31 de mayo de 2013 19:44 hs

"Como Ruben Rada no toco en el Solís desde la época de Totem. Incluso no estuve cuando hicieron el show de Opa. Sólo hice una temporada de Rada para Niños. Yo me enojé con Gerardo Grieco (ex director del teatro), no sé por qué pelotudez, y no fui nunca más”, cuenta Rúben Rada, sentado junto a la ventana en un bar de la Ciudad Vieja.

Esa ausencia de casi 10 años llegará a su fin el miércoles 5 y el jueves 6 de junio cuando el músico –uno de los más relevantes compositores e intérpretes de Uruguay– ofrezca el espectáculo Tango-Milonga-Candombe, estrenado el año pasado en la sala Zavala Muniz. En esas funciones se va a filmar un DVD que a fin de año será editado junto a dos discos: uno de candombe y uno de tangos. Las entradas van de los $ 300 a los $ 800 y se consiguen en locales de Red UTS.

En una charla de una hora, Rúben Rada habló con El Observador de su presente y su futuro, de las polémicas sobre la negritud y el zorzal enjaulado y de sus hijos Lucila, Julieta y Matías, ya consolidados como músicos. Relató que el Grammy que recibió por su trayectoria quedó olvidado en un taxi en Las Vegas y –riéndose– contó que al guitarrista Nicolás Ibarburu, miembro de su banda y actual yerno, “antes le decía peligro y ahora le digo maldad”.

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¿Por qué un espectáculo de tango, milonga y candombe?

La idea es sacarme el gusto de hacer tangos porque yo cantaba tango de chico. En la época que Miguel Ángel Manzi tenía un programa de niños en radio Carve yo gané un concurso de tango cantando ahí. Pero hay pocos tangos grabados míos, sólo un par de cuando hice Candombe Jazz Tour.

¿Qué tienen en común los tres géneros?

La palabra tangó significa reunión de negros, según parece. La milonga tiene que ver con el candombe, que se tocaban juntos. Son tres géneros que están pegados. La milonga tiene un ritmo más lento, apenas un compás diferente al candombe, que tiene un movimiento diferente. Lo que muestro ahí es que la habanera, la música cubana, tiene mucho que ver con el tango (tararea una melodía y la compara con El Choclo), es el mismo compás.

¿Qué opina de la carrera artística de sus hijos?

Mi vieja siempre me dio para adelante, nunca me fue a despedir al aeropuerto. Cuando yo estaba afuera y hablábamos por teléfono nunca me preguntaba cuándo venía. Por eso yo ahora con mis hijos soy igual, les doy la libertad. Ahora Julieta está en España y yo no le digo en ningún momento “te extraño, ¿cuándo venís?” La vida de los músicos es andar, y más para los músicos uruguayos; si no salís de acá no levantás. A Matías (guitarrista) le está yendo divino, tocando con los Illya Kuryaki. Lucila hacía aquel programa de televisión, Cantando en la oficina, y sacó un disco divino pero no pudo seguir porque tuvo familia. Estoy súper contento con los chiquilines.

¿Se compra discos?

Compro pocos discos porque soy una esponja. Hago rocanrol, funky, samba, candombe, tango, milonga; todo lo que escucho se me pega. Entonces, para mantener mi estilo –es una locura mía– me cierro en escuchar a los que no me molestan, Mateo, Hugo Fattoruso, Urbano Moraes, Milton Nascimento, a Los Beatles que ya nos les puedo afanar nada, los discos de mis hijos. Y cosas que me hacen escuchar ellos: Metallica, Julieta escucha Beyoncé. Compro discos para regalar.

¿Es la primera vez que tiene un estudio de grabación?

Ese estudio lo tengo en la casa de Montemurro. Y estamos grabando ahí. Estuvo León Gieco haciendo este disco que ganó un montón de premios Gardel, El Desembarco, Malena Muyala, Javier Malosetti, Larbanois-Carrero, un montón de gente. Era el sueño de mi vida tener un estudio. Ahí estoy haciendo cuatro discos. Amoroso Pop que sale ahora, bien de rocanrol y pop, tirando al Black. Luego hay un disco que tiene 15 candombes que a fin de año lo voy a juntar con uno de tangos para sacar un disco doble de Tango-milonga-candombe. El otro se llama Lujuma Band, que voy a tratar de sacarlo afuera, en Estados Unidos o en México, y es con Lucila, Julieta y Matías. Compuse un montón de canciones en inglés y en español, y también en portugués que canta Lucila. Es un disco divertido, bailable, bien discoteca. Es el sueño de grabar un disco con mis hijos.

