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Alaska suma más de 580 mil suscriptores en YouTube

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Alaska, la joven uruguaya que cautiva hablando de fútbol a 1 millón de seguidores en TikTok y 580 mil en Youtube

Alaska tiene solo 20 años y dice que ya logró alcanzar la "vida que soñaba de chica"; el camino no le fue fácil y mucho menos tomar dimensión de la capacidad de llegada que tiene

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29 de marzo de 2022 a las 05:01

Se llama Gimena Sauchenco, pero a esta altura solo se da vuelta en la calle si la llaman Alaska. Con solo 20 años, es de las pocas mujeres en Uruguay que se animan a hacer videos hablando de fútbol y a compartir sus opiniones a través de la plataforma YouTube. Todo tiene una fundamentación detrás: su amor por la selección uruguaya.

Dice que muchos sueños ya los cumplió y que va por más, aunque la vida no para de sorprenderla. Hace solo dos semanas visitó el Estadio Santiago Bernabéu donde vivió una experiencia de primer nivel, cuando viajó para ver el partido entre Real Madrid y París Saint-Germain por los octavos de final de la Champions.

El camino de esta creadora de contenidos, quien tiene 1 millón de seguidores en TikTok y más de 580 mil en YouTube, no fue fácil: recibió bullying en el liceo, se frenó por comentarios de internautas que la cuestionaban y todavía le cuesta acostumbrarse a la vida "perfecta" y "hermosa" que pregonan algunos influencers. 

Piensa todo el tiempo en las Eliminatorias, en viajar al Mundial de Catar a fin de año, en tener en primera plana los últimos minutos de Luis Suárez y Edinson Cavani en cancha y en seguir teniendo reconocimiento por sus videos.

Esta es la historia de Alaska, y también un resumen de la conversación con Gimena, la persona que está detrás de la youtuber:

¿Cuál era tu sueño de chica?

Siempre me pasó que tuve un cuelgue con lo artístico. Después, cuando fui creciendo, sentí que tenía un potencial que lo podía explotar al máximo: eso tenía que ver con darme a conocer, mostrar lo que yo era y transmitir un mensaje. Justo mi adolescencia fue en una época donde las redes explotaron -ya estaba YouTube, Facebook e Instagram- y me di cuenta que no era tan difícil tener un espacio. Antes capaz que tenías que ser super talentoso, actuar muy bien o bailar para llegar a un medio tradicional y ahora lo tenés a tu alcance. No importa lo que hagas, lo podés mostrar.

¿Soñabas con salir en televisión, por ejemplo?

Sí. Cuando era chica quería salir en la tele porque era lo que consumía. Cuando fui siendo más grande, me di cuenta que no quería una vida tradicional -el "trabajito" de ocho horas de oficina e irme de vacaciones una vez al año-. Me di cuenta que esa rutina no era para mí y que me iba a agobiar. Lo mío iba por muchos otros lados.

Viviste y te criaste toda tu vida en La Teja, ¿qué recuerdos tenés de tu infancia?

Me acuerdo que siempre iba al (Estadio Abraham) Paladino. Progreso es un cuadro muy de barrio y eso es muy lindo. De ahí también tengo muy instalado lo futbolero.

¿Tu interés por el fútbol surge de ahí?

No, fue por (el Mundial de) Sudáfrica 2010. Eso me marcó a fuego. Me acuerdo de ir al Paladino, pero no me importaba el partido. Lo de Sudáfrica fueron mis primeros momentos fuertes de estar viendo un partido. Tenía 8, 9 años y lloraba. La mano de (Luis) Suárez, después ir a festejar, la Copa América 2011. Para mí todos los que crecimos en esa generación tenemos un amor ahí. Por eso me pasa tanto con la selección. Yo veo niños ahora y capaz que no les importa tanto, pero para mí desde Sudáfrica hasta ahora cuando juega la selección es un día sagrado. 

Sos de una generación que se crió entre computadoras y celulares. Aparecieron los Julián Serrano, Germán Garmendia, y el concepto de ser youtuber se empezó a popularizar. ¿Cuando estabas en el liceo ya te imaginabas dedicándote a esto?

Yo los miraba y decía: "¡Pah, qué demás!". Pero pensaba que era alcanzable. Ahí tenía el miedo del qué dirán y, además, acá (en Uruguay) recién estaban surgiendo los primeros youtubers.

¿Y cuándo empezaste a grabar los primeros videos?

Creo que tenía 14 y ya hacía videos. Los hacía cocinando o haciendo cualquier cosa y me lo relataba. Los editaba, practicaba un montón, pero no los subía. La mayoría de los que subí ya están borrados (risas). Empecé así: un día dije "bueno, esto en serio me gusta y voy a intentar y ver qué pasa". 

