2 de septiembre de 2011 17:22 hs

Es difícil expresar en una onomatopeya el sonido de una botella al descorcharse. “¡Splok!”, podría ser una posibilidad, aunque las letras no puedan darle los toques sonoros de la realidad. El brazo se flexiona, el codo toma impulso y el puño cerrado presiona hacia fuera con el sacarcorchos. El sonido es rápido y dura menos de un segundo: ¡splok!

Pero a pesar de su brevedad y de su mero sentido utilitario (lo importante es el contenido, piensa el sediento), detrás de ese descorche hay una gran historia.

De diez botellas que se descorchan en el mundo, unas siete usan corchos de origen portugués. El país lusitano es el principal productor del globo y la corteza para fabricar los corchos que producen sus alcornocales se utiliza desde la época de los romanos. “Usaban nuestro corcho para tapar sus ánforas de vino”, explica a El Observador Carlos De Jesús, director de comunicación corporativa de Grupo Amorim, conglomerado de empresas portuguesas líder mundial en la producción.

El corcho tiene varias virtudes irrefutables: es un producto natural no contaminante, los alcornocales ayudan a detener la desertización del norte del Mediterráneo, es una fuente laboral genuina en los países productores. “Cumplimos cabalmente con el triángulo entre desarrollo sustentable, desarrollo social y la ecuación económica”, resume De Jesús.

Pero el corcho se enfrenta a algunas dificultades intrínsecas a su propia naturaleza. Por ejemplo, el tiempo que demora en crecer la corteza del alcornoque. De arranque hay que esperar a que el árbol tenga una edad de 25 años para comenzar a cosechar el corcho. Luego de la primera cosecha, debe esperarse nueve años para la segunda.

La corteza de la primera cosecha no se puede usar para corcho, pero es muy demandada por la industria del calzado como suelas y plataformas para sandalias.

Por supuesto que las empresas tienen un sistema de rotación de bosques que les permite tener corcho todos los años, pero una cosecha puede variar mucho de la siguiente. “Aquí no es como el vino, donde influye mucho el terroir. Un árbol puede dar un corcho excelente y el de al lado dar uno muy malo”, dice De Jesús.

Y el corcho se vende todo, el bueno y el malo, con la variación de precio correspondiente.

El corcho malo es más poroso y deja pasar oxígeno, lo que afecta el sabor del vino.

“El corcho sella el trabajo de años. Es el puntillazo final del arduo proceso de crear un buen vino”, afirma Enrique Varela Arocena, enólogo resposanble de la bodega Varela Zarranz. “La elección incorrecta de un corcho puede echar a perder una partida de vinos”, agrega.

Desde hace una década aproximadamente que se está desarrollando en el mundo del vino una dura comptencia entre el corcho y los tapones fabricados con derivados del petróleo, como el plástico y otras resinas.

Hoy es común encontrar en supermercados y tiendas de licores muchos vinos con tapa rosca, llamada internacionalmente screw cap. Esto sucede sobre todo en vinos blancos y rosados.

“El mundo y la tecnología descubren materiales mejores que el corcho”, dice Varela, quien además de usar tapa rosca importa corchos de Portugal, de Italia, España y Marruecos, porque cree que hay vinos que van mejor con el derivado del alcornoque.

La tapa rosca avanza despacio pero persistente, sobre todo en los países anglosajones. “Los latinos somos más tradicionalistas y pasionales. Acá a la gente le gusta descorchar, sentir el ruido. Mira con desconfianza a la tapa rosca, que deja al vino en un perfecto hermetismo”, dice Eduardo Lanza, sommelier columnista de El Observador.

“En Nueva Zelanda, Australia, Sudáfrica y varios puntos de Estados Unidos, las bodegas han cambiado a la tapa rosca”, agrega Lanza en un proceso que considera lento pero constante aunque De Jesús oponga cifras.

Hay quienes dicen que la tapa rosca produce todas las unidades que el mercado precisa, mientras que el corcho depende de la variación de las cosechas.

El representante portugués defiende al corcho. “¿Hay alguna duda de que alguien va a preferir ingerir un vino con corcho que un vino con tapón de plástico?”, pregunta.

Esta es la guerra (o en todo caso con el ruido de fondo de descorches y tapas que se abren más silenciosas) que se desarrolla hoy en el mercado de tapar botellas de vinos.

Del bosque al pico
Luego que los monteadores quitan la corteza, que llega a una planta donde se cuece y se aglomera hasta que se forma una plancha y estas se perforan en la típica forma cilíndrica que conocemos.

En el caso de la bodega Varela Zarranz, los corchos llegan a Uruguay desde Europa vía Argentina, donde se realiza previamente el marcado con tinta y el siliconado. Viene empaquetado en bolsas de mil tapones, con un proceso de ascepcia.

Los precios dependen de su calidad. El corcho aglomerado –fabricado con una pasta de corcho y después puesto en molde– cuesta US$ 130 el millar. En el caso del corcho “natural”, o sea trozos enteros, los mil tapones cuestan US$ 280.

“Para un vino de unos $150 el costo del tapón es de unos $ 7”, explica Varela.

El caso de la bodega Varela Zarranz puede ser un buen ejemplo de lo que sucede hoy en todo el mundo.

Importa entre 10 mil y 15 mil corchos al año para vinos finos, básicamente tintos, mientras que para blancos y rosados utiliza tapa rosca.

“Los tintos son más resistentes, incluso a veces les hace bien la presencia del corcho. Pero para vinos más delicados y sensibles es mejor la tapa rosca. No es por ahorro, sino por un tema de calidad. El corcho era masivo en todo el vino. De a poco se va transformando en un elemento más”, arguye el bodeguero.

Cada uno defiende sus negocios y sus criterios. Desde los fundamentalistas del corcho hasta los más pragmáticos la discusión sobre cómo cerrar una botella de vino seguirá vigente por los próximos años en el mundo del vino, donde todo hay que medirlo en décadas.

“En el mismísimo Burdeos, la meca del vino, desde hace algunos años se realizan pruebas con tapa rosca para investigar lo que sucede con el vino. Los resultados estárán en unos 15 años”, explica Lanza.

Por su lado, los portugueses han avanzado mucho en la investigación de las propiedades del corcho, y están embarcados en plena batalla por la competencia.


Por las dudas, el viejo y tradidicional corcho se diversifica. Aparte del calzado, la corteza de alcornoque ha penetrado en la industria aeroespacial, que utiliza este material para los cerramientos de las compuertas de las naves y los satélites.

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