¿De los grupos de ahora con cuáles tiene más afinidad?

Tengo onda con todos. Ahora invité a grabar en Amoroso Pop a Emiliano Brancciari de NTVG. Pero también tengo onda con el Enano de la Vela, con La Triple Nelson, que me llamaron a hacer el concierto que hicieron con la Filarmónica pero les saqué el cuerpo porque siento que ya no soy aquel cantor de antes. Yo nunca fui de cantar en una sola tonalidad, de pronto canto como un pájaro, o como un negro, canto como un blanco, como un rockero; de repente me parezco a Joe Cocker, de pronto a Ray Charles, a Gardel. Siento que me falta algo de eso.

También ha dicho que le cuesta tocar como antes.

Es que cansa. El 16 de julio cumplo 70 años. Son 70 dolores. Todas las mañanas. Los huesos. Tengo roto el tendón del hombro derecho que me tengo que operar pero hay que ver el momento porque tengo que estar tres meses sin tocar el tambor; me cansan los viajes, los aeropuertos, la lucha de cobrar o no cobrar, si llueve o no llueve. Si por mí fuera yo pararía y cantaría cuando tenga ganas, una o dos veces al año.

¿Le abrió puertas el Grammy a la trayectoria que le dieron en 2011?

Realmente no lo usé, no sé si me abrió puertas. Tanto así que el día que gané el Grammy veníamos llenos de valijas con mi mujer, compramos ropa, micrófonos, Nintendo para los chiquilines. Tanta cosa que me dejé el Grammy olvidado en un taxi. Cuando llegué acá me invitaban a los programas y decía que no, que no quería ir. Mentira. Lo tuve que pedir y me mandaron una réplica que me costó US$ 600. Y de Estados Unidos me llamaron para preguntarme si querían que el taxista –que lo encontraron– fuera preso o lo echaran del laburo. Por favor. Ninguna de las dos cosas. Si el boludo fui yo que me lo olvidé, no lo voy a mandar en cana.

¿Hay gente que lo conoce más por la tele que por la música?

Mucha. Por lo general conocen Las manzanas y algún tema de Totem. Yo hago programas de televisión cada dos, tres años. Cuando hice El Teléfono estuve cuatro o cinco años sin hacer tele, después hago La Oveja Negra y dos o tres años después Porque te quiero así en el 10 y después Décadas.

¿Décadas fue lo más parecido a un programa de televisión de su agrado porque la música era protagonista?

Sí, me encantó. Anduvo bárbaro. Lo que yo pedí fue que hubiera buen sonido, que fuera bien tratado el artista. Se lo traía de Buenos Aires, se le pagaba, podían venir con su mujer como hizo Lerner. Tratás de hacer las cosas como se hacen en otros lados. No sé si el programa ganó guita pero como era por los 50 años de canal 12 se invirtió para hacerlo. Hicimos una dupla buena, creo, con Victoria Rodríguez. Y aparte me junté con amigos. Sé que los artistas venían porque estaba yo, los que me conocían y los que querían conocerme, como Juanes. Vino Fito Páez, No Te Va Gustar, Jaime… en ese reencuentro un poco exagerado.

¿Significó algo el famoso reencuentro?

Nos habíamos encontrado antes con Jaime en el hotel Columbia y no hablamos del bolonqui. No sé ni por qué estábamos enojados. Nos dimos un abrazo y tratamos de estar bien porque la gente no quiere que estemos peleados, como pasa con Los Olimareños. La gente ama a los artistas y les gusta verlos juntos. Entonces me pareció bárbaro juntarnos, charlar. Y pensamos hacer algo juntos pero no apareció el esponsor para hacer el gran show de Jaime y Rada. Lo que quiere Jaime es unificar el show, no que yo cante dos al final con él o él dos conmigo, sino combinar que los músicos toquen juntos y cantar canciones mías y yo de él...

Jaime siempre dijo que usted es el mejor cantante. ¿Hay alguna voz que haya surgido que le parezca excepcional?

