En estas horas todos los focos se dirigen a una Venezuela de muerte y dolor, pero no por un desastre provocado por la naturaleza, sino por la acción de un gobierno totalitario que tiñe de sangre al país. No es nada nuevo. La novedad en todo caso es que estamos ante una crisis desatada por un populismo de izquierda. Dejando a un lado el signo político, ya sabemos el final trágico de esta historia repetida mil veces en la región.
Actitud peligrosa
El caso judicial de corrupción contra el expresidente Lula da Silva puede hacer un daño profundo a la democracia brasileña