Economía y Empresas > COACHING KARINA PITTINI

¿Por qué dicen que el coaching es un antes y un después?

 Tanto si sos fan de los procesos de desarrollo como si no, o si sos de los muy crédulos o extremos críticos, el coaching se impone como una experiencia transcendente.

El coaching se impone como una experiencia transcendente.

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28 de febrero de 2021 a las 05:00

Cada persona que inicia un proceso de coaching parece tocado por una varita mágica. Sea de índole ejecutiva, de vida, de negocios, de liderazgo… cualquiera sea, siempre que sea un proceso profesional.  Soy una fiel prueba, ¡me sucedió! Fue desde aquellos años cuando me formé en la disciplina como en cada sesión de coaching.  Pero esto no es un privilegio solo mío. Lo comparto con cada persona que recibo como coachee, con cada coach que superviso en sus procesos con otros y cada vez que soy coachee al recibir una sesión de coaching. 

Una de los grandes impactos es que mientras apoyas a otros en sus procesos, creces. 

¿Cómo sucede? Si bien el coaching se trabaja desde objetivos con una metodología establecida, por sobre todo, se sustenta en valores.  ¿Qué valores? Tus propios valores.  Esos que tocan tu fibra íntima como persona que sos. 

    Da igual si llegas al coaching para ser coach, para ser un líder con todas las letras, para transformar tu vida, cambiar tu negocio, mejorar habilidades interpersonales o desarrollar alguna competencia.  Diversos pueden ser los motivos para iniciar un proceso, lo cierto es que en todos los casos,  al activar nuestros valores y vivirlos tomamos acciones y decisiones de la índole que sea -personales, corporativas, familiares.  Lo que de todas maneras, mejorará nuestro aquí y ahora, posicionará nuestro pasado como un gran recurso y nos permitirá construir el futuro en forma más autónoma, comprometida y responsable.

    Llegué al coaching casi sin querer. Una amiga me dijo: “esto es lo tuyo”.  En esos años, estaba terminando un postgrado y pensaba que me tomaría un año sabático de estudios. Quizá por su convicción, quizá por mi intuición o por ambas cosas a la vez, me encontré con un libro en mis manos.  Hasta hoy ese libro me acompaña y cada vez que lo leo encuentro nuevas cosas. Amigable y simple de leer y quizá de los más potentes que he leído por lo que implicó en mi vida. Se trata de “Coaching con Pnl” de Joseph O’Connor y Andrea Lages. ¡Me fascinó!  Además fue el motor para tener la vida que hoy tengo, lo cual agradezco cada día. 

    Luego de la lectura del libro, hice una formación que estuvo muy buena a nivel de desarrollo personal y la certeza que eso que no encontré lo iba a conseguir. 

Se trataba de herramientas que necesitaba para potenciar nuestro equipo y para llevar a nuestros clientes. 

Así es que me puse a buscar en el mundo.  Fue una búsqueda, por cierto, difícil.  Había tantas propuestas distintas que me confundía cada vez más.

Era demasiado para que con mi poco conocimiento de aquel momento, me fuera fácil elegir. La pregunta que me hacía una y otra vez era: ¿cuál es la indicada?  Tenía claro que mi búsqueda se orientaba a un modelo que tuviera credenciales, estuviera validado, fuera pragmático y con alto sentido ético.

   Creí encontrarlo y ¡vaya si así fue!

    Con el correr del tiempo logramos la representación de esta metodología que ya nos daba sus frutos y así desembarcamos en Uruguay. 

Recuerdo que una de mis hijas era muy chiquita aún y yo trabajaba muchas horas en la noche para poder estar una buena parte del día con ella. 

Trabajaba mucho, me cuidaba poco.

El coaching llegó a traerme herramientas para transformar mi vida en algo mucho mejor aún. 

Con el coaching aprendí que los valores son para vivirlos, que la transformación depende de mi, que no solo no existe el cielo como límite sino que hay más todavía…  Que somos seres talentosos si somos congruentes y que la felicidad está en el día a día.

Cada persona que llega a una formación, la inicia con intereses y objetivos.  Sea que lo hace por su propia cuenta o que la empresa o institución a la que pertenece lo invitó. Lo cierto es que algo en común existe entre quienes deciden entrenarse en coaching. Están los que llegan confiados y los que no. Esos que se zambullen desde el principio como los que cuestionan todo y hasta miran recelosos.  Sea como sea, los unos y los otros cambian. 

Comienzan a sentarse diferente, a participar más, a comprometerse, probar, desafiar y confirmar. 

Se potencia el brillo en sus ojos y más temprano que tarde, llega el famoso “click” que todos hacemos.  Que es fruto de los aprendizajes y la propia transformación que produce el coaching.  Ese es el famoso antes y después. 

Te invito a que compartas en comentarios o me escribas a mi mail kpittini@hcc.com.uy sobre tu antes y después.

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