Está el que canta con Jaime, Freddy Bessio, que es algo increíble, una voz maravillosa. Me gusta mucho Pinocho Routin. Y de los grupos me parece que los dos pibes de La Vela y de No Te Va Gustar no son aquellos grandes cantantes ni pretenden serlo pero tienen un sonido lindo, joven. Un cantor que me gusta es el de Divididos, Ricardo Mollo. Tiene un sonido en la voz increíble. Los solistas están en el Carnaval y el tango, como Tabaré Leyton que tiene una voz increíble. Y Malena Muyala, Francis Andreu. A mí me encanta Fernando Cabrera. Cuando él canta se me abre el canal de las lágrimas. Yo muero con el sonido ese, y muero con el sonido de Mateo.

Bajofondo, ¿le gusta?

Bajofondo me pareció un gran hallazgo. Encontraron una veta maravillosa y los respeto muchísimo. Me gustó cuando estaba la negra Lágrima Ríos cantando con ellos (grabó Chiquilines en el disco Mardulce). Ahí me tembló el corazón. Para mí es eso lo que le falta a Bajofondo, una voz. La tiene la Orquesta Fernández Fierro con Walter “Chino” Laborde, que es un cantor de tango de la puta madre.

¿Jorge Drexler?

Drexler es un tipo que me gusta cómo canta, que es afinado; lo único que no me gusta de Drexler es que toque solo con la guitarra. ¿Cómo le llamo yo a eso? Le llamo “cansautor”. Yo voy a un concierto, un tipo con la guitarrita sola, a menos que sea Falú, que arrugue la guitarra… La poesía es muy linda, todo divino, pero para eso, con todo el respeto del mundo, está la mujer que apoya esto de la poesía. Y no estoy criticando. Me parece que es muy talentoso y que se merece el lugar que tiene.

Cuando salió la propuesta de sacar del diccionario términos como “trabajar como un negro” usted no se manifestó a favor.

Cuando pidieron que los españoles quitaran del diccionario la expresión “trabajar como un negro” estuve de acuerdo, porque es antiguo. Se refería a la esclavitud y eso ya está caduco. Pero la gente entendió todo mal, que la gente ya no te podía decir Negro, que hay que decir afrodescendiente. “¡Afrodescendiente, vení!”, me parece que es un poco exagerado. Si a un amigo tuyo le decís Negro, de toda la vida, ¿por qué cambiar eso? La gente me paraba por la calle y me preguntaba si no podía decirme más Negro; ahí ya empecé a notar un cierto racismo. A mí no me molesta que me digan Negro, el negro es un color maravilloso.

Otra polémica fue la del aviso de Inavi en el que se juntaban con Gardel y había un zorzal enjaulado.

Los que hacen una publicidad tienen que interiorizarse y saber si realmente se puede tener un pájaro en una jaula… yo después estuve viendo y desde hace un montón de años un zorzal no puede estar enjaulado. Tuvieron que cortar esa parte. La producción me encantó, recibí montones de felicitaciones. La historia tiene que ver con lo que yo canto en Tengo un Candombe para Gardel. Para mí fue como un sueño. Porque si hay un tipo con el cual hubiera querido cantar, más que con Ray Charles o Paul McCartney, hubiera sido con Gardel, el mejor cantante de la historia.

A Paul McCartney, de hecho, le dio la espalda.

No, no le di la espalda, fue por los derechos de autor que no fui telonero del show en Montevideo. Pero escucho a Paul McCartney y se me caen las lágrimas. Para mí es el mejor cantante que hay en este momento, junto a Stevie Wonder.

¿Fue a ver el recital?

No, fue toda mi familia pero yo no porque me iba a romper las bolas la gente por todo lo que pasó.

¿Con quién se divirtió más, con Jon Anderson, con Milton Nascimento o con los Ketama?

Con Ketama, porque tienen un humor increíble; los gitanos son divinos. Milton es más serio y a Jon Anderson apenas me lo crucé, fui a un estudio en Los Angeles y canté, con mucho respeto, frente a él. Con los Ketama fuimos de parranda acá en Montevideo; nos vimos en Argentina, me invitaron a abrir un concierto en Santander. No sabés lo que nos reímos. Los gitanos y los negros somos la misma cosa: atorrantes, hablando de mujeres, de relajo, copas.

Y ahora, ¿qué le queda por hacer?

