El Observador | Ricardo Galarza

Por  Ricardo Galarza

Internacionales
2 de octubre 2020 - 5:04hs

Y así, Biden mantiene su ventaja después del enfrentamiento, a priori considerado por propios y ajenos como su primer gran escollo; y Trump sigue en segundo lugar.

Al final, el debate del martes en Cleveland no aportó gran cosa a la contienda electoral y lo más probable es que tampoco haya incidido demasiado en las preferencias de los votantes. Según las encuestas, 6 de cada 10 personas que vieron el debate opinaron que el ganador fue Biden. Pero en rigor, ninguno de los dos asestó lo que llamaríamos un golpe de nocaut a su rival, que pueda haber movido significativamente la aguja en la intención de voto.

Lo que sí puede que haya logrado este debate, sin embargo, es haber detenido el ascenso de Trump. Esa tendencia a recortarle puntos al demócrata que se venía registrando, es probable que ahora se haya detenido.

Eso parecen indicar, al menos en forma incipiente, los primeros sondeos. El jueves, el presidente amaneció otra vez 7,2 puntos porcentuales abajo en el agregado de encuestas de Real Clear Politics, y 7,6 en el de FiveThirtyEight. Por si esto fuera poco, un día antes, la encuesta de Rasmussen lo volvía a separar ocho puntos del líder (51% de Biden por 43% de Trump), después de haberlo superado por un entero en el mismo sondeo dos semanas atrás. Y en el índice de aprobación que esa consultora mide a diario, volvió a quedar en números rojos (51% desaprueba su gestión, por 49% que la aprueba), después de cuatro semanas con claros positivos en ese rubro.

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Finalmente, en la encuesta de septiembre del Emerson College, también realizada poco antes del debate, el presidente quedó otra vez cuatro puntos por debajo de su rival: 48% a 44%.

De confirmarse este estancamiento, las chances de Trump podrían reducirse a unos cuantos eventos y a un buen cierre de campaña. Con los dos próximos debates aún en duda, no sería demasiado lo que el presidente pueda hacer si es que, en efecto, se ha revertido la tendencia. Y aun con la confirmación de esos debates, tampoco está claro que le vaya a ir mejor que en el primero. Sobre todo, porque si algo sorprendió el martes de Biden, fue que no dijo ningún disparate, ni se puso a delirar o a farfullar frases sin sentido.

Pero por si no quedó claro, este primer debate ha sido realmente desastroso: Trump interrumpiendo a cada rato y Biden no contestando ninguna pregunta y diciendo una cantidad de mentiras que el moderador, Chris Wallace, dejó pasar a la torera. Difícilmente vaya usted a ver una peor y más infantil justa verbal. A mi juicio, no ganó ninguno de los dos; pero el gran perdedor fue sin duda Wallace. Cuando un moderador es criticado por todos, y con la misma intensidad por ambos bandos y por aquellos que no van nada en la parada, póngale la firma que no ha hecho bien su trabajo.

De todos modos, conviene recordar que esta es una elección de Colegios Electorales y no de voto popular, y por tanto se define en un puñado de estados. Yo insisto en algunos estados del Medio Oeste porque fueron los que le dieron el inesperado triunfo de 2016 a Trump, contra lo que decían las encuestas, y porque ahí no está nada claro aún.

¿Qué ocurrió entonces? Que Trump tenía una buena cantidad de “voto vergonzoso” que no registraban las encuestas pero que sí se expresó en las urnas. Por eso también sigo los sondeos del Grupo Trafalgar, pese a los cuestionamientos a su metodología que a menudo se lanzan desde tiendas demócratas.

Es curioso, porque fue precisamente el uso de esa metodología lo que en 2016 convirtió a Trafalgar en la única encuestadora que acertó el resultado en Michigan y en Pensilvania, donde Trump se impuso a Hillary por unos pocos miles de votos.

Lo que hace Trafalgar es justamente tratar de medir ese voto vergonzoso de Trump. Y según su fundador Robert Cahaly, un muy lúcido estadístico y experto en medición de voto, esto lo logra preguntando al entrevistado no solo qué va a votar, sino también qué piensa que va a votar su vecino.

Llámele como quiera, pero hace cuatro años dio resultado. Comprenderá usted que yo, y otros observadores como Michael Moore, le demos importancia en una elección donde prácticamente todo se define en esos estados, y donde otra vez puede haber voto escondido de Trump. Cahaly dice incluso que este año es hasta mayor que en 2016.

Como en aquella oportunidad, en esta elección, Trafalgar tampoco mide los estados de Wisconsin, Ohio y otros del Midwest. Solo Michigan y Pensilvania. Pero con eso alcanza, ya que si Trump repite su performance en el Sur, con ganar esos dos estados en el Medio Oeste, estaría revalidando mandato; podría hasta prescindir de Ohio, donde desde la elección de Lyndon Johnson en 1964 han ganado todos los presidentes.

¿Y qué dicen hoy las encuestas de Traflagar en esos dos estados? Una por otra: En Michigan, tiene a Trump arriba por un punto (47% a 46%); en Pensilvania, a Biden por dos: 47% a 45%. Todo indica que otra vez va a estar muy parejo, a menos que se confirme el freno de Trump y este empiece a caer.

Por último, por si a usted le dio curiosidad: ¿cuál es el pronóstico de Cahaly para el día de la elección? El experto le otorga al presidente un 68% de las chances de victoria; mientras que Nate Silver, el gurú de FiveThirtyEight, tiene a Biden de favorito por 2 a 1.

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