se encuentran en Red UTS a $ 390.
Este álbum cuenta con invitados de primer nivel. Al español Enrique Bunbury y Ale Sergi de Miranda, se le unen Fernando Samalea en batería. Conocido por su trabajo junto a íconos como Charly García y Gustavo Cerati, no estará acompañándolos en su gira. “Necesitábamos un batero más estable. Y es como bien dice él: le encanta la banda, pero hace 35 años que está de gira. Está un poco cansado”, explica entre risas Moretti.
Con El Observador el cantautor habló sobre El costado izquierdo, sus canciones y la nueva independencia que les otorgó producir su propio trabajo.
Desde 2003 con su disco Ardimos, que trabajan con Juanchi Baleirón de Los Pericos como productor, ¿cómo cambió la dinámica de trabajo cubriendo ustedes ese rol?
Veníamos con la dinámica de trabajar durante tres discos con Juanchi. Cuando estábamos a punto de meternos a hacer los demos, había ganas de seguir con él, pero había imposibilidades de tiempo y espacio para trabajar. También Víctor (Bertamoni, guitarrista) tenía ganas de comenzar con la producción, tomando en cuenta todo el aprendizaje con Juanchi. Y cambió algo en la línea de trabajo. Cambió en que la última palabra es la mía y la anteúltima es la de Pablo (Silvera, bajista) o la de Víctor.
En el título de su disco anterior, Una temporada en el amor, hacen homenaje a Rimbaud, y en este tienen una canción que lleva su nombre. ¿Cuál es su relación con el escritor?
Cuando tenía 19, 20 años el libro Una temporada en el infierno y todos los simbolistas e iluministas pasaron por mis manos. Rimbaud fue uno de los que más me copó. Para mí es como una sensación. Tiene una manera de leer el mundo, es un poeta ultra dotado y ultra sensible, que en un momento se cansó y se fue a dedicarse a la economía a un país africano. Todo ese tipo de cosas hizo que use y que juegue con lo que fue mi información y formación, de la cual Rimbaud tiene que ver. En la canción también hablo de varias cosas que tienen que ver con mis primeros años en La Plata. La Escuela de Teatro, Facultad de Bellas Artes, canciones, poetas, escritores, drogas, todo eso. Rimbaud es una fotografía y un abrazo a esa época.
Allí le cantás a alguien en particular, ¿quién es?
Yo supongo que es a una parte mía, amigos míos. Pablo decía que cuando todos los de la época escuchen esa canción se van a poner melancólicos y románticos. Todos aquellos con los que compartíamos la noche y las locuras. También fueron épocas muy intensas para mí. La formación y la información fueron intensas, y las drogas fueron pesadas y muy bravas. Es un poco de todo eso.
La historia de amor fallido es un tema que atraviesa el disco, en particular con Doce chicharras y Solo por hoy (chica oriental). Ambas canciones tienen un componente muy visual, ¿lo ves así?
Solo por hoy es una canción de la que tenía unos cuantos versos y me faltaba el remate. Y lo llamé a Marcelo “Cuino” Scornik, que es el escritor de nada más y nada menos que Estadio Azteca, El salmón, Mil horas. Yo tenía los primeros versos de la canción y una parte del estribillo y él la cerró de una manera preciosa. Pero lo dijiste bien. En esa canción juego con lo visual. A mí me encantó la frase: “Supe amar a una chica del Barrio Oriental, que también solía amar a medio país”. Es encantadora. Ella estaba con todos los tipos habidos y por haber.
Y con esa delicadeza te marca toda la historia
Claro, y eso me parecía encantador. Me encanta esa canción. Con Doce chicharras jugué con dos frases. Una que me gusta mucho es: “Me dijeron mil veces ‘debes inventarte un Dios”, y “Si no me hubiese hundido hoy, no hablaría de amor”. No es necesario hundirse para hablar de amor, pero si no hubiese pasado por esos momentos de información y formación, si no hubiese atravesado esas épocas, no sé cuánto hubiese en mí.
¿Querés decir entonces que si no hubieses pasado por todo lo que se afirma en Rimbaud no hubieses llegado a este sexto disco?
Sí, yo creo que sí, sin caer pretencioso. Las cosas se dieron así. Doce chicharras dice eso. Es como ir a investigar la propia miseria, la propia carencia. Yo creo que así es Estelares. Cuando decías lo de los amores fallidos, básicamente es la narración de la dificultad del encuentro. Y el encuentro no es necesariamente amoroso.
¿Este disco trata de seguir la línea de los anteriores? ¿Hay continuidad?
Sí, la continuidad se da en la forma en que entramos al mundo de la canción, pero es diferente. Es el disco más Leonardo Favio de todos, acá hay juegos de cantante melódico en varias cosas. Pero también es el disco más sensorial de todos. Musicalmente y a nivel de imágenes. Es el menos intelectual, menos filosófico. Jugábamos con ideas, con lo primero que se me venía al mundo sensible, al costado izquierdo. El corazón.