Quisiera un segundo disco de Confidence, pero con más tiempo. En un mejor estudio y con invitados. Gustavo Bergalli, el trompetista argentino, ver si puedo invitar a alguien de Estados Unidos, al “Bolsa” Amuedo, Hugo Fattoruso. Hacer un Confidence que sea más guitarrístico y de teclados, y que los vientos ocupen un lugar más de solista, que metan frases. Un disco de músicos virtuosos tocando la música que yo componga.

omo Rúben Rada no toco en el Solís desde la época de Totem. Incluso no estuve cuando hicieron el show de Opa. Sólo hice una temporada de Rada para Niños. Yo me enojé con Gerardo Grieco (ex director del teatro), no sé por qué pelotudez, y no fui nunca más”, cuenta Rúben Rada, sentado junto a la ventana en un bar de la Ciudad Vieja.
Esa ausencia de casi 10 años llegará a su fin el miércoles 5 y el jueves 6 de junio cuando el músico –uno de los más relevantes compositores e intérpretes de Uruguay– ofrezca el espectáculo Tango-Milonga-Candombe, estrenado el año pasado en la sala Zavala Muniz. En esas funciones se va a filmar un DVD que a fin de año será editado junto a dos discos: uno de candombe y uno de tangos. Las entradas van de los $ 300 a los $ 800 y se consiguen en locales de Red UTS.
En una charla de una hora, Rúben Rada habló con El Observador de su presente y su futuro, de las polémicas sobre la negritud y el zorzal enjaulado y de sus hijos Lucila, Julieta y Matías, ya consolidados como músicos. Relató que el Grammy que recibió por su trayectoria quedó olvidado en un taxi en Las Vegas y –riéndose– contó que al guitarrista Nicolás Ibarburu, miembro de su banda y actual yerno, “antes le decía peligro y ahora le digo maldad”.
¿Por qué un espectáculo de tango, milonga y candombe?
La idea es sacarme el gusto de hacer tangos porque yo cantaba tango de chico. En la época que Miguel Ángel Manzi tenía un programa de niños en radio Carve yo gané un concurso de tango cantando ahí. Pero hay pocos tangos grabados míos, sólo un par de cuando hice Candombe Jazz Tour.
¿Qué tienen en común los tres géneros?
La palabra tangó significa reunión de negros, según parece. La milonga tiene que ver con el candombe, que se tocaban juntos. Son tres géneros que están pegados. La milonga tiene un ritmo más lento, apenas un compás diferente al candombe, que tiene un movimiento diferente. Lo que muestro ahí es que la habanera, la música cubana, tiene mucho que ver con el tango (tararea una melodía y la compara con El Choclo), es el mismo compás.
¿Qué opina de la carrera artística de sus hijos?
Mi vieja siempre me dio para adelante, nunca me fue a despedir al aeropuerto. Cuando yo estaba afuera y hablábamos por teléfono nunca me preguntaba cuándo venía. Por eso yo ahora con mis hijos soy igual, les doy la libertad. Ahora Julieta está en España y yo no le digo en ningún momento “te extraño, ¿cuándo venís?” La vida de los músicos es andar, y más para los músicos uruguayos; si no salís de acá no levantás. A Matías (guitarrista) le está yendo divino, tocando con los Illya Kuryaki. Lucila hacía aquel programa de televisión, Cantando en la oficina, y sacó un disco divino pero no pudo seguir porque tuvo familia. Estoy súper contento con los chiquilines.
¿Se compra discos?
Compro pocos discos porque soy una esponja. Hago rocanrol, funky, samba, candombe, tango, milonga; todo lo que escucho se me pega. Entonces, para mantener mi estilo –es una locura mía– me cierro en escuchar a los que no me molestan, Mateo, Hugo Fattoruso, Urbano Moraes, Milton Nascimento, a Los Beatles que ya nos les puedo afanar nada, los discos de mis hijos. Y cosas que me hacen escuchar ellos: Metallica, Julieta escucha Beyoncé. Compro discos para regalar.
¿Es la primera vez que tiene un estudio de grabación?
Ese estudio lo tengo en la casa de Montemurro. Y estamos grabando ahí. Estuvo León Gieco haciendo este disco que ganó un montón de premios Gardel, El Desembarco, Malena Muyala, Javier Malosetti, Larbanois-Carrero, un montón de gente. Era el sueño de mi vida tener un estudio. Ahí estoy haciendo cuatro discos. Amoroso Pop que sale ahora, bien de rocanrol y pop, tirando al Black. Luego hay un disco que tiene 15 candombes que a fin de año lo voy a juntar con uno de tangos para sacar un disco doble de Tango-milonga-candombe. El otro se llama Lujuma Band, que voy a tratar de sacarlo afuera, en Estados Unidos o en México, y es con Lucila, Julieta y Matías. Compuse un montón de canciones en inglés y en español, y también en portugués que canta Lucila. Es un disco divertido, bailable, bien discoteca. Es el sueño de grabar un disco con mis hijos.
