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¿Y si el voto no fuera obligatorio?

Un sacramento republicano que parece inamovible y que busca asegurar la legitimidad de una democracia en base a la cantidad de gente que vota

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16 de diciembre de 2013 a las 00:00

Michele Bachelet ganó las elecciones en Chile con cerca de un 60% de adhesión, pero el segundo tema de interés fue que el abstencionismo llegó al 60% en unas elecciones donde el voto no es obligatorio. En Uruguay da la sensación que la obligatoriedad del voto tiene un grado cercano a un mandamiento republicano y que por eso un cambio es una utopía. De hecho, entre votos blancos y anulados -que sería una forma de expresarse contra la obligatoriedad- apenas logran superar el 5% en las elecciones.

Según algunas visiones, que la gente vote poco afecta la legitimidad de la democracia. O sea, la calidad de la democracia depende de una cuestión cuantitativa, es decir, si van más, más legítima es, aunque en realidad esa conclusión tenga como base un recorte de la libertad: la decisión del ciudadano de ir o no a las urnas.

Quienes podrían impulsar una macha atrás en la obligatoriedad son obviamente los políticos, con lo cual las esperanzas de un movimiento en ese sentido son nulas.

Hay un nudito complicado de desatar. Los hombres que manejan las políticas públicas son los primeros responsables de un sistema educativo del que ya no vale la pena abundar, pero vamos a resumir en un concepto: es una máquina que genera ciudadanos incapaces de leer y entender un texto. O sea, para ellos los programas de gobierno, los discursos hilvanados y toda la cuestión electoral que conduce al reparto de poder, les pasa por el costado.

Pero no importa que voten lo que no entienden porque, como ya lo vimos, el valor de una democracia lo da la medición de si fueron 50% o 93% a votar. Cantidad.

Uno podría pensar que una forma de los políticos de autocriticarse, ponerse a prueba y, si se quiere, lacerarse ante tanta ineficiencia, fuese promover la eliminación de la obligatoriedad del voto y dejar su legitimidad (la suya, no la de la democracia como sistema, que se sigue basando en que el pueblo elige "libremente") en manos de los ciudadanos que ellos contribuyeron a formar.

No voy a entrar aquí en la teoría conspirativa de que las elites nos prefieren tontos porque somos más fácil de manejar.

En el terreno de la comunicación pasó algo del estilo. Durante décadas los dueños de los medios y los periodistas decían que ellos ejercían el uso de un derecho humano básico como es emitir y recibir información. En realidad, eso que se propalaba como un derecho compartido, era un derecho partido: solo los medios y los periodistas emitían información y el resto, el vulgo, se limitaba a recibirla.

La tecnología hizo realidad aquel mantra: ahora sí, cualquiera desde cualquier lugar se puede convertir en un medio y en un comunicador y no solo recibir sino también emitir información. Fue un gran paso hacia la iguladad de derechos y hacia la democratización. De la calidad, mejor no hablar.

Con la democracia es parecido. La Constitución dice que todos somos electores y elegibles, pero todos sabemos que los sólo electores son un montón y los que además de electores son elegibles, unos pocos. ¿Todos podemos llegar a ser elegibles? Sí, pero primero tenemos que entender que es lo que leemos y lo que vamos a decir (y no obsta que haya algún legislador que carezca de estas dotes). Y cada vez son más los que carecen de esa virtud, o sea, cada vez son más lo que tienen escasas chances de ser elegibles.

Si por la vía de los hechos tienen conclucado la mitad de ese acto que es el votar y poder ser votado, ¿por qué no pensar en también partir al medio la condición del acto de votar?: es un derecho pero no una obligación.

Después de todo, si uno quiere, puede hacer un acto de libertad individual y el día de las elecciones quedarse en su casa. No es gratis. Quizás conscientes de que están dando poco y pidiendo mucho al obligarle a la gente a tomar una decisión que quizás quiera evitar, los que mandan fijaron una pena para que quien viole tan tremendo sacramento de la religión republicana pague una multa: unos US$ 20.

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