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Argentina no tiene presente; ¿tendrá futuro?

El drama que vive y ha vivido el país vecino no es ninguna novedad y su origen tampoco es desconocido, sin embargo, la pregunta es si de cara a los próximo años los argentinos podrán resurgir 

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18 de agosto de 2019 a las 05:00

Un amigo argentino me contaba esta semana posPASO lo que le ocurrió cuando llevó su auto al taller. Tenía un problema con los amortiguadores y pensaba hacer un viaje largo. En el taller le aseguraron que no era necesario cambiarlos aunque sí algunas piezas de los mismos. Cuando solicitó el cambio, le dijeron que no podían hacerlo ya que no tenían precios de reposición. Es decir, preferían no arriesgar en el manejo de su stock ante tanta incertidumbre en la evolución de los precios, que suelen danzar con el dólar. Ergo, el taller estaba parado y como el taller al que acudió mi amigo una cantidad de negocios que no querían ni comprar ni vender por no saber cuáles serían los precios de reposición. 

En buena letra, la economía argentina está parada desde el pasado domingo 11 a las 22.30 cuando el gobierno decidió dar a conocer los datos de la gran victoria de la fórmula Fernandez-Fernandez o, dicho de otro modo, su gran derrota. 

A partir de allí la economía argentina se detuvo mientras el dólar se disparaba, el mercado bursátil se desplomaba y el riesgo país –el riesgo de default- llegaba a niveles donde lo que estaba anunciando era el propio default. Por lo demás, en los días siguientes, el presidente Macri comenzó a tomar medidas, llamémoslas de “corte popular”, como congelar precios, rebajar impuestos a las Ganancias y el IVA a la canasta básica, sin bajar ningún gasto. En definitiva, se desprendió, en los hechos, del programa de ajuste con el FMI. Gane quien gane en octubre deberá renegociar todo porque el FMI es el principal acreedor de Argentina y al Fondo Monetario Internacional nadie le hace default. Este programa fue el fracaso de Macri, de Lagarde (que logró ubicarse a tiempo en el Banco Central Europeo) y el de una sociedad que permanentemente pretende vivir por encima de sus posibilidades ya sea con endeudamiento, con energía regalada, con emisión monetaria o con expropiación de jubilaciones y empresas como hizo Cristina Kirchner.

Sea como sea, hoy por la economía argentina está parada. Y Argentina no tiene presente. Está flotando en el vacío entre un presidente que perdió legitimidad y un candidato que obtuvo legitimidad pero no tiene poder porque ganó una elección primaria, y aunque tenga todo el viento a favor todavía no ganó. Y si gana, no se sabe por cuánto o cómo quedan las fuerzas electorales. 

Eso sí, se sabe que la cuenta del derroche económico que dejó Cristina sin pagar no la pudo pagar Macri. Primero por no hacerla visible el primer día de gestión. Y luego por implementar mal el plan de ajuste. Pero ante la gente, la culpa no es de Cristina sino de Macri. Culpa de Macri por pensar que podía navegar sin decir la verdad de que el barco estaba seriamente averiado y que la fiesta había sido demasiado rumbosa y que la cuenta estaba a la vuelta de la esquina. Era no acabar con el realismo mágico, donde el “hada Cristina” podía distribuir bienestar a todos los habitantes de su reino y lamentablemente por los poderes fácticos –Estados Unidos, los medios de comunicación, la Justicia no subordinada al Poder Ejecutivo, etc.- fue sustituida por el “brujo Macri” que solo trajo desdichas sin fin.

El drama de Argentina no es nuevo ni de origen desconocido. Ni siquiera es obra de Macri aunque este haya gobernado con torpeza. Es un profundo mal, incrustado en la sociedad donde se privilegia el no cumplir las normas, el pasarse de vivo, el trabajar poco y vivir bien. Donde las instituciones republicanas parecen ser un objeto decorativo y no algo real que rige la vida en sociedad.

Los mercados reaccionan no porque sean fríos, insensibles a las necesidades de la gente e irracionales sino precisamente porque ven venir una reedición del populismo económico de Cristina –cepo cambiario, control de importaciones, altos impuestos a la producción, etc.- más su desprecio institucional –pacto con Irán, apoyo a Chávez y Maduro, alta corrupción propia y de allegados, desprecio a la Justicia independiente y a la libertad de expresión-. 

Que Alberto Fernández no es Cristina nadie lo duda. Basta entrar a Google y recoger sus declaraciones de 2015. Pero, ¿qué gobierno dará? ¿Cristina 2.0 o algo más matizado? 

¿Tendrá Argentina futuro? Según el Financial Times, “si Argentina quiere romper su triste ciclo de populismo seguido de austeridad, seguido de más populismo, necesita urgentemente un consenso nacional sobre una política económica sostenible a largo plazo”. 

Pero ello no basta. Lo explicaba muy bien esta semana Mario Šilar, investigador del Instituto Acton: “Independientemente de la orientación ideológica (del gobierno), sin bases morales para una sociedad de ciudadanos virtuosos, libres e iguales, sin un estado de derecho sólido, sin respeto a las libertades individuales, a la propiedad privada, a la división del poder, a  la independencia del poder judicial, a la alternancia democrática y pacífica del poder, no habrá prosperidad sostenible y genuina en la Argentina… solo fuegos de artificio y narcóticos, más o menos durables… pero tarde o temprano, descartables”. 

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