¿De los grupos de ahora con cuáles tiene más afinidad?
Tengo onda con todos. Ahora invité a grabar en Amoroso Pop a Emiliano Brancciari de NTVG. Pero también tengo onda con el Enano de la Vela, con La Triple Nelson, que me llamaron a hacer el concierto que hicieron con la Filarmónica pero les saqué el cuerpo porque siento que ya no soy aquel cantor de antes. Yo nunca fui de cantar en una sola tonalidad, de pronto canto como un pájaro, o como un negro, canto como un blanco, como un rockero; de repente me parezco a Joe Cocker, de pronto a Ray Charles, a Gardel. Siento que me falta algo de eso.
También ha dicho que le cuesta tocar como antes.
Es que cansa. El 16 de julio cumplo 70 años. Son 70 dolores. Todas las mañanas. Los huesos. Tengo roto el tendón del hombro derecho que me tengo que operar pero hay que ver el momento porque tengo que estar tres meses sin tocar el tambor; me cansan los viajes, los aeropuertos, la lucha de cobrar o no cobrar, si llueve o no llueve. Si por mí fuera yo pararía y cantaría cuando tenga ganas, una o dos veces al año.
¿Le abrió puertas el Grammy a la trayectoria que le dieron en 2011?
Realmente no lo usé, no sé si me abrió puertas. Tanto así que el día que gané el Grammy veníamos llenos de valijas con mi mujer, compramos ropa, micrófonos, Nintendo para los chiquilines. Tanta cosa que me dejé el Grammy olvidado en un taxi. Cuando llegué acá me invitaban a los programas y decía que no, que no quería ir. Mentira. Lo tuve que pedir y me mandaron una réplica que me costó US$ 600. Y de Estados Unidos me llamaron para preguntarme si querían que el taxista –que lo encontraron– fuera preso o lo echaran del laburo. Por favor. Ninguna de las dos cosas. Si el boludo fui yo que me lo olvidé, no lo voy a mandar en cana.
¿Hay gente que lo conoce más por la tele que por la música?
Mucha. Por lo general conocen Las manzanas y algún tema de Totem. Yo hago programas de televisión cada dos, tres años. Cuando hice El Teléfono estuve cuatro o cinco años sin hacer tele, después hago La Oveja Negra y dos o tres años después Porque te quiero así en el 10 y después Décadas.
¿Décadas fue lo más parecido a un programa de televisión de su agrado porque la música era protagonista?
Sí, me encantó. Anduvo bárbaro. Lo que yo pedí fue que hubiera buen sonido, que fuera bien tratado el artista. Se lo traía de Buenos Aires, se le pagaba, podían venir con su mujer como hizo Lerner. Tratás de hacer las cosas como se hacen en otros lados. No sé si el programa ganó guita pero como era por los 50 años de canal 12 se invirtió para hacerlo. Hicimos una dupla buena, creo, con Victoria Rodríguez. Y aparte me junté con amigos. Sé que los artistas venían porque estaba yo, los que me conocían y los que querían conocerme, como Juanes. Vino Fito Páez, No Te Va Gustar, Jaime… en ese reencuentro un poco exagerado.
¿Significó algo el famoso reencuentro?
Nos habíamos encontrado antes con Jaime en el hotel Columbia y no hablamos del bolonqui. No sé ni por qué estábamos enojados. Nos dimos un abrazo y tratamos de estar bien porque la gente no quiere que estemos peleados, como pasa con Los Olimareños. La gente ama a los artistas y les gusta verlos juntos. Entonces me pareció bárbaro juntarnos, charlar. Y pensamos hacer algo juntos pero no apareció el esponsor para hacer el gran show de Jaime y Rada. Lo que quiere Jaime es unificar el show, no que yo cante dos al final con él o él dos conmigo, sino combinar que los músicos toquen juntos y cantar canciones mías y yo de él...
Jaime siempre dijo que usted es el mejor cantante. ¿Hay alguna voz que haya surgido que le parezca excepcional?
