30 de septiembre 2013 - 16:28hs

Floribeth Mora administra una empresa y su esposo Edwin Arce tiene una tienda de repuestos. Viven en Dulce Nombre de Cartago, un pueblito del centro de Costa Rica, y a principios de 2011 a ella le diagnosticaron un aneurisma cerebral por el que no viviría más de un mes.

Con la fe que le transmitieron sus padres, “Flori” rezó para que Juan Pablo II intercediera ante Dios y la escuchara en su momento de dolor. El 1º de mayo de 2011, cuando beatificaban al papa viajero, sintió que su voz la animaba a levantarse. Se curó y no hay rastros del aneurisma. Todos los estudios que se le practicaron posteriormente evidenciaron que estaba sana. Los médicos admitieron que no podían explicar nada.

El día en que se conoció que Juan Pablo II será canonizado el 27 de abril de 2014, Floribeth habló con El Observador.

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¿Cómo sintió la curación?

En el momento en que escuché esa voz que me indicaba que me levantara, que no tuviera miedo, el Señor trabajó en mí. En mi parte espiritual me dio paz y en la parte externa, se puede demostrar. Pero lo más importante es que ya no tenía esa agonía en mi cuerpo, ese cansancio. Y lo principal era que ya no tenía miedo, me sentía diferente, era una mujer llena de paz, con mucha más confianza de la que tenía anteriormente pero con la certeza de que estaba sana. Aunque en ese momento no tenía un documento clínico que lo dijera. Sabía que estaba sana, que Dios me había sanado.

¿Por qué cree que el papa intercedió por su curación?

Porque él escucha la voz de todas las personas que claman a él. Así fue cuando estaba vivo, él trataba de hacer lo mejor posible por ayudar a la gente. En su humildad, él siempre estuvo presente en las pobrezas de mucha gente y en las penas de los hombres. ¿Y por qué no escuchar? Él me escuchó porque es misericordioso, porque siempre amó al Señor y se regía por eso. Él escuchó mis súplicas y las subió a Dios.

¿Y qué le dice a los que no tienen fe, a los que creen que le hicieron mal un análisis, que tal vez el diagnóstico inicial no era tan terrible como se lo habían presentado?

No tengo manera de explicar, cada quien piensa como quiere. Yo los respeto, no lo comparto. Como siempre digo, el que quiera creer, que crea. Y el que no quiera creer aún viendo, pues no puede creer. Se lo dejo a cada uno, que lo tomen como gusten, pero que Dios existe, Dios existe. Y la fe es la que mueve montañas.

Lea la entrevista completa mañana en El Observador.

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