The Sótano > OPINIÓN

¿Zero, diet, light, o ‘la tradicional’?

La Asociación Latinoamericana de Diabetes da su veredicto sobre los edulcorantes no calóricos

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15 de febrero de 2019 a las 05:00

Me escribe un lector para compartir una observación curiosa entre botellas. Fue a visitar a su hermano, quien vive en el estado de Nueva Jersey, a corta distancia de la ciudad de Nueva York, o NYC, como abrevian los locales. En varias ciudades de Nueva Jersey hay cantidad de uruguayos radicados –comparten un país portátil- habiendo la mayoría de ellos emigrado en las décadas de 1970 y 1980. 

Una vez hace mucho estuve en la ciudad de Elizabeth y conversé con compatriotas afincados ahí por décadas. Fue hace mucho, por lo tanto algunos de ellos deben haber fallecido. Pero los llevo en el recuerdo. Esa noche comí milanesa con papas fritas y huevo frito. Por un momento pensé que estaba en un boliche del barrio La Unión, después de haber ido a ver al querido e inolvidable Unión, único club de básquetbol que me ha despertado pasión. Pensé que estaba en la calle Pan de Azúcar, hasta que me di cuenta que la gente a mi alrededor hablaba inglés, incluso los uruguayos, que saludaban a sus vecinos diciendo “hi”. Claro, era Nueva Jersey.

Por ahí anduvo días atrás el lector que me escribió, no para contarme sobre el reencuentro con su hermano, algo que imagino debe haber sido muy lindo, porque la nostalgia lastima pero también trae recompensas. Escribió para contarme que hacía más de 30 años que no iba a Estados Unidos y que hubo una cosa que lo sorprendió mucho, entre las varias que lo sorprendieron de los cambios que hubo entre antes y ahora. De la infinidad de realidades que cambiaron, para bien y para mal en todo ese tiempo, hubo una que superó a las demás y que permaneció en la retina al lector, por eso las ganas de compartirla.

Resulta que al entrar a un enorme supermercado, que los hay, quedó sorprendido y desconcertado por la cantidad de productos Coca Cola y Pepsi Cola que tienen los estantes, sobre todo en la variedad de colas. Se necesita una góndola entera para poder contenerlos a todos. A unos les gusta la Pepsi, a otros la Coca. En eso los gustos son claros. La discusión comienza cuando las diferencias pasan a nivel de contenido o ausencia de azúcar.

Tanto la Pepsi como la Coca pueden presentar con argumentos provenientes de las fórmulas las diferencias entre los productos; entre la tradicional Coca-Cola (o Coke), y las demás: Diet Coke (llamada en algunas partes “light”),  Coca-Cola Zero Sugar, y Coca-Cola Life, que para hacer más creíble al adjetivo que acompaña a la marca, viene en lata verde, por eso de que el verde es el color de la vida. La Coca y la Pepsi cambian de sabor según el país donde las produzcan, y creo que en el país de origen tienen el peor sabor de todos, pero ese es tema para otro día.

Las informaciones que las empresas fabricantes de las colas mencionadas brindan sobre sus productos, y los reportes informativos que cada tanto presenta el periodismo al respecto, suelen generar dudas en los consumidores, entre los que me incluyo. A decir verdad, creo que la mayoría estaría de acuerdo en afirmar que el sabor de la Coca y la Pepsi originales es superior al de los demás productos similares, pero sin contenido de azúcar. Una vez un médico que se preocupaba mucho por mi salud me dijo que la Coca y la Pepsi son veneno para el organismo. Eso hasta ahora no ha impedido que me tome dos o tres latas por día. Cada vez que abro una me digo: “ahí va un año menos de vida”. Pero, bueno, los gustos hay que dárselos cuando uno todavía puede. Sin embargo, aun no he podido constatar que las consideradas colas diet o light sean más efectivas a la hora de intentar controlar el sobrepeso (palabras más diplomática que obesidad o gordura), el cual a cierta edad es un enemigo invisible pero de presencia ubicua.

A decir verdad, todos los sabores de colas son pasables y hasta disfrutables (si uno tiene sintonía con este tipo de bebida), aunque no sean comparables al sabor de la original. Por todo este tiempo, que ha sido mucho, he evitado la ingesta de colas fabricadas con edulcorantes, por creer que no tenían efecto alguno a la hora de combatir el sobrepeso. No obstante, quizá cambie de opinión luego de leer el informe “Consenso  de la Asociación Latinoamericana de Diabetes sobre uso de edulcorantes no calóricos en personas con diabetes”, realizado por investigadores universitarios de distintas partes de América Latina, entre otros el uruguayo Enzo Pereyra, de la Facultad de Medicina (UDELAR), y publicado en la Revista ALAD.

Basándose en “la evidencia clínica, que ha demostrado que los edulcorantes son seguros para el organismo”, los científicos “concluyeron que los edulcorantes no calóricos son útiles como herramientas coadyuvantes en el tratamiento o prevención de la obesidad cuando se consumen en sustitución de azúcares. Por lo tanto, es fundamental que su uso se acompañe de un plan de alimentación balanceada que limite el consumo de carbohidratos y energía, a fin de que los edulcorantes funcionen realmente como sustitutos”.

Los científicos destacaron “que los edulcorantes no calóricos no afectan al apetito ni la sensación de saciedad y, además, son seguros para niños y mujeres embarazadas”. Además, “las evaluaciones de los organismos internacionales han demostrado que [los edulcorantes no calóricos] pueden consumirse con tranquilidad en las diversas etapas de la vida e incluso enfatizan que en caso de niños con diabetes, obesidad o síndrome metabólico, pueden ser una gran alternativa para contrarrestar estos padecimientos”.

La información ha de ser de validez para quienes, como este cronista, se amparaban en el escepticismo y creían que la diferencia entre el azúcar y los edulcorantes era un timo de marketing de las compañías fabricantes de las bebidas mencionadas, para aumentar así sus ganancias y saturar los estantes de los supermercados con más lo mismo.

 

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