Está el que canta con Jaime, Freddy Bessio, que es algo increíble, una voz maravillosa. Me gusta mucho Pinocho Routin. Y de los grupos me parece que los dos pibes de La Vela y de No Te Va Gustar no son aquellos grandes cantantes ni pretenden serlo pero tienen un sonido lindo, joven. Un cantor que me gusta es el de Divididos, Ricardo Mollo. Tiene un sonido en la voz increíble. Los solistas están en el Carnaval y el tango, como Tabaré Leyton que tiene una voz increíble. Y Malena Muyala, Francis Andreu. A mí me encanta Fernando Cabrera. Cuando él canta se me abre el canal de las lágrimas. Yo muero con el sonido ese, y muero con el sonido de Mateo.
Bajofondo, ¿le gusta?
Bajofondo me pareció un gran hallazgo. Encontraron una veta maravillosa y los respeto muchísimo. Me gustó cuando estaba la negra Lágrima Ríos cantando con ellos (grabó Chiquilines en el disco Mardulce). Ahí me tembló el corazón. Para mí es eso lo que le falta a Bajofondo, una voz. La tiene la Orquesta Fernández Fierro con Walter “Chino” Laborde, que es un cantor de tango de la puta madre.
¿Jorge Drexler?
Drexler es un tipo que me gusta cómo canta, que es afinado; lo único que no me gusta de Drexler es que toque solo con la guitarra. ¿Cómo le llamo yo a eso? Le llamo “cansautor”. Yo voy a un concierto, un tipo con la guitarrita sola, a menos que sea Falú, que arrugue la guitarra… La poesía es muy linda, todo divino, pero para eso, con todo el respeto del mundo, está la mujer que apoya esto de la poesía. Y no estoy criticando. Me parece que es muy talentoso y que se merece el lugar que tiene.
Cuando salió la propuesta de sacar del diccionario términos como “trabajar como un negro” usted no se manifestó a favor.
Cuando pidieron que los españoles quitaran del diccionario la expresión “trabajar como un negro” estuve de acuerdo, porque es antiguo. Se refería a la esclavitud y eso ya está caduco. Pero la gente entendió todo mal, que la gente ya no te podía decir Negro, que hay que decir afrodescendiente. “¡Afrodescendiente, vení!”, me parece que es un poco exagerado. Si a un amigo tuyo le decís Negro, de toda la vida, ¿por qué cambiar eso? La gente me paraba por la calle y me preguntaba si no podía decirme más Negro; ahí ya empecé a notar un cierto racismo. A mí no me molesta que me digan Negro, el negro es un color maravilloso.
Otra polémica fue la del aviso de Inavi en el que se juntaban con Gardel y había un zorzal enjaulado.
Los que hacen una publicidad tienen que interiorizarse y saber si realmente se puede tener un pájaro en una jaula… yo después estuve viendo y desde hace un montón de años un zorzal no puede estar enjaulado. Tuvieron que cortar esa parte. La producción me encantó, recibí montones de felicitaciones. La historia tiene que ver con lo que yo canto en Tengo un Candombe para Gardel. Para mí fue como un sueño. Porque si hay un tipo con el cual hubiera querido cantar, más que con Ray Charles o Paul McCartney, hubiera sido con Gardel, el mejor cantante de la historia.
A Paul McCartney, de hecho, le dio la espalda.
No, no le di la espalda, fue por los derechos de autor que no fui telonero del show en Montevideo. Pero escucho a Paul McCartney y se me caen las lágrimas. Para mí es el mejor cantante que hay en este momento, junto a Stevie Wonder.
¿Fue a ver el recital?
No, fue toda mi familia pero yo no porque me iba a romper las bolas la gente por todo lo que pasó.
¿Con quién se divirtió más, con Jon Anderson, con Milton Nascimento o con los Ketama?
Con Ketama, porque tienen un humor increíble; los gitanos son divinos. Milton es más serio y a Jon Anderson apenas me lo crucé, fui a un estudio en Los Angeles y canté, con mucho respeto, frente a él. Con los Ketama fuimos de parranda acá en Montevideo; nos vimos en Argentina, me invitaron a abrir un concierto en Santander. No sabés lo que nos reímos. Los gitanos y los negros somos la misma cosa: atorrantes, hablando de mujeres, de relajo, copas.
Y ahora, ¿qué le queda por hacer?
Quisiera un segundo disco de Confidence, pero con más tiempo. En un mejor estudio y con invitados. Gustavo Bergalli, el trompetista argentino, ver si puedo invitar a alguien de Estados Unidos, al “Bolsa” Amuedo, Hugo Fattoruso. Hacer un Confidence que sea más guitarrístico y de teclados, y que los vientos ocupen un lugar más de solista, que metan frases. Un disco de músicos virtuosos tocando la música que yo componga.

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