¿Con qué los grababas?

Cumplí 15 y no hice fiesta; me parecía una pelotudez. Un viaje tampoco me lo podían pagar. Entonces, quería tres cosas: tirarme en paracaídas, porque me parecía que estaba demás y lo hice; una guitarra; o una cámara, porque quería empezar en YouTube. Una prima de mi madre que está re metida con la fotografía, que no vive acá y justo venía para Uruguay, tenía una cámara para vender. Se la compré con los ahorros de mis 15. Nosotros en casa teníamos la típica (cámara) de fotos, pero yo ya quería algo más pro, porque decía: "Esto no es un hobbie que se me va a pasar; esto es en serio".

Así llegaste al nombre de Alaska.

Sí, y siempre digo que tengo que inventar una historia para que cuando me lo pregunten la gente diga: "¡Wow, era por esto!". Cuando me di cuenta, ya era muy tarde para cambiarlo y ahora la gente cree que me llamo así. Es más, si en la calle alguien me dice Gime me quedo pensando de dónde conozco a la persona, porque es más personal.

¿Alaska es un personaje?

Es 100% real y potencia todo lo mejor de mí. Siento que para mantenerte en las redes tantos años siempre tenés que ir mutando tu contenido, nunca es algo que pueda estar estático. Yo antes era muy de prender la cámara y ponerme a hablar de lo que pintaba, de la vida. Eso estaba demás, pero una parte de mí también amaba el fútbol, entonces un día hice un video viendo un partido de Uruguay y la gente lo amó. Y capaz que a uno de esos les va mucho mejor que 10 minutos hablando de la vida. Creo que nunca cambiaría o forzaría algo que no me nace. Yo me siento a ver un partido porque lo disfruto y por eso la gente ve el video y dice "¡pah, qué divertido!" o "¡qué genuino!". Nunca haría algo por decir "ah, esto lo hago porque me va a dar visitas".

Su otra red social fuerte es Instagram, con más de 285 mil seguidores

¿Sufriste bullying?

Creo que lo bueno es que tengo mucha determinación y cuando se me mete algo en la cabeza, y lo pienso, pasa. Yo estaba segura de que esto me gustaba y esa certeza me hizo bancármelo de una forma que no me afectó tanto. Pero fue un proceso. Todo el mundo me hacía comentarios. Me acuerdo que lo peor que me podían decir en ese entonces era: "Vi un video tuyo". Yo me quería morir. Me ponía nerviosa, me daba ansiedad, crisis y no era nada malo, pero tenía eso de pensar: "Lo vio, seguro no le gustó y me va a decir algo malo". Fue así durante un montón de tiempo, hasta que cuando me empezó a ir bien la gente cambió.

En varias entrevistas has dicho que no te sentís identificada con la palabra influencer. Sin embargo, te definas como infuencer, creadora de contenido o simplemente youtuber, tenés números que lo avalan. ¿Cuándo tomaste dimensión de tu capacidad de llegada?

Las primeras veces que me conocían en la calle me parecía una demencia, pero todavía no llegaba a entender la dimensión. El día que lo entendí fue cuando hice una juntada en 2019, que no lo podía creer (más de 700 personas la acompañaron a una reunión en la rambla de Kibón). Uno en las redes veía estadísticas, números y sabía que la gente estaba ahí. Pero tenerla enfrente y ver esa intensidad de cómo lo vivían y que un montón fueron a un lugar por uno, y no por otra razón, me hizo parar a pensar y darme cuenta de que tengo una llegada enorme, que tengo que usarla bien y con responsabilidad para dar un mensaje que esté bueno.

¿Te sentís ajena a la superficialidad que nos exigen las redes?

Quizás es un poco prejuicioso, pero siento que hay un concepto del influencer que tiene plata, es cheto y vos ves y tiene la vida perfecta, una casa hermosa. A mí me pasaba a veces de tener que grabar videos en mi casa y que a mi cocina le faltara un azulejo, mi techo tuviera humedad porque se llueve o cosas así. Y yo decía: "Bueno, pará: ¿cómo pongo la cámara para que esto no se vea y quede un buen ángulo?". Ahora ya está, me importa tres carajos y me cago de la risa. Creo que la gente también me sigue porque muestro ese lado más real y no busco construir una imagen en base a algo que no soy.

Parece haber una puja entre el mercado que te exige ser constante y al mismo tiempo creativo.

