Antes de pegar el salto a la cienciología, una práctica difundida por varias estrellas de Hollywood, entre ellas Tom Cruise y John Travolta, el escritor, científico y militar L. Ron Hubbard había desarrollado una idea similar pero bastante menos rimbombante llamada Dianética. El corpus de la Dianética consistía en una serie de artículos científicos publicados por Hubbard a principios de los años 50 en Estados Unidos, en los que se explicaba que mediante la exploración de vidas pasadas se podía curar ciertas enfermedades, descubrir el origen de las enfermedades mentales, transformar a homosexuales en heterosexuales y, mediante un proceso muy similar al de la hipnosis, llegar incluso a “alcanzar la paz mundial”.
18 de febrero de 2013 17:46 hs
Hubbard es rebautizado aquí como Lancaster Dodd -encarnado por un magnífico Phillip Seymour Hoffman- y a partir de él la película retrata libremente la vida de Hubbard durante esos años. Sus intentos de difundir sus teorías presentadas como realidad científica basada en hechos y no en la fe, sus métodos a la hora de llevar adelante sus procesos e incluso su arresto por malversación de fondos, cuando fue acusado además por practicar medicina sin permiso. No es esta una biografía exacta ni tampoco pretende serlo, vale aclarar. Las teorías de Lancaster Dodd no son las mismas que las de Hubbard pero se le acercan mucho. Pero lo que más aleja a esta película del formato biopic habitual es su narrativa y su punto de vista.
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La película no es perfecta, es verdad. Le sobra fácil media hora, es demasiado pausada y por momentos muy discursiva. Pero Anderson dirige con muchísima elegancia, apoyado en una fotografía verdaderamente hermosa (a cargo de Mihai Malaimare Jr.) y una más que adecuada banda sonora. Y por encima de todo, está el trabajo de su elenco. Si lo de Hoffman es imponente es lo de Phoenix lo verdaderamente admirable.
La construcción de Freddie Quell debería de merecerle el premio Oscar al Mejor Actor al que está nominado (y que perderá de seguro a manos de Daniel Day Lewis). El Quell de Phoenix es un curso de actuación, en cada gesto, cada movimiento y cada palabra.
Al margen del resultado de esta película en particular, es bueno saber que dentro de la industria hollywoodense existe un autor como Paul Thomas Anderson, quien bajo sus reglas y sus condiciones continúa desarrollando una impronta personal (como con la estupenda Boogie Nights, la afamada Magnolia o la imponente Petróleo Sangriento). Películas como The Master sirven para recordar que hay otro Hollywood dentro de Hollywood.