Las redes te exigen una creatividad que no va acorde a la productividad del ser humano. Uno puede ser creativo porque le sale naturalmente, pero no podés forzar y decir "esta semana tengo que hacer un gran video". Eso hace que a veces hayan ideas que están demás, porque te surgieron y dijiste "pah, es por acá", pero a veces no. Y ahí aparece la presión de que está terminando la semana y tenés que subir algo. Ahora, sinceramente, si tengo que pasar un mes sin subir nada, prefiero no subir y que cuando lo haga sea un video que me encante. Siento que ese nivel de productividad y creatividad que, capaz, uno tendría que tener para ser constante todo el tiempo, termina descuidando el contenido que subís.

¿Estás muy pendiente de las visitas? 

Creo que es algo que viene contigo. Yo subo un video y cuando agarro el celular y entro a Instagram, miro a ver cómo le está yendo. Capaz que antes, cuando empecé, a un video le iba mal y yo decía: "Ay no, ¡qué horror! No sirvo para esto". Ahora ya asumo que hay videos a los que les va mejor y a otros peor. Si a alguno le va mal, analizo por qué, pero no me lo tomo tan así. Pero sí, me fijo, obvio. El que te diga que no lo hace miente, porque te tenés que fijar.

También es muy popular en TikTok, donde tiene un millón de seguidores

Hace dos semanas que viajaste a España para ver el partido de Champions League entre Real Madrid y París Saint-Germain. ¿Cómo se te dio esa oportunidad?

Fue por medio de Gloria, una app de fútbol. Me invitaron a vivir esa experiencia, a ver el partido y fue el sueño de cualquier futbolero. Ellos tienen una visión re inclusiva, por ejemplo, sobre la mujer en el deporte, que sigue siendo un ámbito donde falta un montón de inclusión. Ser mujer y hablar de fútbol en las redes es un camino que me costó construir. 

¿Te has sentido discriminada por opinar de fútbol siendo mujer?

Hoy en día ya tengo mi lugar y sé que lo puedo hacer sin ningún problema porque tengo el respaldo de la gente que me sigue. Pero sí, me pasaba que alguien que no me conocía veía lo que hacía y el primer comentario sin saber qué opinaba era: "Ay, no podés hablar de fútbol; sos mujer". Me pasaba al principio, en los primeros videos que hacía de fútbol, que quería dar una opinión táctica y me costaba. Era más cuidadosa con eso, pero ahora ya no.

¿Qué tanto te importan los comentarios negativos? 

No hay forma de que vos te dediques a esto si le das trascendencia a lo que opina la gente. Porque vivirías estresado y porque cada vez que hacés algo estarías pensando en qué decir. Entonces, tenés que sacarte ese filtro. Obviamente a veces leo cosas y digo "qué horrible", pero también pongo el balance y es mucho más lo positivo y lo que la gente banca lo que hago. Por algo me va bien, supongo, y por algo a la gente le gusta. Capaz el problema lo tienen los que gastan su tiempo poniéndose a criticar a una persona en una red social. A mí ni se me ocurriría.

"Logré construir esa vida que soñaba de chica", reconoció

¿Te interesa la política? 

Me interesa en mi vida personal, obviamente, porque soy una persona que tengo mi ideología y mis intereses. Pero no lo volcaría a lo que hago o a mi trabajo. Lo sé separar muy bien, y me parece recontra importante. 

¿Y con la marcha del 8M te sentís identificada?

No me posiciono de ningún lado: ni de ser radical ni de ir por tal grupo. Yo voy con mis amigas porque nos pinta y porque el movimiento global nos representa. Pero no por algo puntual. ¿Viste cuando empiezan con esos detallecitos de si hacés tal cosa está mal? Yo no me fijo en eso. Voy porque me gusta, porque siento que está bueno, porque es un día importante, histórico. No le doy tanta importancia a otras cuestiones y no creo que una marcha como el 8M se pueda politizar.

¿Qué es lo mejor y peor de ser Alaska hoy?

Todo es lo mejor. Yo siento que ser Alaska me ayudó a potenciar muchas cosas de mi personalidad. Después, es un trabajo que me permite vivir cosas que se asemejan a lo que yo siempre esperé de mi vida. No trabajo ocho horas, soy “mi propia jefa”, tengo ese balance de que si quiero irme de viaje lo puedo hacer y trabajo con marcas que me permiten eso. Logré construir esa vida que soñaba de chica.

¿Y con qué soñas ahora?

Si le tengo que dar un consejo a alguien es que vivan una vida donde todo el tiempo tengan que pensar sueños nuevos. A nivel profesional, (sueño con) mantenerme, seguir vigente, poder seguir haciendo contenido que me guste y sentirme cómoda. Nunca llegar al punto de decir: "Uy, tengo que grabar un video". Siento que cuando pase eso ya no será más por ahí y tendrá que ser otra cosa. Después, si Uruguay clasifica al Mundial (de Catar 2022), quiero ir. No hay chance. Siento que no me puedo perder el último de Suárez y Cavani.

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